Dar sentido a las cifras

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Billones y trillones; pies cúbicos y metros cúbicos. A juzgar por la soltura con la que las cifras y las medida son desplegadas rutinariamente, el país está conformado por expertos que con una mirada aferran números siderales y procesan su significado. Estos días todos los medios destacaron la noticia que vino desde la Presidencia del Estado Plurinacional: Bolivia contaba con reservas de gas natural que el pasado diciembre llegaban a 10,45 billones (trillones ingleses) de pies cúbicos, un aumento del cinco por ciento respecto a la cantidad registrada cuatro años antes  por una medición certificada. Los que lograron procesar al instante la magnitud de la cifra y expresarla bajo una forma más cotidiana y vulgar podrían concursar para un premio a la lucidez.
Desde hace años, al público boliviano se le informa que los contratos de exportación están calculados en metros cúbicos. A Brasil se le venden 31 millones de metros cúbicos diarios. A la Argentina exportamos cerca de 20 mm3 diarios. El consumo nacional está en unos 10 mm3. Llegamos así a una producción superior a 60 mm3 diarios. El salto hacia pies cúbicos no hace sino marear. La cifra brindada por el gobierno habría sido más sencilla y manejable si el anuncio oficial hubiese dicho que el volumen certificado garantizaba la producción y exportación durante unos diez años al ritmo presente, cualquiera que sea la forma en la que se la exprese, pies cúbicos o metros cúbicos. (Y tal vez menos, podría decirse, pues las reservas nunca son extraídas hasta llegar a cero y se las cierra, como en las cuentas bancarias. Salvo que esa previsión esté de alguna forma ya contenida en los cálculos oficiales. La cuantificación anterior no incluye proyectos industriales como petroquímica o El Mutún.)
El anuncio ha causado perplejidad. La cifra es inferior en cerca de un 10 por ciento respecto a otra anunciada en mayo por autoridades de YPFB (la información está en la red.) Los nuevos datos han aumentado la ansiedad generada por la urgencia de incrementar substancialmente las reservas del recurso que por ahora representa el sueldo de Bolivia. Parafraseando la obra monumental de Daniel Yerguin sobre el surgimiento y expansión de la industria petrolera en el mundo (The Prize, 1992), para Bolivia, el gas hace posible “dónde vivimos y cómo vivimos”.
Los volúmenes certificados son una porción de los que circulaban a principios de la década pasada, cuando se llegó a creer que el país guardaba el segundo mayor reservorio gasífero del continente después de los que tiene Venezuela. Pero se trataba de cifras meramente especulativas, Desde entonces, el total de esas reservas ha estado encogiéndose en un proceso que aún no logra ser revertido.

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