Ante las dudas

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El escepticismo sobre la justicia electoral boliviana ha recrudecido estos días atizado por la designación de candidatos a conformar las cortes electorales bajo el mismo marco que restó credibilidad a las autoridades que ahora se quiere reemplazar.  Un grupo de ciudadanos acaba de advertir que el proceso en curso para nombrar nuevas autoridades puede resultar en “un cambio para que nada cambie”, el concepto cínico de políticos sicilianos del siglo antepasado expuesto en la pluma de un gran escritor. Con las candidaturas para dirigir los ámbitos electorales ya instaladas, ¿qué hacer?

Los 35 ciudadanos que suscribieron el domingo pasado una declaración en Página Siete señalaron pasos esenciales para restablecer la confianza en la justicia y evitar que las nuevas designaciones deriven en solo un cambio relativo de ropaje y en nuevas frustraciones. Los cuatro primeros serían la base para que la ciudadanía vuelva a votar con la certeza de que decisión vale.

– Auditoría de los últimos procesos electorales, y del Tribunal Supremo Electoral.

-Limpieza del padrón electoral. (“No es admisible que estén registradas en el padrón electoral cerca de medio millón de personas que no existen en el registro civil.”)

– Redefinición de las circunscripciones electorales.

-Auditoría del Censo Nacional de 2012, (“cuyos datos no concuerdan con los del registro biométrico.”)

Todos estos puntos estuvieron en la raíz de las últimas elecciones y nadie se atrevió a encararlos seriamente. El planteamiento ciudadano es un llamado a discutirlos y resolverlos amplia y honestamente de cara a país; probablemente hay o habrá otros, y eso no inocula la necesidad de una respuesta urgente a las dudas sobre la pulcritud del sistema electoral. Ignorarlo puede volver una farsa de la representación de las eventuales nuevas autoridades. No es posible construir con cimientos postizos o bajo sospechas de que están mal erigidos.

Planteamientos similares ocurren en casi todos los países dominados por el llamado Socialismo del Siglo XXI, una manera amortiguada del Socialismo Real que, en Europa y con características que nadie olvida, predominó el siglo pasado.

Un común denominador de esos regímenes es el afán vital de conservar el poder por encima de normas que les permitieron escalar. También en Venezuela hay sospechas de una cantidad ficticia de electores que, empero, ahora sería insuficiente para evitar una derrota de quienes están en el gobierno. Se trata de  un dilema muy grave pues aumentar el supuesto número excesivo de votantes es volver la trampa tan visible que ni las propias autoridades podrían defenderla. Eso puede explicar la reticencia del tribunal electoral venezolano a convocar formalmente a las elecciones legislativas previstas para este fin de año. El mayor atisbo de fecha lo dio un calendario deportivo de béisbol, que puso feriado el 12 de diciembre a causa de las elecciones aún no convocadas.

Por experiencias recientes, la única manera de ganar democráticamente a las fuerzas detentoras del poder es con victorias incuestionables, con goleadas que no admitan duda alguna.  Cuando los resultados resultan equilibrados, las representaciones de esos regímenes tienden a imponerse. Tal vez ha sido así en tiempos no muy remotos para otras corrientes, pero ahora la ciudadanía tiende a observar los procesos electorales con  más cuidado, gracias a una mayor información y transparencia traídas por las formas modernas de comunicación.

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