Nuevo escenario en las luchas venezolanas

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La lucha que desde hace más de dos meses gana las calles en Venezuela y que ha cobrado decenas de víctimas fatales tiene estos días un nuevo escenario, hasta hace poco inimaginable: las páginas de The New York Times y The Wall Street Journal. Pese a los denuncias del presidente Nicolás Maduro contra el que describe como  “el imperio” al que acusa de querer echarlo del poder, la más cuidadosa y mesurada exposición de ideas y antagonismos ocurre estos días en medios impresos de la mayor urbe mundial del capitalismo. Sin denuestos y en inglés.

El duelo por conquistar opiniones ocurre en un escenario relativamente neutral. Los lectores de esos dos medios, cuyas ediciones impresas combinadas bordean los tres millones de ejemplares diarios,  son considerados bastante informados sobre lo que sucede en el vecino país y es plausible suponer que muchos no se sienten cómodos con un proyecto que avanza hacia la “cubanización” de Venezuela.

La serie fue inaugurada por Maduro el 2 de abril, con “Un llamado a la paz”, para vender al público estadounidense su versión de lo que ocurre en Venezuela debido a que “gran parte de la cobertura en los medios internacionales ha distorsionado la realidad de mi país”. A eso se sumaba, dijo, una narración del gobierno estadounidense en la que “los manifestantes están ampliamente descritos como pacíficos, mientras dice que el gobierno es violento y represivo”.

“En realidad –afirmó Maduro- el gobierno de Estados Unidos está en el lado del 1% que quiere arrastrar a nuestro país de nuevo a una época en que el 99% era excluido de la vida política y solo la élite, incluyendo las empresas de EE.UU., se beneficiaban del petróleo de Venezuela”. El líder venezolano pidió apoyo para que su país no sufra las sanciones que están proponiendo algunos legisladores para castigar a su régimen. Los porcentajes que ofreció no guardaban proporción con los de la última elección presidencial, en las que la oposición obtuvo cerca del 50% de los votos, ni con las multitudes que han llenado las calles venezolanas en las manifestaciones contrarias al régimen de Maduro.

Los regímenes como el de Maduro procuran que su palabra sea la última. Suelen lograrlo con cierta facilidad en sus países. Pero es más difícil en otros, especialmente allí donde es mayor el respeto a la libertad de prensa y de expresión. En este caso, la palabra de Maduro fue sólo la primera. Al día siguiente estaba en el mismo diario y con una extensión similar, el coordinador de Primero Justicia y diputado de la Asamblea Legislativa, Julio Borges. “Para que un diálogo ocurra en mi país, el Sr. Maduro debe primero comprometerse a respetar los derechos humanos…debe ordenar a los colectivos armados por el gobierno a detener sus ataques a los manifestantes e instruir a la Guardia Nacional a detener el uso de la violencia. Los manifestantes detenidos y presos políticos deben ser liberados”.

Poco después, estaban impresas las palabras del dirigente de la Mesa de Unidad Democrática, Henrique Capriles. “Estas protestas no son una conspiración”, decía Capriles. “No fueron urdidas en Washington. Son el grito de estudiantes…que arriesgan ser asaltados o violados camino a clases…las protestas nacen de hombres y mujeres que hacen filas durante horas bajo el sol con la esperanza de comprar productos esenciales que han desaparecido de los anaqueles a raíz de la corrupción e incompetencia del gobierno…”

La disputa impresa ocurre en medio de la crisis aún sin luz al final del túnel que padece la sociedad venezolana y que se agrega a la que tiene lugar en las calles. En el escenario impreso las dos partes están en igualdad de condiciones pero una de ellas carece del arma más fuerte: la credibilidad de su palabra.

3 comentarios sobre “Nuevo escenario en las luchas venezolanas

    erdosain3691 escribió:
    abril 20, 2014 en 6:47 pm

    La opinión que se tiene en el extranjero sobre la situación venezolana está más o menos condicionada por el propio régimen chavista; aplicando un bozal de dólares, por una parte, y suministrando argumentos y datos falsos por otra. De manera resumida, esa opinión viene a decir aproximadamente que, aunque las formas exteriores del chavismo puedan parecer pintorescas en los países desarrollados, el régimen funciona y la mayor parte de los venezolanos adora(ba)n a Chávez. Uno escucha y lee cosas como las siguientes:

    1- Guste o no, el chavismo es mayoría
    2- El chavismo es legítimo porque gana elecciones limpiamente
    3- Antes del chavismo, la política era profundamente corrupta
    4- Antes del chavismo, los índices de pobreza eran altísimos
    5- Durante los años del chavismo se ha reducido la pobreza y ha habido avances en sanidad y en educación
    6- La oposición venezolana se compone de clases medias y altas resentidas por los privilegios perdidos
    7- La oposición venezolana es de “derecha”

    No hace falta ser economista, historiador, o manejar información privilegiada, para responder a estas opiniones.

