Sigue el juego

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Los dados electorales que los brasileños lanzaron el domingo antepasado ahora se desplazan por la recta final y en dos semanas mostrarán quién tomará las riendas de la mayor potencia económica y territorial de América Latina. Es una disputa que coloca en el cuadrilátero de las urnas a la socialdemocracia que estabilizó la economía y a la izquierda no radical representada por el Partido de los Trabajadores (PT), que por primera vez enfrenta la perspectiva de perder el poder.
No es un escenario a ser contemplado pasivamente. Se trata del principal mercado para los hidrocarburos bolivianos y la contienda ocurre cuando las relaciones bilaterales no están en su mejor momento, razones suficientes para alimentar la curiosidad sobre el rumbo que escogerá el electorado vecino. Los datos de las encuestas tempraneras exhiben un empate. Por la magnitud del desafío, es posible que la indefinición se mantenga hasta el final.
En esta etapa, los amigos valen muchos votos. Incluso si la meta de mejorar posiciones conlleva el riesgo de malograrlas, o de disparar sobre el propio pie, ni la presidente y candidata Dilma Rousseff ni su rival Aécio Neves parecen en condiciones de desperdiciar apoyos o desdeñar simpatías.
En una concentración en la que la candidata reiteró que combatirá la corrupción, a su lado estuvo el ex presidente Fernando Collor, hasta ahora el único mandatario que tuvo que renunciar al cargo para evitar que el congreso lo procesara por corrupción y lo destituyera. No se le encontraron pruebas, pero fue privado de ejercer cualquier función pública por ocho años (1992-2000). En 2006 candidateó al senado federal y ganó.
En la otra esquina, los analistas hacían notar que los altibajos en la bolsa de valores de Sao Paulo se reflejaban en el ánimo de los electores respecto a Aécio Neves. Cuando los índices subían, impulsados por el ascenso de Neves o de Marina Silva, la ecologista que no logró avanzar a la vuelta final, las encuestadoras detectaban un fortalecimiento del respaldo a Rousseff. Parecía una clásica confirmación del “dime con quién andas…”.
La candidata Rousseff no puede menospreciar el apoyo del senador Collor, aún en momentos en que su gobierno está acosado por denuncias de corrupción en torno a Petrobras, la empresa más identificada con el nacionalismo brasileño. Y su rival Neves tampoco puede molestarse con el entusiasmo que su candidatura provoca en las bolsas, cuyos operadores creen que con él tendrían un presidente más amigo. En este caso, quedaría endosado el comentario popular: “No me defiendas, compadre…”

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