Samurai de la noticia

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Arena Negra, de Odette Magnet. Editorial Plaza&Janés, Santiago, 301 páginas.

Las dictaduras suelen cambiar la vida de las personas de una manera con frecuencia dolorosa e irreversible. A Odette Magnet, la del general Pinochet le cambió el destino y las olas por las que navegó su vida la llevaron por caminos y experiencias que estaban fuera de su horizonte al amanecer de su juventud. Reportera al fin, y con un aventajado plus de editora, aprendió a convertir el limón en limonada. Pieza a pieza, asimiló sus experiencias y construyó ¨Arena Negra¨, novela que tiempo atrás presentó en Santiago antes de venir a La Paz, donde es Secretaria de Prensa y Cultura del Consulado General de Chile desde 2014. Empresas editoras bolivianas negocian la publicación de la obra que este año debería estar en las vitrinas y casi con certeza en la Feria del Libro de Santa Cruz.

Pudo haber utilizado más los bloques de experiencia de una dictadura, cuya incubación, alumbramiento y desarrollo vivió y temió, incapaz de hacer nada ante el monstruo que cobraba vida en el seno de la sociedad chilena. Como muchos miles de otros compatriotas soportó la mordaza que se colocó a su país, y como periodista aguantó el caminar interminable de puntillas en las redacciones a lo largo de 17 años de dictadura.  En ese ambiente celebró la reinstauración democrática cuando el general perdió el referéndum con el que intentaba prorrogarse y Chile volvió a vivir en una geografía en la que se respeta la ley y sus administradores se mantienen en la legalidad.

¨Chilena a mucha honra pero latinoamericana de corazón¨, con el bagaje que acumuló, inclusive 10 años en la difundida revista Hoy de oposición al régimen militar, podía haber recurrido a la narración tradicional y tener éxito, pues el mundo aún está ansioso de leer sobre la vida bajo dictaduras abiertas o enmascaradas. Prefirió una forma más compleja e ingresó a un mundo en que la protagonista Maite Aguirre cuenta gran parte de su historia a través de soliloquios vívidos, desde los días felices de su infancia disfrutando de las almejas de las arenas negras de la costa hasta sus amores con un personaje de la política mexicana, candidato presidencial, y un hacendado vitivinícola ítalo-americano.

Todo ocurre dentro de una salsa en la que la protagonista excava profundidades de su alma y la de sus interlocutores, en diálogos extensos y detallados pero nada barrocos. Sus personajes dialogan con ella y con sí mismos en una introspección exquisita que explota las posibilidades narrativas y revela rincones difíciles de registrar en una narración convencional. Con ese estilo, se la siente caminar en plena libertad. Un lenguaje envolvente y preciso (¨yo no soy paciente, por eso soy periodista…samurai de la noticia¨) conquista al lector, que se aferra a la novela hasta el párrafo final, cuando emprende el retorno a casa pues ¨llegó la hora¨.

Las descripciones son exhaustivas y a menudo con una imaginación de rasgos poéticos y misteriosos. En el cementerio de Arlington, ¨durante horas acompañaba  a los muertos, esos amigos y cómplices…colocaba mis manos sobre una lápida cualquiera, cerraba los ojos y me inclinaba hasta que mi mejilla rozaba la piedra blanca. Quieta, sin respirar siquiera, empezaba a escuchar las voces de los soldados, de aquellos hombres ahogados en la soledad y el olvido¨.

Todo periodista ambiciona estar en algún momento de su vida en el lugar justo a la hora precisa. Odette Magnet estaba en Washington D.C. cuando ocurrieron los ataques del 11 de septiembre, desde donde se desplazó a Nueva York con el equipo de TV a su cargo en busca de ángulos para mostrar a su audiencia la magnitud humana y política de esa hecatombe.  Cuando vivió la misma fecha en 1973 se sintió, al decir de la protagonista, ¨empujada a un túnel, sin aviso sin poder asomar ni la cabeza ni los pies hasta 17 años más tarde¨.

Cuando se desplaza hacia el vino, un tópico favorito para la mayoría de sus compatriotas, la protagonista aborda el tema con familiaridad agradable y sin complejos. Los soliloquios pudieron ser más breves, pero se los pasa con el mismo gusto de un tinto profundo y abundante.

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