Cambio para que nada cambie

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Por JOSE GRAMUNT DE MORAGAS, S.J.
El señor Presidente tiene muy desarrollado el don de sorprender. Hace dos semanas se despachó con esta lamentación: “en vano hemos incorporado ponchos y polleras en la justicia; no cambió nada”.¿A quién aludía don Evo? Probablemente a la presidenta del Consejo de la Magistratura, señora Cristina Mamani, quien responde a los rasgos más representativos de la mujer paceña: rostro mestizo, apellido aymara, manta, pollera, vistosos aretes y Borsalino. ¿Qué cambio desea el señor Presidente? ¿Que para asistir a las audiencias de algún juzgado, la doctora Mamani tenga que cambiar su apellido por el de Martini y ponerse “de vestido”, en lugar de seguir luciendo la airosa pollera?¿O que el magistrado indígena Gualberto Cusi, el que viste un hermoso poncho rojo y confiesa sin rubor que sus fallos judiciales los consulta con la hoja de coca, sobre todo los más complicados y difíciles, tenga que abandonar el poncho y vestirse con una toga doctoral? ¿Qué le pasa al señor Presidente? ¿Ha sucumbido en las aguas de la discriminación que tanto combatió en el próximo pasado?

Habrá que deplorar que el cambio impuesto al Órgano Judicial el año 2011, al introducir el voto popular para elegir a los fiscales y jueces, no fue un cambio para mejorar la institución, sino para empeorarla. En efecto, los operadores de la justicia fueron convertidos en instrumentos dóciles al Poder Ejecutivo omnipotente.

Ahora resulta que el mismo señor Presidente, que aprobó aquel sistema de elección, demanda otro cambio. Enhorabuena si el cambio es para mejor.

Aunque mucho me temo que se cumpla la famosa sentencia pronunciada por el príncipe Frabricio di Lampedusa en la novela El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. (Si no recuerdo mal, Burt Lancaster y Sofía Loren eran los principales intérpretes de la película El Gatopardo).

Otra sorpresa: al día siguiente de haber requerido el mencionado cambio en la justicia, el señor Presidente anunció la realización de una cumbre de pueblo-Estado (sic) en la que participen organizaciones sociales, entes colegiados y autoridades del país, con el objetivo de analizar y buscar soluciones estructurales para mejorar la justicia en Bolivia, dijo el señor Presidente.

Se sobreentiende que las entidades convocadas serán las obedientes al Gobierno. No obstante, y a pesar de haber propuesto una nueva denominación del Estado nacional, don Evo se hizo el modesto. Reconoció hidalgamente que: “no sé si hay que hablar de cumbre del pueblo, del pueblo-Estado”. Y si no lo sabe, ¿por qué anuncia la gran convocatoria? ¿Otro cambio para que nada cambie? ¿El Estado Plurinacional de Bolivia cambiará de nombre para llamarse Estado-pueblo de Bolivia? Éste sería el tercer bautizo de lo que conocimos como República de Bolivia.

Era pues de esperar que la definición de pueblo-Estado dejara perplejos a los politólogos más destacados. ¿O será otro cambio de la noción de Estado para que nada cambie? “Gatopardismo” químicamente puro.

No hay que extrañarse: don Evo siempre ha explotado la gran capacidad de sorprender. Cuando se le ocurre una idea supuestamente luminosa, le mete nomás. El “Estado-pueblo” sustituirá al Estado Plurinacional.

Las masas fieles al Gobierno ya se encargarán de explicar en qué consiste la nueva creatura presidencial, sin necesidad de pedir auxilio a los bufetes de ilustres abogados.

José Gramunt de Moragas S.J. es periodista.

Cambio para que nada cambie El señor Presidente tiene muy desarrollado el don de sorprender.  Hace dos semanas se  despachó con esta lamentación: "en vano hemos incorporado ponchos y polleras en la justicia; no cambió  nada”.   ¿A quién aludía don Evo?  Probablemente a la presidenta del Consejo de la Magistratura, señora Cristina Mamani, quien responde a los rasgos más representativos de la mujer paceña: rostro mestizo, apellido aymara, manta, pollera, vistosos aretes y Borsalino.  ¿Qué cambio desea el señor Presidente? ¿Que para asistir a las audiencias de algún juzgado, la doctora Mamani tenga que cambiar su apellido   por el de Martini y ponerse "de vestido”, en lugar de seguir luciendo la airosa pollera?  ¿O que el magistrado indígena Gualberto Cusi, el que viste un hermoso poncho rojo y confiesa sin rubor que sus fallos judiciales los consulta con la hoja de coca, sobre todo los más complicados y difíciles, tenga que abandonar el poncho y vestirse con una toga doctoral?  ¿Qué le pasa al señor Presidente?  ¿Ha sucumbido en las aguas de la discriminación que tanto combatió en el próximo pasado?    Habrá que deplorar que el cambio impuesto al Órgano Judicial el año 2011, al introducir el voto popular para elegir a los fiscales y  jueces, no fue un cambio para mejorar la institución, sino para empeorarla.  En efecto, los operadores de la justicia fueron convertidos en instrumentos dóciles al Poder Ejecutivo omnipotente.   Ahora resulta que el mismo señor Presidente, que aprobó aquel sistema de elección, demanda otro cambio.  Enhorabuena si el cambio es para mejor.   Aunque mucho me temo que se cumpla la famosa sentencia pronunciada por el príncipe Frabricio di Lampedusa en la  novela El Gatopardo: "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. (Si no recuerdo mal, Burt Lancaster y Sofía Loren eran los principales intérpretes de la película El Gatopardo).  Otra sorpresa: al día siguiente de haber requerido el mencionado cambio en la justicia, el señor Presidente anunció la realización de una cumbre de pueblo-Estado (sic) en la que participen organizaciones sociales, entes colegiados y autoridades del país, con el objetivo de analizar y buscar soluciones estructurales para mejorar la justicia en Bolivia, dijo el señor Presidente.    Se sobreentiende que las entidades convocadas serán las obedientes al Gobierno.  No obstante, y a pesar de haber propuesto una nueva denominación del Estado nacional,  don Evo se hizo el modesto.  Reconoció hidalgamente que: "no sé si hay que hablar de cumbre del pueblo, del pueblo-Estado”.  Y si no lo sabe, ¿por qué anuncia la gran convocatoria?  ¿Otro cambio para que nada cambie?  ¿El Estado Plurinacional de Bolivia cambiará de nombre para llamarse Estado-pueblo de Bolivia?  Éste sería el tercer bautizo de lo que conocimos como República de Bolivia.  Era pues de esperar que la definición de pueblo-Estado dejara perplejos a los politólogos más destacados. ¿O será otro cambio de la noción de Estado para que nada cambie?  "Gatopardismo” químicamente puro.  No hay que extrañarse: don Evo siempre ha explotado la gran capacidad de sorprender. Cuando se le ocurre una idea supuestamente luminosa, le mete nomás.  El "Estado-pueblo” sustituirá al Estado Plurinacional.   Las masas fieles al Gobierno ya se encargarán de explicar en qué consiste la nueva creatura presidencial, sin necesidad de pedir  auxilio a los bufetes de ilustres abogados.  José Gramunt de Moragas S.J. es periodista.
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