La fuerza de Aletheia

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En una operación judicial de amplio impacto político, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue llevado a la fuerza ante un juez el viernes para que aclare sospechas de enriquecimiento dentro de las denuncias de fraudes multi billonarios que conmueven al país más grande del continente.  Después de declarar durante más de tres horas, fue llevado de vuelta a su domicilio donde centenares de militantes lo desagraviaron al grito de ¨Lula guerrero, del pueblo brasilero¨.

De 70 años cumplidos en octubre, el ex presidente ganó la vuelta en momentos en que el tañido de las campanas también llegaba a la presidenta Dilma Rousseff, a cargo del Ministerio de Energía y Minas cuando, bajo Lula, ocurrieron los primeros desmanes en Petrobras, la bandera industrial brasileña que estaba bajo su responsabilidad. De allí, dicen los investigadores, partieron torrentes financieros que apoyaron la campaña de la presidente por la reelección en 2014.

La borrasca no ha amainado pues citadas para declarar están decenas de personas, entre ellas parientes directos del ex presidente. Quiere decir que la gran pelea está todavía en desarrollo.

Lo que sucede a nuestro lado es parte de una crisis sin precedentes en un cuarto de siglo en Brasil. Fernando Collor de Mello fue apartado de la presidencia en 1992, bajo una lluvia de acusaciones de corrupción. Una línea por la que se filtraron las acusaciones fue el tráfico de influencias.

El sacudón puede ser un timbre de alerta para los regímenes populistas latinoamericanos donde más les lastima: la honestidad.  El ex soldador mecánico de la periferia de Sao Paulo fue un campeón que movió a multitudes a las que arengó para no tener miedo de ser felices pues otro mundo mejor que el que les había tocado vivir era posible. Ese mundo puede no estar tan distante para millones que salieron de la pobreza extrema bajo su gobierno (2003-2011), pero hay muchos más que aguardan ansiosos su pedazo del pastel de la mayor economía de la región, ahora atribulada por la recesión y el desempleo. Y les causa desagrado que les digan que hay quienes se enriquecieron con el discurso de combate a la pobreza y la exclusión.

Al igual que otros líderes latinoamericanos, Lula tuvo la fortuna llegar al gobierno en medio de la mayor bonanza mundial de precios para las materias primas, ahora en reversión aguda.

Apoyados o bajo su influjo, se afirmaron los regímenes de Hugo Chávez (+), Cristina Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Daniel Ortega (Nicaragua), algunas islas del Caribe, incluso Cuba, con la que Brasil cerró millonarios negocios. Chile, arropado en una izquierda moderada y moderna, se deslizó por un curso autónomo. Hubo momentos en que todo el continente, a excepción de Colombia, vestía de rojo o de rosado.

Una pesadilla para los gobiernos populistas, de derecha o de izquierda, es alejarse del poder por la voluntad popular que aseguran representar. En Argentina, los peronistas de Cristina Kirchner salieron del gobierno por elecciones hace tres meses; en Bolivia el presidente Morales sufrió el revés plebiscitario del 21 de febrero; en Ecuador, Rafael Correa decidió apartarse de las carreras electorales; en Venezuela, Nicolás Maduro yace en terapia intensiva tras  perder las elecciones legislativas de diciembre; y Cuba, la progenitora de todos ellos, avanza rauda hacia un relacionamiento normal con Estados Unidos. Desde la caída del Muro de Berlín, el mundo no presenciaba un dominó de esta escala.

Tras meses de investigación, la Policía Federal brasileña decidió que tenía indicios suficientes para interrogar a Lula y a parte de su familia. Su retorno puede haber hecho madurar la idea que flota entre dirigentes de su partido, el de los Trabajadores (PT), que él fundó: candidatear de nuevo cuando expire el mandato de la actual presidente. ¨Volveremos a las calles¨, dijo a quienes lo recibieron de vuelta en su casa de San Bernardo do Campo.

El episodio del viernes parece solo una parada de un extenso recorrido al que se le asignó un nombre: Operación Aletheia, la palabra griega para la verdad. Para gran parte del público es más común el nombre de ¨lava-jato¨, lavar a chorro, que describiría con más propiedad los millones de dólares que los investigadores dicen que resultaron de los manejos ilegales de recursos de Petrobras.

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