El avispero

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En gira por Europa, el presidente Evo Morales fue a Irlanda en busca de una relación más sólida entre Bolivia y el país con el que el vínculo más notorio es un acto cruel y mortal resultado de una operación que el mandatario autorizó hace más de seis años. Las áreas sobre las que esa relación podría crecer son las inversiones irlandesas en Bolivia, que en los últimos tiempos mostraron potencial con el ramo de las bebidas.
En una reunión privada durante su estadía en Dublín la semana pasada, el presidente anunció que la COCABLUE, un licor en base a hoja de coca producido por Babco Europe Limited, nuevo nombre entre las inversiones en Bolivia, será la bebida oficial del Palacio de Gobierno. La noticia la dio la propia compañía en su sitio de internet. Los que asistan a reuniones en el palacio ya conocen por anticipado parte del menú.
El presidente dejó bases para la cooperación irlandesa hacia Bolivia en educación y lechería. Fuera de esas áreas, quedó en la bruma una explicación sobre razones más trascendentes para llegar hasta esas remotas latitudes en gestiones para las que sería discutible la presencia de la máxima autoridad boliviana.
De inmediato saltó una: intentar rutas para resolver la cuestión que condiciona las relaciones bilaterales y que es una piedra afilada en el zapato boliviano para sus relaciones con toda la Unión Europea: la muerte del irlandés Michael Dwyer en los hechos aún oscuros de la invasión policial al Hotel Las Américas de Santa Cruz. Sin un esclarecimiento convincente del caso, es difícil vaticinar relaciones normales con el bloque europeo.
El Ministro de Relaciones Exteriores Charles Flanagan se reunió con el presidente Morales. El funcionario había dicho que plantearía en el encuentro la cuestión que irrita a los irlandeses. No estaba claro si ese planteamiento directo ocurrió, pero el canciller David Choquehuanca dijo después que Bolivia era la más interesada en esclarecer el caso y concordó con una investigación internacional imparcial. En su despacho yace desde hace años el informe de la forense oficial irlandesa, Marie Cassidy, sobre la muerte del joven Dwyer: un disparo al pecho que le partió el corazón. ¨Sigue ahí¨, dijo el abogado defensor Gary Prado Araúz, al hablar de ese documento.
El informe irlandés contradice la versión oficial de los forenses bolivianos, que dictaminaron que Dwyer había muerto de un ¨shock hipovolémico¨ causado por los balazos que recibió durante la incursión policial. La versión irlandesa dice que lo mató aquel balazo desde corta distancia, cuando se encontraba sentado o yacía recostado en su cama del hotel Las Américas. Un libro que publiqué en 2011, bajo auspicios de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), menciona éste y otros episodios.
La visita presidencial a Irlanda ha reavivado el caso y sus implicaciones. El anuncio de una eventual investigación internacional surge como un tropiezo más para el Juicio del Siglo que se suma a los temas que el tribunal que preside el juez Sixto Fernández tendría al reanudarse las audiencias a partir de este lunes. No lo ha repetido en Bolivia, pero no es cosa menor que el canciller hubiera dado a entender a la madre y la hermana de Michael Dwyer que el gobierno está de acuerdo con una investigación internacional. El juicio recibiría un golpe mayúsculo si un elemento esencial es investigado pues renovaría las dudas sobre la versión oficial del suceso del 16 de abril de 2009 en Santa Cruz, que sostiene que la policía fue atacada y que ésta se defendió.
El reclamo por una investigación internacional sobre la muerte del irlandés no es nuevo. Irlanda y Hungría la pidieron en 2009 y el canciller Choquehuanca la mencionó. Pero la posibilidad quedó cerrada cuando el presidente Morales se irritó ante el planteamiento europeo y dijo que era capaz de procesar a esos países por la venida a Bolivia de ciudadanos a los que el gobierno atribuía intenciones criminales.
Las señoras Dwyer estuvieron en Bolivia el año pasado sin lograr mayores esclarecimientos. En la visita a Irlanda, el canciller les entregó las declaraciones de dos inculpados sobrevivientes del suceso que admitieron culpa y recibieron sentencia en juicios abreviados tras más de cinco años de prisión. Al llegar a Hungría, su tierra natal, uno de ellos negó la acusación que lo condenó.
El segmento irlandés de la gira presidencial ha agitado un avispero cuya magnitud pareció desdeñada. Los fantasmas del Hotel Las Américas despertaron azuzados por el viaje a Irlanda y contener la presión por una investigación internacional luce más difícil.

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