Chile-Bolivia: En busca de forjar intereses comunes

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-III-
(Último artículo de una serie)
Las relaciones entre Perú y Chile han ingresado en los últimos años a un “círculo virtuoso” de inversiones y de integración que ha robustecido la confianza mutua entre los dos vecinos y asegurado un despegue económico bilateral que asombra por su intensidad y proyección. Por contraste, este fenómeno subraya la inexistencia de corrientes similares equivalentes entre Chile y Bolivia.
Nuestros dos vecinos han “encapsulado” la controversia sobre límites marinos que los llevó a La Haya, cuyo dictamen es esperado para el próximo año y, sin atizar episodios históricos, han estimulado las áreas no polémicas de sus relaciones. El resultado es uno de los intercambios comerciales y flujo de inversiones más dinámicos del continente.
Los vínculos económicos Bolivia-Chile se expresan en un intercambio comercial de menos de 700 millones de dólares, bastante menor que los 1.200 millones de nuestro intercambio con Perú. Ambas cifras corresponden a 2012. Todos los que abordan el tema consideran que ese volumen está lejos del potencial que existe entre ambas naciones. El comercio entre nuestros dos vecinos es casi cinco veces mayor y con una participación creciente de productos no tradicionales.
Cuando chilenos y bolivianos imaginan las posibilidades de una relación económica estrecha, de inmediato surgen el agua y minerales (litio, los dos países, junto con Argentina, acumulan de lejos los mayores depósitos del planeta y Chile es el principal productor) como palancas para un vigoroso desarrollo industrial. “Son las bases para un entramado que supere las distancias que hay entre las dos naciones”, dijeron algunos funcionarios con los que un grupo de periodistas y ex diplomáticos bolivianos conversó en Chile a principios octubre. “¿Cómo hacerlo?”, se les preguntó.
Entre las objeciones, casi todas basadas en la desconfianza entre las dos naciones, surgió una que nadie pudo discutir: factores no económicos que encarecen el transporte por Bolivia hacia Chile. Una modalidad boliviana de descargar sobre otros la responsabilidad para resolver problemas fue un ejemplo imbatible. Los bloqueos de caminos perjudican a los usuarios del sistema carretero.
En estos días, los diarios trajeron la noticia de un bloqueo sobre la carretera entre Puerto Suárez y Santa Cruz, nominalmente una ruta “transoceánica” abierta al tráfico internacional. Los bloqueadores pedían la restitución de un sub-alcalde y la presencia del alcalde titular para aquel acto. El bloqueo estaba encabezado por el asesor legal (!) del municipio donde se originaba el conflicto. Se desconoce cuántos camiones (ni volumen de negocios) fueron afectados por esa actitud, pero con certeza los transportistas dudarán antes de ofrecerse para recorrer la ruta. Otra razón citada fueron las trancas y los peajes a lo largo del trayecto de esa carretera (aún se aguarda una visita de la presidente de Brasil para proceder a la inauguración oficial). Se exige que los camiones paguen una tasa en cada municipio por los que pasa la carretera. Otro ejemplo: la demanda de los transportistas bolivianos para que sean conductores bolivianos los que manejen los camiones en el trayecto dentro de Bolivia. Uno de los interlocutores argumentó que ningún exportador, con su flota propia de transporte, cuyo personal ha sido entrenado para el tipo de trabajo que debe realizar, aceptará entregar su carga a un transportista extraño. En esta ecuación no ingresaron los seguros: no se sabe si las compañías aseguradoras aceptarían otro personal y, si lo aceptaran, cuál sería la tasa extra que cobrarían.
Hasta no hace mucho, el gas natural era un factor a considerar. Chile es uno de los grandes compradores de ese combustible, del que se creía que Bolivia sería el proveedor natural para todo el sur del continente. Chile tiene ahora varios proveedores, que van desde Trinidad y Tobago hasta Yemen. Bolivia ha salido de su circuito pese a representar un mercado potencial equivalente a un tercio de los volúmenes vendidos a Brasil.
Establecer intereses comunes permanentes ha sido elusivo desde la Guerra del Pacífico. La historia, sin embargo, prueba que los intereses comunes se imponen, aun cuando para lograrlo transcurran más de cien años.

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