Reveses del petróleo

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La caída de precios del petróleo parece aún lejos de tocar fondo y tiene en vilo a la mayoría de los productores, algunos con más ansiedad que otros, todos presos de un interrogante: ¿Qué hacer para frenar y revertir el curso?

Con la economía sofocada por el costo de las sanciones que la han impuesto los países occidentales por la anexión de Ucrania y que agravan el desplome de los precios, Rusia apunta hacia un factor no ortodoxo que hace 60 años detuvo a las tropas alemanas a las puertas de Moscú: el invierno. Vladimir Putin vaticinó esta semana que el frío de la temporada hará lo que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no logró en su reunión de noviembre. “El invierno está llegando y estoy seguro que el mercado volverá a equilibrarse a principios o mediados de año que viene”, dijo en una reunión de petroleros hace unos días. Poco después reconoció que el encogimiento de precios era grave. “Nos daña, pero no es fatal”, dijo, citado por el Washington Post.
El viernes que acaba de pasar, el pronóstico del líder ruso todavía aguardaba signos meteorológicos más contundentes mientras la caída no daba tregua sólida. Los precios continuaron dentro de la franja de 60-70 dólares por barril, insostenible para los productores, excepto los del Golfo Pérsico liderados por Arabia Saudita. Los traspiés de la materia prima más codiciada y más volátil han sido un revés para muchos que esperan que Rusia retome el camino de la guerra fría, perdida cuando se vino abajo el Muro de Berlín hace 25 años. En los ingresos que le proporciona el petróleo se asienta un 45% del presupuesto ruso, que para equilibrarse necesita un promedio de 100 dólares por barril, lejos de los precios actuales.
Para Venezuela, cuya posición geográfica envidiable la coloca distante de inviernos rigurosos, la odisea de los precios parece insoportable. Ningún analista se atreve a presagiar un fin inmediato de la oscuridad sobre posibles salidas pacíficas y a corto plazo para la crisis en la que está sumergida. Todos coinciden en que el apretón de precios puede resultar más grave que lo que el gobierno prevé. El promedio de los crudos venezolanos de exportación llegó esta semana a menos de 62 dólares el barril (Tal Cual Digital), casi la mitad de lo que necesita para cubrir sus gastos. Pueden estar en camino dos recetas que el gobierno de Nicolás Maduro ha evitado hasta ahora: una drástica devaluación para aproximar el cambio oficial de 6,3 bolívares por un dólar al de más de 160 bolívares en el mercado negro. La segunda es elevar el precio de la gasolina, intacto desde hace más de dos décadas. Las dos medidas lucen inevitables pero el gobierno las esquiva, en una apuesta cuya resolución puede llegar en poco tiempo.
En nuestro vecino Brasil, Petrobras está en dificultades para equilibrar su plan quinquenal, que ha previsto una suma colosal siete veces el PIB anual boliviano, gran parte en exploración. Un informe de Valor Económico, de Sao Paulo, dice que la empresa necesita que el precio promedio del petróleo sea de 105 dólares el barril, también distante de los niveles vigentes, que estimulan la importación y desaniman la inversión.
El ganador más visible de la crisis, cuyo detonante ha sido la afluencia torrencial de petróleo de Estados Unidos (esquistos bituminosos), es hasta ahora China. Su crecimiento económico empieza a declinar y en 2015 representará un aumento de “solo” el 7,5%, un nivel codiciado por el resto del mundo. La economía china acaba de sobrepasar en volumen a la de Estados Unidos y la factura que paga por sus importaciones de petróleo luce con valor de liquidación.
Bolivia debe seguir con atención el curso de los precios, que condicionan los del gas natural que vendemos a Brasil y Argentina. El remedio para una baja de precios debería ser exportar más y refinar más. Ambas opciones son limitadas por el nivel de reservas, que representan una docena de años de explotación a niveles vigentes. Exportar más o refinar más equivale a reducir la duración de esas reservas. Se trata de un dilema que podría romperse solo con una intensificación drástica de la exploración en busca de más reservas. ¿Qué hacer?

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