G77 bajo Sombrero de Saó

Posted on Actualizado enn

Apenas empezaban a sonar las primeras notas de una de las  canciones  más conocidas de Bolivia y entre las más populares del continente  cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa, brazos alzados al cielo, empezó a batir palmas y a corearla a voz en cuello, claramente audible en la transmisión que hacía de la fiesta el canal televisivo del estado.  A su lado, el presidente Evo Morales tarareaba la canción que, por lo que se veía, también conocía de  memoria, como el colega de quien era anfitrión aquella mañana del  sábado 14 de junio en el estadio Tahuichi Aguilera. El entusiasmo de ambos, con la voz de Correa decibelios más alta que la del dueño de casa, avivó el de la multitud y pronto todo el estadio tarareaba Sombrero de Saó.

Pedro Shimose, el compositor, reaccionó con una carcajada seguida de un ¡caramba! cuando le conté  lo que acabo de escribir. Ese  día, hará un par de semanas, era excepcionalmente bueno para hablar por teléfono vía Skype y aproveché para hurgarle la memoria y lograr que me contase cómo había nacido la canción. Deduzco que la inspiración ocurrió a principios de la década de 1960, cuando Shimose cursaba el último grado de la secundaria en el Colegio Nacional Pedro Kramer, una  joya de la educación de tiempos  idos en Riberalta, y junto con  dos compañeros formaba un trío de voces y guitarras. Sergio Núñez del Prado, Orlando Bravo (ambos ya fallecidos) y Shimose  crearon el Trío Los Cometas que interpretó la canción, fruto de una historia real.

Una sucesión de escenarios y personajes fue la cuna de Sombrero de Saó. Las imágenes de Feliciano (Chano) Cuéllar, un compañero de Shimose, y el profesor Gumersindo (Chindo) Herrera, del mismo Colegio Kramer; los potreros colindantes con la pista de aterrizaje, la avenida que se proyectaba recta desde la orilla del río partiendo el lugar por la mitad, y los mangales tupidos al ingreso al cementerio general, todas estuvieron nítidas en la historia que pasó a contar. Como sucede en la creación artística, Shimose hizo una amalgama en la que cuajó la canción.

“Una tarde  me encontré a Chano Cuéllar empalcado (montado) en una de las tranqueras de un corral al lado de la pista donde se encerraba al  ganado que venía desde las pampas rumbo al matadero. Riberalta era (un pueblo) tan pequeño y tan familiar. La carne no venía en aviones sino a pié.”

Uno se imagina ese cuadro poco inspirador que en la memoria de Shimose, sin embargo, fue detonante para su historia. Su compañero debe haber tenido tal expresión sombría que el compositor no pudo sino aproximársele. “Lo vi muy deprimido. Siempre fui periodista y le pregunté qué pasaba. Me contó la historia: lo habían corrido de la casa de la muchacha que él quería diciéndole lo que yo cuento en la canción.”

En Riberalta, donde los sobrenombres solían ser tanto ingeniosos como malintencionados, había un personaje popular a quien le decían “Tiravida”, que vivía cerca de los mangales que llevaban al cementerio general. Shimose recuerda que el apodo subrayaba el carácter jovial y amiguero de Rodolfo Rivera,  a quien no se le conocía un desempeño descollante pero sí su condición de “bon vivant”. Asociando el carácter del personaje, el sobrenombre que lo identificaba y la amargura amorosa que había vivido su compañero Feliciano, Shimose compuso la música y escribió las palabras. En ese proceso surgió el diálogo inquisidor y pícaro que se tradujo en “Oí, flojo, tiravida sinvergüenza qué querés; a su hija, doña esta, a quién más ha de ser…”

La canción habría quedado circunscrita a grupos de amigos pero alguien la grabó y después la interpretó un cantante conocido de la época, de quien Shimose sólo recuerda que era de Reyes y que se llamaba Arturo. Después vino el Trío Oriental, el alegre conjunto cruceño que la lanzó a la fama. “Les estoy eternamente agradecido”, subrayó. “Ellos fueron los que grabaron la canción en forma discográfica y la lanzaron al mundo”.

Hizo una contextualización más amplia de la canción, que rápidamente ganaba espacios en la radiodifusión de gran parte del mundo. “No es una hipérbole porque entonces gracias a la guerra fría (a fines de la década de 1960 y principios de la siguiente) todas las emisoras europeas, comunistas y no comunistas, tenían una sección dedicada a América Latina. En el hit parade de los programas de difusión de la música latinoamericana, siempre aparecía Sombrero de Saó. La BBC la difundió, y nunca me pagaron derechos. También lo hizo Radio Moscú, que tampoco pagó regalías; también en Francia y en Italia la canción sonó muchísimo, incluso en Estados Unidos, vía La Voz de América, pero ninguno pagó. No recibí un solo dólar, pero ahí está la canción”.

Le pareció curioso que la hubiera cantado el presidente ecuatoriano y eso trajo una anécdota.

“Viajaba en el Metro de Madrid y escucho a un cuarteto de cantantes y músicos cantando Sombrero de Saó en una espléndida ejecución. La interpretaron maravillosamente. Lo recuerdo muy bien, pues me emocionó. No sabía que eran ecuatorianos y pensé que eran bolivianos. Me les acerqué.”

-¿De dónde son ustedes?

-Ecuador.

-¿Saben quién es el autor?

-No, no lo sabemos.

-Gracias por hacerme escuchar esa canción.

-Nosotros la cantamos siempre. Es muy linda…

Son curiosos también los giros del destino que permiten que un autor se encuentre a menudo frente a su propia creación. Estaba con su familia almorzando hace algún tiempo en un restaurant madrileño y un conjunto musical interpretó, por supuesto, Sombrero de Saó.

“Me les acerqué para agradecerles creyendo que eran compatriotas. Y sucede que no eran bolivianos. Uno era dominicano, el otro –no recuerdo bien- creo que era colombiano. Y así la canción ha ido rodando. Es curiosa esta historia”.

P.S. Esta mañana comenté esta nota con Shimose y de la conversación emergieron otros detalles. Entre los intérpretes famosos de la canción estuvieron la banda chilena Los Curacas, Los de Salta, Horacio Guaraní, Gladys Moreno, Gisela Santa Cruz y al menos un par de docenas más sólo en esta parte sur del mundo. Una búsqueda rápida en la internet puede confirmar la magnitud y extension que tuvo. Algo más. El nombre de quien grabó la canción y la interpretó primero fue Arturo Téllez, un conocido cantante de Reyes que por esos años vivía en Riberalta. 

P.S. Sábado, 3 de septiembre, 2016. Corrijo una incorrección. El Trio Oriental es cruceño, no trinitario, como durante más de dos años permaneció en el original de esta entrada cuando la escribí hace más de dos años. Pido disculpas al Trio Oriental y al propio autor. La confusión es comprensible en una región como el oriente boliviano donde orígenes, cultura y costumbres son las mismas.

Anuncios

Un comentario sobre “G77 bajo Sombrero de Saó

    Cristina escribió:
    julio 13, 2014 en 8:41 pm

    Reblogueó esto en Sabores de Boliviay comentado:
    Que relato mas lindo!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s