Lecturas necesarias

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En tres semanas más conoceremos el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre la controversia marítima peruano-chilena, en el final de una disputa que ha fortalecido las bases para un mayor entendimiento entre las dos naciones y abonado la cooperación económica,  ahora en la cumbre de sus relaciones bilaterales.  Será uno de los momentos  de mayor trascendencia en el Pacífico sudamericano desde la guerra del siglo antepasado, cuando Bolivia y Perú se enfrentaron a Chile.  Nuestros  dos vecinos engavetaron la cuestión, por años una espina en los pies de ambas, y decidieron que la mejor manera de evitar traumas mayores en sus relaciones era fortalecerlas de modo que cualquiera que resulte el fallo, se vuelva sólo una anécdota en la historia de ambos.  

Cuando La Haya se pronuncie, las relaciones peruano-chilenas estarán acorazadas por un floreciente  comercio bilateral que al final de 2013 bordeaba los 5.000 millones de dólares. A ese intercambio se sumaban las inversiones directas que, por parte de Chile en Perú, llegaban a los 12.000 millones de dólares  el año pasado; las de Perú en Chile se aproximaban a los 10.000 millones de dólares. Integrantes fundadores de la Alianza del Pacífico, ambas se perfilaban como las economías mejor entrelazadas de América del Sur.

El acontecimiento ocurrirá cuando Bolivia tiene su propio litigio con Chile anclado también en La Haya,  que deberá pronunciarse en algunos años. Hasta entonces, el margen de maniobra boliviano para su demanda marítima será estrecho. Sin aliados firmes de peso efectivo, las gestiones que pueda desarrollar Bolivia dependerán de su capacidad de convencer a nuestros vecinos chilenos de mostrar un camino más claro y expedito para resolver la cuestión.

Sobre el curso accidentado de las relaciones boliviano-chilenas he recibido estos días las obras de dos protagonistas que vieron de cerca los vaivenes de la política marítima boliviana: el ex presidente Carlos Mesa Quisbert y el ex vice-canciller Marcelo Ostria Trigo. “El largo camino a casa”, del primero (Editorial Pazos Kanki), y “Temas de la Mediterraneidad” (Garza Azul, La Paz), del segundo, ilustran sobre capítulos salientes que precedieron a la política emprendida por el presidente Morales. Algunos conceptos se vuelven indelebles. El de Mesa, cuando subraya que las propuestas bolivianas siempre fueron mesuradas, como los pasos de quien camina sobre un campo minado; el de Ostria Trigo, cuando en su compacto y detallado recuento histórico subraya la necesidad de jugar simultáneamente a dos bandas y de avanzar sólo cuando todas las aristas de cada banda hayan sido debidamente limadas.

Ante el inminente fallo sobre el litigio peruano-chileno, vale la pena  repasar cada detalle que nos llevó, al menos hasta 2006, a nuestra actual encrucijada.

P.S. Este artículo fue publicado por El Deber, de Santa Cruz, este lunes 6 de enero.

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Un comentario sobre “Lecturas necesarias

    Patricio Bustos escribió:
    enero 12, 2014 en 7:12 pm

    Eminentes personajes de la vida política de Bolivia como Marcelo Ostria Trigo y Carlos Meza repasan de tarde en tarde el tema de la mediterraneidad y las relaciones chileno-bolivianas, e intentan dilucidar alguna estrategia que los conduzca a conseguir y concretar tal aspiración para su pueblo. El problema está en que Chile no tiene voluntad política de otorgar soberanía en el Pacífico a una tercera nación, otra competencia económica si se quiere; otra cultura diferente conviviendo a un costado nuestro en un pequeño espacio terrestre y marítimo sólo sería fuente de inagotable problemas de todo orden, con algunos males indeseables también, como la droga; existe también la opinión muy mayoritaria en la población chilena que simplemente se niega a comprender y cooperar con quiénes ayer se “aliaron” en su contra, intentando incluso incorporar a la Argentina con el mismo artero propósito , y es que la historia ha marcado a ambas naciones, y por cierto a Perú, que recibió toda la carga de la guerra, cuando Bolivia los abandonó en medio del conflicto.
    La guerra deja siempre huellas profundas, y , en éstas circunstancias no hay espacio aún para un encuentro “amistoso con Bolivia”, en realidad nunca lo hubo, más aún cuando el presidente boliviano agrede constantemente a Chile, pero, más allá de eso, más allá de una falta de entendimiento entre los gobernantes de ambas naciones, está el pueblo chileno, su historia , sus instituciones, sus intereses económicos y geopoliticos que se niegan rotundamente a revisar cualquier cuestión límites territoriales; en ésta materia, Chile es un país, tal vez como todos, lo ignoro, extremadamente celoso de sus fronteras; a nadie se le puede exigir, bajo ninguna circunstancia histórica, que entregue regaladamente su soberanía, o incluso con un trueque territorial, eso no ocurrirá jamás, y es bueno que así se entienda para que se procure un mayor y mejor entendimiento entre ambas naciones, bajo otras directrices u objetivos políticos; insisto en algo que ya he escrito por ahí, desde el punto de vista económico, Bolivia no requiere mar, y si su objetivo fuese acercarse a Chile con una mayor apertura comercial y de integración, abandonando el fantasma del mar, fantasma que nunca se corporizará y que sólo es una cuestión psicológica y de política interna, el mayor beneficiado sería Bolivia. Por el contrario, la agresión verbal permanente o cualquier otra actitud hostil resultará siempre negativa a sus más altos intereses, porque se cierra así misma las puertas hacia un mejor destino.

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