    1. Cualquier gobierno pierde popularidad con el paso del tiempo. El número de chavistas que dejaron de simpatizar con el régimen no ha hecho más que crecer desde 1999. Además, dejando de lado a los simples ciudadanos votantes, debe llamar la atención la larga lista de altos jerarcas, fundadores y militantes de la primera hora que han abandonado el ‘proceso’.

    2. Chávez no disimuló demasiado sus movimientos para controlar las elecciones una vez que logró el poder. La sustitución de los funcionarios técnicos por adeptos, la digitalización manipulada del voto, la organización de grupos de intimidación (cuya actividad puede verse en Youtube sin buscar demasiado), la cedulación de extranjeros convertidos en votantes, la manipulación de actas, son algunas de las tácticas. El chavismo sin Chávez disimula aún menos y ajusta los escrutinios tirando las urnas de votación en cualquier descampado.

    3. Sí, casi tan corrupta como en España, por ejemplo, pero mucho menos que en el actual régimen. Esto también es bastante fácil de comprobar, ya que los nuevos ladrones tienen gustos caros y tendencia al exhibicionismo.

    4. ¿Y a qué venían entonces los emigrantes? Según esto, esos cientos de miles de españoles, portugueses, italianos, colombianos, argentinos, ecuatorianos, etc., venían a Venezuela a convertirse en pobres. No hacen falta tampoco muchas investigaciones para constatar que antes del chavismo (a pesar de que ya estaba en marcha un proceso de decadencia innegable en la calidad de vida de los venezolanos) el país no conocía la proliferación de zonas marginales, el desabastecimiento y la inflación de estos tiempos. Tampoco era común que fueran los venezolanos los que emigraran.

    5. Quienes no hayan conocido la Venezuela anterior al 99 pensarán cómo sería aquella vaina si esto que hay actualmente representa una mejora. No me imagino por dónde hay que pasear a un visitante extranjero prochavista para no exponerlo a las visiones de Calcuta que se dan hoy en casi cualquier ciudad venezolana.

    6. Para empezar, el chavismo ganó porque lo votaron también las clases medias, así como buena parte del “pueblo” siguió votando adeco o copeyano. Esas clases medias fueron las primeras en desencantarse pero, al ritmo del creciente desastre (que las clases populares sintieron con mayor intensidad, en términos económicos o de inseguridad), el antichavismo se fue haciendo socialmente plural.

    7. En Venezuela nunca hubo “derecha”, si se entiende por eso una élite que controla el estado de cosas para mantener sus privilegios. El mayor partido de Venezuela era socialdemócrata y fue fundado por un ex comunista, primer presidente de la democracia (la aborrecida “Cuarta República”) que se encargó ante todo de retirar de las Fuerzas Armadas a los viejos militares de ‘derecha’ y promover a los oficiales jóvenes de origen popular con intención de asegurarse su agradecimiento y lealtad –de allí el extraño fenómeno de una conspiración de extrema izquierda surgida entre militares. En Venezuela no puede haber tampoco una derecha económica “controladora” porque, según se sabe, el poder económico está en manos del estado petrolero.

    Lamentablemente, por regla general, nada de esto sirve para convencer al izquierdista descerebrado estándar que uno se encuentra, con demasiada frecuencia, en el extranjero.

    […] haroldolmos La lucha que desde hace más de dos meses gana las calles en Venezuela y que ha cobrado decenas de […]

      haroldolmos respondido:
      abril 22, 2014 en 3:13 pm

      Lasuya es una actualización histórica lúcida y detallada que tiene la virtud de fastidiar a todos. No son muchos los que admiten que aun antes de Chávez estaba presente gran parte de los baches económicos y sociales que ahora resultan notorios en Venezuela. También el horizonte era sombrío. Solo que ahora todo eso parece multiplicado pese a los enormes recursos que ha percibido y aún percibe el país.

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