Apuesta riesgosa

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Venezuela se encamina a quedar sin diarios impresos en pocas semanas más, en la cresta de una tormenta que arrecia y pone a la libertad de prensa entre las primeras víctimas. El gobierno otorga divisas de importación que no entrega y alimenta una espiral de desabastecimiento que ha llevado a los diarios a agotar sus reservas. El mejor dotado de los periódicos dejaría de circular físicamente en mes y medio, dice el bloque de Prensa Venezolano, que engloba a casi todos los medios impresos en ese país. Hasta entonces, otros con menos reservas habrían desaparecido.
La crisis de los medios impresos venezolanos deviene principalmente de la escasez de divisas. En Venezuela, la tasa oficial restringida es de 6,30 bolívares por dólar. En el mercado negro se cotiza a un valor entre 10 y 12 veces mayor. Por razones obvias, a ese segmento ilegal no tienen acceso los diarios. El año pasado corrió la noticia de la escasez de papel higiénico y pocos dudaron en apuntar al responsable: la ineptitud imperante en la cuna del Socialismo del Siglo 21 que también inspira al gobierno boliviano. La perspectiva de que el país se quede sin periódicos luce alarmante. “Dentro de poco tendremos un país sin periódicos, como nunca se ha visto en el mundo”, resumió Miguel Henrique Otro, de El Nacional, cuyas reservas aguantarían sólo cuatro semanas.
Si el futuro inmediato de los medios impresos es tenebroso, las tinieblas parecerían más densas ante otro síntoma: El pan empieza a escasear. Dice en el diario Tal Cual Digital Todoro Petkoff, guerrillero de la década de 1960 y demócrata desde la de 1970: “Falta pan y la sensación de desamparo, de desconcierto ante la incertidumbre se hace insoportable, porque el pan es el ícono simbólico de los alimentos.”
Las malas noticias no cesan. Sin divisas para comprar repuestos, Aerolínea Venezolana, con la mayor parte de sus rutas dentro del país, anunció que suspendía operaciones indefinidamente. La vietnamita PetroVietnan, acosada por los costos derivados de la inflación (56,2% en 2013), decidió suspender la producción en sus campos del delta del Orinoco. Las operaciones de esa empresa eran presentadas como una muestra de vitalidad de las inversiones extranjeras en Venezuela.
La escasez de divisas en Venezuela ha sido crónica en los últimos tiempos. Lo crónico ahora es crítico. El nivel de reservas internacionales ha descendido y estos días bordeaba los 20.000 millones de dólares, de los cuales más de dos tercios eran oro. Sólo unos 2.000 millones de dólares estarían disponibles de inmediato para cubrir deuda externa (104.000 millones de dólares) e importaciones. Como el presidente Maduro aseguró que no habrá devaluación este año ni más adelante, la presión por los pocos dólares disponibles sólo crece.
Con el país dividido en dos mitades –oficialismo y oposición- una apuesta por la estabilidad venezolana lucia estos días demasiado riesgosa.

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