Es el modelo

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El 23 de enero solía ser recibido con repique de campanas y en todas las escuelas del país había actos conmemorativos en los que las fuerzas armadas eran saludadas con respeto y admiración. Esa Venezuela cambió en los últimos 15 años y la fecha pasa ahora desapercibida, embotellada en la incertidumbre que abruma a una mayoría que todos los días forma filas interminables en los mercados, calladamente para evitar la acusación de subversión. El modelo socialista del siglo XXI generó en Venezuela una incompetencia agresiva hasta hundirse en el mayor aluvión de petrodólares de su historia y oscurecer el acontecimiento político que enrumbó al país por un camino moderno: el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez al comenzar 1958. Ese suceso equivale al de 1952 en Bolivia: no se lo puede ignorar ni disminuir su importancia.

Con la mirada en situaciones más inmediatas, dos diarios influyentes y tradicionales venezolanos, El Universal y El Nacional, reflejaban este viernes la zozobra económica y las dificultades de la libre expresión, convertidas en fenómeno inseparable de los tiempos que vive la patria de Bolívar.

Los periodistas de El Universal, hasta no hace mucho un bastión conservador, declaraban su angustia ante el rumbo editorial del diario que, a menos de tres meses de cumplir 106 años, ven sesgado con el oficialismo y prevenido contra la oposición. Como evidencia ponían las restricciones para informar sobre una conferencia de prensa del dirigente opositor Henrique Capriles.

Con menos eco y un furor neutralizado tras el deshielo en curso entre Estados Unidos y Cuba, el gobierno atribuye las tribulaciones de la economía a una “guerra económica del imperio” contra Venezuela. “Es el modelo, estúpido” editorializó El Nacional, a contrapelo del exitismo que intentaba generar el presidente Nicolás Maduro sobre su gira por Asia, el Golfo Pérsico y Rusia. El editorial subrayaba una advertencia similar de la Iglesia Católica que, un par de días antes, había apuntado al sistema socialista que procura imponer el gobierno como responsable de la crisis de abastecimientos, en un país años atrás caracterizado por la abundancia. Sin matices, los obispos subrayaban que ese sistema “atenta contra la libertad y los derechos de las personas y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado”. Agregaban que el sistema vigente en Venezuela “es, a todas luces, ineficaz.”

Con una frase que para algunos analistas evocaba las gestiones del Primer Ministro inglés Neville Chamberlain con Alemania Nazi, que lograron solo aplazar por algunas semanas la guerra entre las dos potencias europeas, anunció desde Moscú: “He conseguido los recursos necesarios para que el país mantenga su ritmo de inversiones de importación, y la estabilidad económica”.
Acababa de reunirse con Vladimir Putin en las postrimerías de su gira en busca de ayuda para paliar el hundimiento de los precios del petróleo, garantes del 95% de las divisas que recibe el país. El impacto real inmediato del apoyo de Rusia, abrumada por sus propias dificultades financieras, y su efecto sobre el humor de los venezolanos descontentos con las penurias de su país, era este fin de semana algo por verse.
Aún está en desarrollo el llamado de los líderes opositores a acentuar un movimiento que lleve a Maduro a renunciar. “Maduro no llega ni al 30% de respaldo popular, el 60% del pueblo exige su inmediata renuncia, y 80% exige un cambio de gobierno”, declararon en un documento conjunto Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. El primero es preso del gobierno, cuya libertad Maduro ha propuesto canjear con la de un dirigente independentista puertorriqueño preso en Estados Unidos. Machado es acusada de pretender matar al mandatario venezolano y Ledezma, cuyo partido, Acción Democrática fue uno de los gestores del derrocamiento de Pérez Jiménez, está acosado por juicios que les siguen las autoridades.
Los tres líderes anunciaron que han convergido en una visión unida para llegar a una salida democrática para su país. Propósitos igualmente claros para conseguir la salida de Maduro ha anunciado reiteradamente Capriles, quien en 2012 estuvo cerca de vencer en elecciones a Hugo Chávez.
Con las aristas antagónicas de la sociedad venezolana otra vez afiladas, la propuesta opositora contra el gobierno de Maduro evidenciaba la crispación bajo la que vive en vecino país.

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