Jaime no va, Evo no debate

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Las conjeturas que desde comienzos de año circularon sobre un retorno de Jaime Paz Zamora a la palestra política pública no se han verificado y para estos días se espera un pronunciamiento del jefe nacional del MIR o de alguno de sus dirigentes nacionales. Desprovisto de personería jurídica, agobiado por el virus que ha llevado a los partidos políticos tradicionales al borde de la extinción, Paz Zamora no tendría nada para ganar lanzando su nombre al cuadrilátero político que se ha levantado con la vista en las elecciones del 12 de octubre. En momentos en que hay una desconfianza extendida hacia la capacidad de los partidos de aglutinarse y forjar un programa que entusiasme al país, un ingreso del ex presidente (1989-93) a aguas cuya turbulencia empieza a prevalecer, sólo daría la imagen de una mayor división, opinan quienes están cerca del ex caudillo del partido que buscaba representar un puente generacional hacia bien dentro del Siglo XXI.
El quiebre de la alianza que representaba el Frente Amplio puso límites a ese movimiento, ahora básicamente circunscrito a la Unidad Nacional (UN) del candidato Samuel Doria Medina y al Movimiento Democrático Social (MDS) de Rubén Costas. La salida de José Antonio Quiroga y Loyola Guzmán del FA ha restringido el acceso hacia las corrientes de izquierda. Si la incorporación del ex gobernador beniano Ernesto Suárez Sattori, una estrella emergente de la constelación política boliviana, fue como un dinamo  para el FA, el alejamiento de Quiroga y Loyola mutiló su salida hacia las corrientes de izquierda moderna que yacen en el país.
El retorno de Jorge (Tuto) Quiroga al escenario permite a la oposición mostrar brillo, pero el hecho de que el ex presidente sea uno de los pocos líderes políticos nacionales verdaderamente articulados (puede decir una oración sin atropellarse ni ofuscarse, subraya Humberto Vacaflor) no aumenta el peso específico electoral que debe ser puesto al frente del presidente candidato Evo Morales.
La negativa obstinada del presidente Morales al debate le hace más daño que discutir abiertamente con cualquiera de sus opositores. No será con frases (¡Que vaya a debatir con su abuela!) que convencerá a ese numeroso segmento de bolivianos que piensa y reflexiona. Quizá no podría, de momento, hacer otra cosa. No querer confrontar planes e ideas utilizando un argumento trillado y sin racionalidad (es neoliberal o es de derecha) habría dejado fuera de las elecciones a muchos candidatos en otras partes del mundo. Imaginen si en España, Francia, Portugal o Alemania se dijese lo mismo. No habría elecciones. Pero, con el mismo a argumento, ¿podría el presidente negarse a debatir con Juan del Granado? En el ámbito especulativo, uno se pregunta si Carlos Mesa, con garantía de exclusión del tema marítimo, ingresaría a un debate, así fuera como moderador.
El ambiente pre-electoral empieza a calentarse y ciertamente habrá mucho más que los escarceos de “debate-no-debate” que ahora predominan entre algunos elegibles.

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