Imprecisiones

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El lector es enemigo de las expresiones vagas y detesta llenar vacíos. Leía hace unos días: “El aeropuerto El Trompillo estrenó anoche un moderno sistema de iluminación que permitirá vuelos y aterrizajes nocturnos. Según los informes, la terminal aérea, enclaustrada en la creciente mancha urbana de la capital cruceña, recuperó el estatus de internacional perdido en 1983, cuando inició operaciones Viru Viru, el otro aeropuerto internacional del departamento de Santa Cruz”. Pasemos por alto aquel vago “según los informes” y preguntemos por qué tener un aeropuerto nuevo (Viru Viru) anuló el status del otro. ¿Se volvió innecesario? ¿Era demasiado costoso mantener operativos dos aeropuertos de ese nivel simultáneamente? La nota no lo dice. El lector que no lo sabía se quedó con la curiosidad.
La vaguedad e imprecisión de algunas informaciones brotan en todas partes. Un ejemplo: (De La República, Lima, el 31 de mayo) – Un juez condenó a un ex sacerdote católico que está muriendo de cáncer a 15 años de prisión por abusar sexualmente de un adolescente en una iglesia de Estados Unidos en la década de 1970. James Schook, de 62 años, fue detenido el viernes después de la audiencia de sentencia. La causa penal se había retrasado en varias ocasiones durante tres años, pues Schook argumentaba que estaba demasiado débil para enfrentar un juicio bajo varios cargos, entre ellos el de sodomía. Fue hallado culpable en abril y el jurado recomendó una pena de 15 años de prisión, etc.
El párrafo inicial equivale a ingresar a un laberinto ante el cual el lector debe decidir el camino correcto o perderse. ¿Está muriendo de cáncer por haber abusado a una adolescente en la década de 1970? ¿Tiene cáncer por haber cometido el abuso en una Iglesia? El lector no merece estar frente a laberintos y menos caer en ellos. Es obligación del editor mostrarle un camino derecho. En ninguna parte está escrito que todos los elementos de la noticia deben estar apiñados en el párrafo introductorio. Para beneficio del lector, claridad es un primer mandamiento. Pudo haberse escrito: “Un ex sacerdote moribundo fue condenado a 15 años de cárcel por haber abusado sexualmente de una joven. El delito ocurrió dentro de un templo en Estados Unidos en la década de 1970.” En total, 32 palabras versus 34.
Muera la intencionalidad. El martes leí: Diputada Viscarra: “El TSE tiene intencionalidad de favorecer el empadronamiento en provincias y no en la ciudad haciendo cálculo político”. La idea representa una manera más de ofuscar al lector. ¿Por qué ese adjetivo rimbombante (intencionalidad) cuando muy bien cabe intención? ¿Cree la persona que escribió la noticia que las 15 letras de intencionalidad dicen más que las nueve de intención?
Pena de muerta para “al interior”. Acabo de leer: “El ex Viceministro de Tierras Alejandro Almaraz reveló que hubo un debate AL INTERIOR DE LOS LIBRE PENSANTES”. Caramba. La frase no permite vislumbrar hacia qué parte interior de los libre pensantes se deslizó el debate. Pero sí es un deber asegurar al redactor y al editor de la nota que los debates se dan entre (debatieron entre cuatro paredes), con (el diputado debatió la propuesta con sus colegas) o simplemente en, que probablemente era lo que se quería decir: debatieron en el Congreso (no al interior del), en la Plaza Murillo. Lo mismo vale para el ex fiscal Marcelo Soza cuando dice que “al interior” del gobierno había pugnas que llevaron a su huida de Bolivia. Debía haber dicho en el gobierno había pugnas, etc.
No son pocos los ejemplos. Ocurren masivamente todos los días.
Uno enrojece cuando lee en una nota fechada en Asunción: Choquehuanca, citado por el periódico chileno La Tercera, dijo que en este siglo se debe “orientar a nuestros pueblos, a nuestros hijos, y restituir lo que se ha obrado mal”.
Hay un rubor adicional mayor. ¿No podían los medios bolivianos tener a un corresponsal, un enviado especial que reportase para medios bolivianos las noticias de interés del país? Un trabajo conjunto debía haberse hecho, pues para una cuestión tan esencial como la marítima no es elegante citar a un medio de Chile, el país con el que Bolivia está en disputa.
Verbo y artículos deben concordar. “El 72% de los brasileños están insatisfechos”, etc. Debe decirse el 72% está, etc.
Pedro Shimose tiene material inagotable para ls notas que escribe en El Deber procurando corregir entuertos de redacción.

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Un comentario sobre “Imprecisiones

    alberto zelada castedo escribió:
    junio 15, 2014 en 10:19 am

    Muy bueno Harold. Hay que seguir por este camino poniendo un granito de arena para la mejora de los comportamientos sociales, en este caso de varios de tus colegas. Es un buen comportamiento usar nuestra lengua correctamente. Un abrazo,

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