Ojo de editor: Malas costumbres

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Hay muchas maneras de cansar a los lectores y de apartarlos de un tema que podría ser importante o inclusive interesante. Es el recurrente ejercicio del no periodismo cuando las entrevistas se convierten en una manera cómoda de llenar espacios. Preguntas seguidas de la respuesta del entrevistado son una forma excepcional de presentar al lector una cuestión importante. Pero hay que tener cuidado para no caer en la monotonía y dejar al lector el trabajo que deben hacer el periodista y el editor: desmenuzar el tema y rodearlo de antecedentes para presentar una versión amena. Veo que esta forma pesada de informar se ha vuelto común en Bolivia -y en la mayoría de los países hispano-parlamentes. Detrás suele estar agazapada la incapacidad de convertir el tema que tratan las respuestas del entrevistado en una crónica agradable, legible de principio a fin.
Agarren Uds. su diario favorito de este domingo y recorra sus páginas. Vea cuánto espacio está cubierto por este tipo de trabajo. Un feriado reciente conté seis entrevistas pregunta-respuesta en un periódico ¿Será que hay tanta paciencia en los lectores para deglutir semejante dosis? A menos que el personaje sea alguien extraordinario, de ideas y lenguaje fluidos, cuyas palabras son importantes y las dice sin provocar tedio; que logra mantener la atención en todo momento y que el público no necesite de antecedentes para identificarlo… Esos personajes son muy raros, ustedes convendrán. En todo caso, deberían ser una excepción en el material que se presenta al lector.
Nada substituye una crónica bien armada, que contextualice con habilidad las ideas que expresa el entrevistado. Llevar un ramillete de preguntas para que el entrevistado las responda implica varias cosas. La primera es entregar injustamente al entrevistado el trabajo que debe hacer el reportero. Eso puede representar una abdicación profesional. La segunda es someter al lector a un suplicio cuando tiene que llenar los contextos y vacíos que deja un trabajo de cuestionario. Ese trabajo de cobertura de contextos y vacíos corresponde al redactor, no al lector. Esta monotonía ocurre con todas publicaciones que recurren a esa forma barata de escribir (o de transcribir), inclusive en folletos.
Creo que hay que empezar a decir !cuidado! con esta manera de informar (o desinformar).

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