En el rastro del sismo

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Publicado en El Deber, 7 de diciembre, 201

Las señales circulan por todas partes y nadie podrá decir que no las vio. El petróleo, la materia prima cuya energía mueve al mundo, ha entrado a una era de incertidumbre, sus precios se desploman y por ahora nadie puede precisar a dónde llegarán. Rusia ya anunció que tendrá una recesión en 2015, atrapada por la combinación letal de sanciones que le ha costado la invasión a Ucrania y  el colapso de los precios de su principal producto de exportación.  El entusiasmo de quienes sueñan con la recomposición del imperio de los Gulags choca con la realidad de ver al rublo precipitarse sin fondo visible abrumado por un dólar que estos meses sólo se robustece.

La falla sísmica abierta por el petróleo cruza Irán y sofoca a los miembros de la OPEP fuera del Golfo Pérsico, pasa por Nigeria y llega a México, que ha tenido en el petróleo un pilar básico de crecimiento. El recorrido llega con fuerza a Brasil, donde Petrobras ve riesgos para su plan quinquenal de inversiones que prevé gastar 220.000 millones de dólares, con un precio por barril que debía llegar este año a un promedio de 105 dólares, casi 40 más que los niveles de los primeros días de diciembre. El conglomerado brasileño calculaba 95 dólares por barril en 2018, previsión que hoy luce desproporcionadamente irreal. Algunas publicaciones ya mencionan cotizaciones inferiores a 50 dólares.

El impacto es dramático en Venezuela, arrinconada en un callejón político y social que no parece tener salida y que se vuelve cada vez más estrecho y más oscuro. El desabastecimiento vuelve distante la época de las navidades que reflejaban una abundancia envidiada en el resto del continente. El sueldo mínimo es estadísticamente el menor de la región: 30 dólares mensuales si se quiere convertir su valor con el cambio del mercado negro, el único donde realmente se consigue la divisa norteamericana. Allí la relación es 25 veces más cara. Ese valor salarial  compite con el de Cuba, que equivale a 20 dólares.

En nuestro país el gobierno jura que aquí no pasará nada y como armadura exhibe las reservas internacionales atesoradas por el Banco Central.  Que las cosas no están tan bien en las empresas de estado acaba de recordarlo el conflicto de Enatex, que antes de derivar en empresa estatal gozaba de un mercado cierto en Estados Unidos. Con los desastres que ya causa, hay que esperar que el sismo no tenga remezones.

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