Francisco y Julio

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De aquí a pocos días  Bolivia estará en el universo noticioso  como uno de los pueblos más jubilosos del mundo con la presencia del Papa Francisco, quien llega en misión evangélica tras emitir la encíclica Alabado Seas, Mi Señor, un severo enjuiciamiento a la devastación de la naturaleza en aras de un bienestar egoísta, y una defensa de la Madre Tierra sin concesiones. Nunca en los últimos años Bolivia estará tanto bajo la mirada de gran parte del planeta en todos los detalles de su realidad, con sus altos y bajos, con glorias y miserias, triunfos y aspiraciones.

Entre los muchos bolivianos que aguardan al Pontífice ansiosos está el Cardenal Julio Terrazas, la mayor figura eclesiástica de Bolivia y una de sus mejores expresiones de fe, caridad y justicia. Internado en la Clínica Incor desde hace una semana, “su estado es delicado, pero él tiene el mayor interés” de recuperar salud plena cuando llegue el Papa Francisco, en palabras de Herland Vaca Diez, el nefrólogo a la cabeza del equipo de médicos que atiende al cardenal.  Con ojos expresivos del lenguaje valiente que a menudo provoca  iras irracionales entre detentores de poder, el cardenal concordó con ese diagnóstico cuando tuve la fortuna de visitarlo pocos minutos el jueves temprano. Su optimismo era tan vigoroso como el apretón de manos con que nos saludamos;  lo compartía absolutamente su hermano Romer, uno de los ocho hermanos del cardenal, que hacía guardia abnegada desde el sofá del fondo de la habitación.

Amigo del cardenal anfitrión desde los años de formación, Francisco llegará a Bolivia en el apogeo del debate originado por la carta Encíclica que conmueve por su defensa intransigente de la naturaleza ante quienes olvidan que el ser humano, como todas las cosas vivientes, está formado por los elementos del planeta; “su aire es el que nos da aliento y su agua nos vivifica y restaura”. Nada del ambiente puede ser indiferente para los que habitan el planeta,  y nada que lo afecte les debe resultar aislado, enseña el Pontífice.

A favor de un modelo circular de producción, consumo y reciclaje “que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras” con limitaciones máximas al uso de los recursos no renovables, la cruzada que abandera para defender el planeta en todos sus rincones es marco de la visita pastoral y un llamado urgente para proteger las reservas de la naturaleza. Urbi et orbi, lo que el Santo Padre  diga acá tendrá valor universal.

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