Mientras dormimos

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Nota: Esta entrada quedó en mi tintero desde la semana pasada. Pido disculpas por la omisión. El título alude sucesos de importancia capital, pero que en Bolivia, frecuentemente, por mirarnos el ombligo, no percibimos o desconocemos.
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Presionado por sanciones económicas agobiantes que amenazan poner de rodillas a su industria petrolera, Irán se ha comprometido a retroceder en su programa nuclear y a otorgar amplias garantías de que no desarrollará armas nucleares. Estados Unidos y otras cinco naciones (Francia, Alemania, Inglaterra, China y Rusia) han logrado un acuerdo que equivale a mover piezas tectónicas capaces de alterar el horizonte político mundial de los últimos años. Israel lo considera “un error histórico” porque ocurre, dice, cuando las sanciones empiezan a morder duro al régimen de los ayatolás.
El acuerdo ha llegado cinco meses después de la elección Hassan Rohani, el moderado que sucedió a mediados de año al radical Mahmoud Ahmadineyad, amigo de los gobiernos del socialismo del Siglo XXI en América Latina. Es un cambio mayúsculo que obliga a recomponer las bases que guiaban los razonamientos en torno al Oriente Medio y sus proyecciones sobre otros países. Ahora comprometido ante un abanico de países que cubre gran parte de la geografía y la economía del mundo, no será mucho lo que podrá hacer Irán –si aún tiene ánimo de hacerlo- para trabajar con gobiernos cuyos líderes declaran al capitalismo como el enemigo a vencer.
El acuerdo, que a lo largo de seis meses permitirá un alivio de unos 7.000 millones de dólares al comercio iraní bloqueado por las sanciones, aún no modifica las restricciones que agobian a la industria petrolera, de la que Irán se sostiene y que le permite fomentar sus relaciones exteriores. Miembro fundador de la OPEP, es uno de los mayores productores mundiales, pero a raíz de las sanciones sus exportaciones han perdido mercado para un millón de barriles diarios, más de un tercio de sus ventas. Las restricciones han agudizado la escasez de productos importados y presionado la inflación, que a mediados de año registraba oficialmente un 30% anual (competía con Venezuela aunque medios independientes creían que era mucho mayor).
Entre otros puntos, el acuerdo limita la calidad del uranio que Irán podría producir y lo confina a fines pacíficos. Israel ha dicho que no bajará la guardia pues desconfía de todo lo que emerge de Tehran. Ahmadineyad había negado que el holocausto judío hubiese existido pero su sucesor, en una posición 180 grados diferente, lo consideró una vergüenza para la humanidad.
El deshielo de los nexos de Irán fundamentalista con el mundo occidental capitalista es una inflexión que todas las cancillerías examinan con cuidado. Es considerado como el paso más significativo desde la revolución iraní que en 1979 marcó el advenimiento de los ayatolás. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua han tenido lazos estrechos con los antecesores de Rohani, a los que sentían ideológicamente próximos.
Los analistas no encuentran aún elementos para determinar los cambios que podrían registrarse con el advenimiento del nuevo líder iraní y con el deshielo a toda carrera que ha impreso a sus relaciones con el mundo occidental. Una interrogante que flota entre quienes observan el mundo diplomático se refiere al grado de sostenibilidad de los acuerdos de cooperación suscritos entre Irán y naciones del continente. Es plausible suponer siquiera un cambio de énfasis a raíz de las dificultades económicas iraníes.
Los acuerdos que firmó el gobierno boliviano contienen cláusulas confidenciales (El Diario, 2 de julio, 2013) de las que poco se ha hablado. Cualquier interés para explicar ese sigilo fue ahogado por el barullo de la interdicción y bloqueo del avión en que viajaba el presidente Evo Morales, quien en esos días se había entrevistado con el aún presidente Ahmadineyad para ratificar la continuidad de los acuerdos entre las dos naciones. El grado de continuidad que les conferirá Rohani es todavía una apuesta insegura.
En política, la ganancia de unos suele ser pérdida de otros. El deshielo que empieza a acelerarse puede complicar las dificultades que experimentan las corrientes populistas en el continente, que verían debilitado su nexo más fuerte con el Oriente Medio en momentos en que declina el modelo que aplican, ahora lejos de la popularidad que ostentaba hace unos años. Los sucesores de Hugo Chávez no son una referencia para identificarse. Con la magnitud de problemas que enfrenta Venezuela, postrada en una crisis que parece interminable, haría ruborizar a su audiencia quienquiera que viese en el presidente Nicolás Maduro un ejemplo para imitar.
No se conoce un detalle de las relaciones de Bolivia con Irán. Las autoridades nacionales habían dicho que esperaban traducir la cooperación iraní en apoyo para combatir el narcotráfico, que el país enfrenta casi solitario tras el alejamiento de la cooperación estadounidense. Debido al sigilo que ha rodeado esas relaciones, se ignora qué áreas cubren y cuál sería su intensidad.
Una conclusión mínima es que los documentos suscritos en Ginebra el 24 de noviembre pueden ser apenas una tarjeta presentación para otros acontecimientos que sólo empiezan a asomar.

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