Un terremoto

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Un terremoto desencadena eventos imprevisibles. El anuncio del presidente Obama, este miércoles, poco después de haber hablado por teléfono durante casi una hora con Raúl Castro, es un terremoto.  Es un paso que repercute en todo el hemisferio. Los dos enemigos hasta ayer irreconciliables marchan en pos de la reconciliación y hacia el restablecimiento pleno de sus relaciones. Es demasiada dosis para pasarla de un solo trago.

Al margen de las repercusiones que el curso anunciado por los líderes de los dos países tendrá en Cuba, el  nuevo rumbo sugiere replantear posiciones y discursos a los amigos del castrismo, especialmente entre algunos de sus vecinos.

El efecto del desplazamiento de Estados Unidos y Cuba podrá sentirse de modo especial en Caracas y La Paz, en ese orden. En Venezuela, porque el “chavismo” queda de repente sin municiones para alimentar la retórica de “guerra contra el imperio”, al que responsabiliza del naufragio de los  precios del petróleo que le ha puesto un cordel financiero que aprieta cada vez más. Si desaparece la brújula que orientó las relaciones de Venezuela con el mundo a través de Hugo Chávez, primero, y ahora de su sucesor Nicolás Maduro, ¿cómo navegar?

El anuncio Barack Obama-Raúl Castro ocurrió cuando Maduro y su gobierno todavía están irritados con la suspensión de visas y posible congelamiento de bienes en Estados Unidos a 56 funcionarios vinculados a violaciones de los derechos humanos. La irritación venezolana tuvo una tibia repercusión entre sus aliados más fieles.  Ante la noticia de lo que acababa de ocurrir, habló desde el norte argentino, donde estaba para una reunión de Mercosur, y se declaró “muy feliz”.  “Hay que reconocer el gesto del presidente Barack Obama, que es un gesto de valentía y necesario en la historia. Ha dado quizá el paso más importante de su presidencia”.

Sus opositores en Venezuela fueron incisivos al destacar la contradicción. “Hace dos días Maduro mandaba quemar las visas de Estados Unidos…mientras Raúl Castro ya tramitaba la suya”, escribió en su cuenta twitter María Corina Machado, la ex legisladora que el gobierno dispuso expulsar del congreso y a quien Maduro acusa de querer matarlo.

Resultará incómodo volver a atacar “al imperio” y a su gobierno con la virulencia de hasta hace poco. ¿Cómo atacarlo si la fuente ideológica primaria que alimentó esos ataques está por abrazarse con el enemigo?

Otros cosas inmediatas pueden ser más sustantivas. ¿Cuánto más persistirán las ventas subsidiadas de petróleo a Cuba? ¿Seguirá Caracas otorgando precios preferenciales a la isla cuyo gobierno anuncia que va el encuentro de quien consideraba como su peor enemigo? Las respuestas vendrán paulatinas no con retórica sino con hechos.

Para Bolivia los cuestionamientos parten de que Cuba, Fidel y Raúl Castro, e incluso “Ché” Guevara, están en el hilo del discurso que ha tenido el presidente Evo Morales desde que empezó a crecer políticamente. Acaba de denunciar que el colapso de los precios del petróleo es una conspiración de  Estados Unidos para hundir a Venezuela y a Rusia.  ¿Mantendrá la retórica anti-imperio con el mismo vigor? Otra pregunta aún más intrigante: ¿Previó el presidente Morales lo que ha ocurrido y esa previsión catapultó el anuncio de que quiere encontrase con Obama? Vale la misma pregunta respecto a la apertura hacia la Iglesia Católica, a cuyos obispos  ha dicho que “es casi seguro” que el Santo Padre, visto como el articulador de la reaproximación, venga a Bolivia el año que viene. Es perfectamente legítimo suponer que el presidente tuvo indicios de que el Papa Francisco abogaba por una aproximación entre La Habana y Washington y que era conveniente vestir un traje adecuado a las circunstancias en caso de que eso ocurriera. La magnitud del movimiento puede interferir incluso armazones y acciones nacidas al calor de vínculos con Cuba. Habrá barbas que ahora estarán en remojo.

El deshielo que empieza entre Estados Unidos y Cuba es parecido al de la caída del Muro de Berlín con una diferencia. Este deshielo ha sido preparado meticulosamente y los últimos movimientos empezaron a tomar cuerpo hace año y medio.  Todo en sigilo.

Gestiones de otro Pontífice, Juan Pablo II, fueron exitosas para evitar una confrontación entre Chile y Argentina en 1978 y, después, para afianzar el rumbo a la democracia que asomaba en Polonia. Una coincidencia a ser notada es que el anuncio ocurrió en el día en que el Papa Francisco cumplía 78 años. O, si se quiere más, en un aniversario reverenciado por los venezolanos: el de la muerte de Simón Bolívar, en San Pedro Alejandrino.

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