Día: abril 19, 2014

Nuevo escenario en las luchas venezolanas

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La lucha que desde hace más de dos meses gana las calles en Venezuela y que ha cobrado decenas de víctimas fatales tiene estos días un nuevo escenario, hasta hace poco inimaginable: las páginas de The New York Times y The Wall Street Journal. Pese a los denuncias del presidente Nicolás Maduro contra el que describe como  “el imperio” al que acusa de querer echarlo del poder, la más cuidadosa y mesurada exposición de ideas y antagonismos ocurre estos días en medios impresos de la mayor urbe mundial del capitalismo. Sin denuestos y en inglés.

El duelo por conquistar opiniones ocurre en un escenario relativamente neutral. Los lectores de esos dos medios, cuyas ediciones impresas combinadas bordean los tres millones de ejemplares diarios,  son considerados bastante informados sobre lo que sucede en el vecino país y es plausible suponer que muchos no se sienten cómodos con un proyecto que avanza hacia la “cubanización” de Venezuela.

La serie fue inaugurada por Maduro el 2 de abril, con “Un llamado a la paz”, para vender al público estadounidense su versión de lo que ocurre en Venezuela debido a que “gran parte de la cobertura en los medios internacionales ha distorsionado la realidad de mi país”. A eso se sumaba, dijo, una narración del gobierno estadounidense en la que “los manifestantes están ampliamente descritos como pacíficos, mientras dice que el gobierno es violento y represivo”.

“En realidad –afirmó Maduro- el gobierno de Estados Unidos está en el lado del 1% que quiere arrastrar a nuestro país de nuevo a una época en que el 99% era excluido de la vida política y solo la élite, incluyendo las empresas de EE.UU., se beneficiaban del petróleo de Venezuela”. El líder venezolano pidió apoyo para que su país no sufra las sanciones que están proponiendo algunos legisladores para castigar a su régimen. Los porcentajes que ofreció no guardaban proporción con los de la última elección presidencial, en las que la oposición obtuvo cerca del 50% de los votos, ni con las multitudes que han llenado las calles venezolanas en las manifestaciones contrarias al régimen de Maduro.

Los regímenes como el de Maduro procuran que su palabra sea la última. Suelen lograrlo con cierta facilidad en sus países. Pero es más difícil en otros, especialmente allí donde es mayor el respeto a la libertad de prensa y de expresión. En este caso, la palabra de Maduro fue sólo la primera. Al día siguiente estaba en el mismo diario y con una extensión similar, el coordinador de Primero Justicia y diputado de la Asamblea Legislativa, Julio Borges. “Para que un diálogo ocurra en mi país, el Sr. Maduro debe primero comprometerse a respetar los derechos humanos…debe ordenar a los colectivos armados por el gobierno a detener sus ataques a los manifestantes e instruir a la Guardia Nacional a detener el uso de la violencia. Los manifestantes detenidos y presos políticos deben ser liberados”.

Poco después, estaban impresas las palabras del dirigente de la Mesa de Unidad Democrática, Henrique Capriles. “Estas protestas no son una conspiración”, decía Capriles. “No fueron urdidas en Washington. Son el grito de estudiantes…que arriesgan ser asaltados o violados camino a clases…las protestas nacen de hombres y mujeres que hacen filas durante horas bajo el sol con la esperanza de comprar productos esenciales que han desaparecido de los anaqueles a raíz de la corrupción e incompetencia del gobierno…”

La disputa impresa ocurre en medio de la crisis aún sin luz al final del túnel que padece la sociedad venezolana y que se agrega a la que tiene lugar en las calles. En el escenario impreso las dos partes están en igualdad de condiciones pero una de ellas carece del arma más fuerte: la credibilidad de su palabra.

Idi Amín Dada

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Idi Amin Dada se hizo conocer en todo el mundo tras dar un golpe y asumir la presidencia de Uganda en 1971. Su manejo despótico se caracterizaba por una renuencia absoluta a admitir oposición. El destino comenzó a darle la espalda cuando sobre el rio Nilo empezaron a flotar síntomas de su crueldad: trozos de cadáveres de opositores que no habían sido consumidos del todo por los cocodrilos.

Apuntalado militarmente por la ex Unión Soviética y financiado por la Libia de Gadafi, su paso por el poder estremeció  las relaciones de Uganda con sus principales vecinos. Rompió con Inglaterra y peleó con USA.  Nada pudo evitar su derrota cuando se enfrentó a Julius Nyerere (Tanzania), quien apoyó a los opositores al dictador que lo depusieron hace 35 años, el 11 de abril de 1979.

¿Quiénes divulgaron el mundo de horrores de Idi Amín Dada? La prensa internacional, los corresponsales de diarios y revistas, las agencias noticiosas occidentales. La prensa local estaba intimidada y no se atrevía a poner a los ojos del público lo que ocurría en su país. Las  historias y las imágenes que transmitieron los medios extranjeros despertaron a muchos que empezaron a repudiar al tirano.

Por entonces estaba en boga la idea de un nuevo orden internacional de la información que proponía equilibrar el flujo de informaciones del norte desarrollado  hacia el sur en desarrollo. Amín Dada simpatizaba con la idea, como otros, pues calzaba con su régimen. Se trataba,  en el fondo,  de lograr que los países desarrollados del norte se interesasen por otras noticias que fuesen más locales que políticas o económicas generadas en el sur.

El tema es bastante más amplio, pero los críticos sostenían que eso llevaría a que agencias gubernamentales fuesen las únicas en informar sobre sus respectivos países. ¿Qué mejor para un régimen como el de Amin Dada que controlar las informaciones y filtrar lo que el gobierno no quería que fuese difundido?

No era  nada nuevo. El accidente nuclear de Chernobyl (abril de 1986), en Ucrania, fue conocido por el mundo sólo gracias a la prensa sueca, cuando se detectó una inexplicable alta radiactividad en la leche de las vacas. Gorbachov reconoció el accidente sólo tres semanas después.

Dato adicional: ¿Saben Uds. que cualquier simpatía que hubiese tenido Pedro Carmona en el extranjero se desplomó con la divulgación al vivo –por parte de medios internacionales- de aquella sesión en la que el dirigente empresarial derogaba las medidas más importantes dictadas por Hugo Chávez? Instalado de vuelta en el gobierno, no pasó mucho tiempo y el régimen chavista empezó a acosar a la prensa independiente de su país.

Amín Dada murió en el exilio en 2003.