El Ekeko y Papá Noel

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El canciller David Choquehuanca ofreció la semana pasada una cátedra circunspecta sobre el popular Ekeko ante los representantes de las misiones diplomáticas acreditadas en Bolivia, con los que intercambiaba el saludo tradicional de fin de ano. El jefe de la diplomacia boliviana exhibió ante sus invitados la imagen entre escéptica y sonriente, de bigotes recortados cuidadosamente sobre labios gruesos , del muñeco más popular del país. 

“Quiero presentarles a nuestro Ekeko”, dijo a los diplomáticos, al exhibir al muñeco como representante de la “energía de la abundancia” que visita al país todos los años entre el 21 de diciembre y el 24 de enero, dijo, en conjunción con las fiestas de la temporada.  Contrapuso al Ekeko con el Papá Noel de las tradiciones nórdicas al decir que el gordo de barbas blancas y exuberantes bombachas rojiblancas tiene prohibido el ingreso al edificio de la Cancillería, que carece de chimenea, el pasaje predilecto de todo Noel digno de respeto.  Contó a los diplomáticos que un representante suizo había llevado al Ekeko por primera vez a su país hacía más de siglo y medio y está expuesto en un museo. “Por eso es tal vez que Suiza está como está, porque tiene esta energía de la abundancia”, subrayó.

También conocido como San Nicolás, Santa Claus o simplemente Santa, el canciller remarcó sucintamente:   “No está el Papá Noel aquí porque aquí no hay chimenea; está el Ekeko, la energía de la abundancia”.   El Canciller evitó especular sobre las distancias no sólo geográficas que separan a  los dos símbolos.

En términos simplistas, puede decirse que el oficio del Ekeko es acumular y el de Papá Noel distribuir. Mientras el volumen y peso de la carga que puede acumular un Ekeko depende de la imaginación de cada uno y es susceptible, por tanto, de ser infinita, sí hay cálculos sobre la magnitud que correspondería a Noel en la empresa que se le atribuye de llevar regalos a todos los niños del mundo: al menos cuatro veces el peso de un transatlántico como el Queen Elizabeth (90.000 toneladas x 4), y unos 214.000 venados. Sólo para citar dos de los muchos detalles de la operación en una sola noche.

En el mundo de la diplomacia se dice mucho cuando se habla poco. La sobriedad es con frecuencia un antídoto para  imprudencias y contradicciones. No por nada, un viejo dicho irlandés subraya que la principal función de la lengua es mantenerse detrás de los dientes.  El Sr. Canciller habló con extrema parquedad. Sus interlocutores decidirán si fue mucho o muy poco.

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