Reflexiones rápidas tras una elección

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El triunfo de Adrián Oliva sobre Pablo Canedo dibuja una realidad: los tres departamentos económicamente más fuertes están bajo control opositor. Independientemente del resultado final que  emerja de Beni, Tarija, La Paz y Santa Cruz posesionarán este mes a gobernadores de oposición. Tarija lleva una ventaja adicional: es la región que concentra casi toda la producción de gas natural, el producto rey de las exportaciones nacionales.

En el análisis de los resultados es imposible ignorar el empeño del presidente Morales para conseguir la victoria para su candidato en Tarija. La derrota ha sido de una magnitud tal (38% vs 62%, dijeron las encuestadoras) que ningún dulce compensará la amargura de haber perdido el Kuwait boliviano.  Hasta cerca de la medianoche,  Alex Ferrier colgaba de un peñasco en tanto que Carlos Dellien aseguraba que había ganado. El margen, sin embargo, era demasiado estrecho, menos del uno por ciento, un típico “too close to call”, en la terminología electoral anglófona.

El cuadro que ahora proyectaba el “factor Tarija” estaba lejos de ser halagador para el oficialismo. Dos hechos mostrarun mmaduez democrática: Canedo concedi’la victoria a Oliva temprano. El vencedor dijo que deseaba trabajarcon el presidente, in bloquear sus inciativas para Tarija.:

El presidente jugó toda su fuerza en los dos departamentos donde hubo el desquite. Su participación personal, (la oposición ha dicho que fue más allá  de las normas),  lo lleva a tener que asumir también la derrota. Este 3 de mayo ha confirmado que ningún líder traslada sus simpatías, así intervenga directamente a favor de sus ahijados.

La factura que le acaba de pasar Tarija puede ser demasiado alta para el precio que el  presidente habría estado dispuesto a pagar. Representa, también, una lección para el partido de gobierno. Tiene a su cargo el poder porque su  líder es Evo Morales, de indudable popularidad. El oficialismo no ha conseguido trascender hasta adquirir personalidad propia como “masismo” y no como “el partido del presidente”.    Lo mismo vale para funcionarios y legisladores que ocupan funciones sin fuerza autónoma. Tienen esas funciones solo en cuanto son seguidores del presidente o gozan de su simpatía.

El tema es vertebral y estará en el ojo de todos los análisis derivados de la elección que acaba de cumplirse.

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