¿Sin salida?

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Viernes 21 de febrero. La entrega voluntaria y encarcelamiento del líder opositor más visible,  la muerte de al menos ocho personas en un conteo que parece sólo empezar, la persistencia de la protesta en las calles de las ciudades mayores, el continuo desabastecimiento y una normalidad que luce lejana y nebulosa han asentado la convicción de que en Venezuela quedan pocas opciones para una salida sin graves convulsiones.

En todas partes crece la sensación de que el experimento político latinoamericano más duradero de los últimos  años está en riesgo de venirse abajo. Su suerte, dicen algunos, puede depender de la capacidad de las fuerzas armadas (Guardia Nacional y la policía) de reprimir los disturbios y asimilar el costo institucional de las bajas.

La entrega de Leopoldo López, cabeza del movimiento Voluntad Popular que el presidente Nicolás Maduro presentó como una carta de triunfo, se ha convertido en brasa que quema las manos del régimen instaurado por el comandante Hugo Chávez tras ganar el voto popular en las elecciones presidenciales de 1998. Sin percibirlo, el “chavismo” ha logrado concitar la atención mundial sobre lo que ocurre en su país y ha catapultado a López como el prisionero más famoso y pieza indispensable en el desenlace del juego en curso.

La atmósfera de violencia bajo la que vive el vecino país se acentuó el miércoles con la muerte de la joven Génesis Carmona, víctima de un balazo en la cabeza cuando participaba de una protesta en la ciudad de Valencia. Estudiante universitaria, Carmona había sido “Miss Turismo 2013” y su muerte fue un recordatorio de que estos días la violencia no es selectiva y llega inclusive a un segmento exclusivo  del cual los venezolanos  están particularmente orgullosos: la belleza y fama de la que gozan las mujeres de su país. Han tenido seis (un récord) Miss Universo en cinco décadas, inclusive el título del certamen más reciente. El 6 de enero pasado, una banda de asaltantes   mató a balazos a la ex Miss Venezuela, Mónica Spears, y a su esposo Thomas Henry Barry cuando, sobre una carretera, aguardaban por auxilio mecánico.

El presidente Maduro responsabiliza a una difusa “derecha fascista” de querer derrumbar a su régimen, pero su retórica, apenas una imitación de la que utilizaba su mentor, el fallecido comandante Chávez, parece ya no convencer. La acusación tampoco parece percibir que en esa categoría indefinida ingresarían los cientos de miles que han participado en las protestas de estos días, con lo cual el gobierno tendría al frente a una oposición movilizada gigantesca. La acusación, dicen los críticos de Maduro, también ignora los problemas diarios en los que se debaten sus compatriotas, especialmente los jóvenes en las calles que sienten que sufren la inseguridad y todas las dificultades de una economía en terapia intensiva mientras que, al carecer de oportunidades, concluyen que el futuro en su país es demasiado estrecho. Muchos preferirían emigrar.

Previsiblemente, al lado del gobierno se han colocado los aliados de Venezuela  alineados en ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas), pero la magnitud de la crisis oscurece el significado práctico que ese apoyo pudiera tener.

Entre los manifestantes se han visto estos días letreros que decían “Cubanos, fuera”.  Eso no es anecdótico. Refleja un sentimiento que podría volverse más patente a medida que la crisis tome un cuerpo mayor. Venezuela es para Cuba un aliado fundamental.  De allí recibe petróleo  en condiciones preferenciales,  lo que le permite mantener a miles de profesionales cubanos que prestan servicio fuera de la isla bajo convenios de cooperación. Pese a que la paga que reciben es sólo una porción de lo que cobra el estado cubano, esos profesionales pueden ayudar a sus parientes en Cuba. Además, muchos informes aseguran que en Venezuela hay un número grande de militares cubanos incorporados en servicios de seguridad. ¿Se quedará La Habana de brazos cruzados dejando que se vaya un aliado tan importante? Esta sola pregunta alimenta el temor de que un desenlace de la crisis venezolana pueda tener efectos mucho más allá de sus fronteras.

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