Conmemoraciones

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Todavía se escucha el eco de las conmemoraciones centenarias de la Primera Guerra Mundial y las lecciones de ese conflicto que sembró la segunda conflagración, cuyas secuelas sólo se disiparon a partir del 9 de noviembre de 1989, al caer el Muro de Berlín y el subsiguiente desplome de la Unión Soviética dos años después. Esos momentos tienen necrológicos que nadie discute, pero cuando se aborda del colapso de uno de los mayores  imperios políticos de la historia, muchos, inclusive aquí, rehúsan siquiera leer la noticia.

Jean Francois Revel,  el  pensador francés (“Ni Marx ni Jesús”) que hace medio siglo vaticinó que el socialismo sucumbiría aplastado por sus fracasos económicos y su desprecio por los derechos humanos, menciona una paradoja: “A pesar de que el comunismo no se aplica en ninguna parte, se le condena cada vez menos; y a pesar de que es condenado casi universalmente, el liberalismo se aplica en todas partes. ¿Por qué?”

En una conversación con el ensayista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (“El Olor de la Guayaba”), a propósito del más reciente trabajo del pensador, éste esbozó una respuesta: Entre 1917 y 1991 estuvo vigente el socialismo real. “Y no era bueno. Mal que bien, la izquierda no comunista se veía obligada a reconocer los errores y aun los horrores de este sistema: el gulag, los desastres económicos de la Unión Soviética, las masacres de gran salto hacia adelante en China…Pero, desaparecido el socialismo real y libres ya de esa incómoda realidad, políticos e intelectuales de izquierda pueden hoy regresar cómodamente a un socialismo que recupera su primitiva condición de utopía. Y la utopía, por definición, es imposible de objetar. Así, sus bellas intenciones y sus ideas generosas de igualdad y justicia social se enfrentan ventajosamente al infame liberalismo…”

Las conmemoraciones menudean. Está  la del  6 de junio de 1944, hace 70 años, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía y sellaron la derrota de Alemania nazi. Dos días antes, los fascistas habían sido expulsados de Roma. También un  4 de junio de 1989, los tanques del ejército chino masacraron a cientos (no se sabe cuántos y quizá fueron miles) de jóvenes que en la Plaza Tianamen demandaban democracia y protestaban contra la corrupción.  Ese mismo día los polacos aplastaron al comunismo con votos e iniciaron el dominó que acabó con la URSS.

Sin conmemoraciones correspondientes, otros aniversarios han tenido importancia mayúscula,. Ejemplo: el  5 de marzo de 2013 se cumplieron 60 años de la muerte de Stalin; su partida horadó  un sistema  cuyo fracaso económico y su crueldad oprobiosa  serían reconocidos sólo mucho después.  Curiosamente, ese aniversario pasó inadvertido, tal vez por el ruido de otros acontecimientos el mismo dia.  Así transcurre la gloria del mundo, habrían dicho los romanos.

 

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