Bolivia y Chile: El tiempo de La Haya

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En una reunión en Santiago con líderes de izquierda en el Instituto Chile 21, Gabriel Gaspar, uno de sus dirigentes y potencial personaje de las relaciones exteriores del probable nuevo gobierno de Michelle Bachelet, reiteró una premisa que había expresado en Santa Cruz durante un seminario hace pocos meses: Si llegare a restablecerse el diálogo bilateral, el rector de ese diálogo no serán las similitudes ideológicas que pudieran darse entre Bolivia y Chile.
“Por la vía ideológica no lo resolveremos”, repitió. “El problema es político, no es jurídico… (haber ido a La Haya) no es conducente (no contribuye a una solución) pero es comprensible”.
Una opinión marcada entre las personas con las que conversamos fue que antes de llegar a un reencauzamiento del diálogo bilateral, debería disiparse la desconfianza que resurgió tras la decisión boliviana de ir a La Haya. Algunos dirigentes recordaban que hasta la noche anterior al anuncio boliviano de llevar la gestión a La Haya el presidente Morales, en entrevista que le hacían periodistas chilenos, dejaba la impresión que el diálogo estaba bien encaminado.
Corresponderá a investigadores precisar qué pasó, pero la curva del empeoramiento de la relación bilateral tuvo registros agudos a lo largo del año pasado y de este año. Un dirigente opositor chileno dijo que Chile tuvo un pésimo manejo de de los incidentes fronterizos, especialmente en el caso de los soldados bolivianos que cruzaron la frontera, y acabaron presos por la gendarmería para, finalmente, ser liberados y condecorados en Bolivia. “Fue un manejo torpe”, dijo, y justificó las reacciones oficiales bolivianas. Si bien estuvo claro que libre tránsito no equivale a ignorar las leyes del estado concesionario ni a cometer ilegalidades, quedó de nuevo pendiente de aclaración cómo habría manejado el incidente el gobierno de Michelle Bachelet. No hay respuesta positiva posible, pues se trataría de meras conjeturas.
Resultó inocultable que afincar la demanda boliviana en La Haya con la jurisprudencia de los “actos propios” (lo que se dice hoy puede configurar compromisos de Estado) ha acentuado la desconfianza de Chile hacia Bolivia. Un diplomático me dijo que el riesgo es que con ese principio Chile “se quede mudo” o no vuelva a sugerir ninguna propuesta por temor que quede registrada en la contabilidad. Uno debe suponer que esta derivación también ha sido examinada por la cancillería boliviana antes de dar el paso que dio.
Una premisa quedó clara a lo largo de las sesiones en las que se mencionó el pleito y sus posibles arreglos: Chile no está dispuesto a dividir su territorio para otorgar un corredor a Bolivia, menos aún a conceder soberanía, cuestión angular de todas las soluciones imaginadas por Bolivia. Cualquier vínculo al Pacífico con continuidad territorial no podría ser por otra región sino por el norte de Arica, sobre la frontera entre Chile y Perú. Eso tendría que ser aprobado por Chile en un plebiscito. Conclusión: esta premisa podría provocar nostalgias por Charaña, cuando en 1975 los generales Bánzer y Pinochet avanzaron hasta una propuesta formal que entró al congelador cuando Perú, el tercero necesario en la negociación pues la región fue peruana hasta 1879, propuso que la zona de un eventual puerto para Bolivia fuese de los tres.
“Hemos intentado todo”, dijo uno de nuestros entrevistados, desde 1895, cuando Chile estuvo dispuesto entregar a Bolivia Tacna y Arica. Tras enumerar otras iniciativas chilenas dijo con desaliento: “Ahora estamos en La Haya”. Un periodista boliviano replicó que Bolivia también había intentado todo y que aún estaba con las manos vacías.
Estar bajo la justicia internacional a requerimiento de dos de sus vecinos era para Chile una hipótesis remota hasta hace algunos años. Pero la decisión peruana de llevar la controversia sobre los límites marítimos a la Corte Internacional de Justicia fue un elemento de inquietud ampliamente reconocido por los líderes con quienes conversamos. “Nos molestó”, dijo un dirigente del Instituto Libertad, del que surgió parte de la élite que colabora con el presidente Piñera en el área de relaciones exteriores.
Pero –subrayó- la sagacidad de la diplomacia de los dos países permitió “encapsular” la controversia para no contaminar el resto de las relaciones bilaterales. El resultado ha sido un intercambio comercial vigoroso, responsable de una porción importante de la fuerza económica tanto de Perú como de Chile, miembros fundadores del cuarteto Alianza del Pacífico, que incluye también a Colombia y México.
Si será posible “encapsular” la demanda boliviana y en un eventual reencuentro abocarse a otros asuntos más inmediatos es una apuesta abierta. Luis Winter, ex Director de Política Especial del Ministerio de Relaciones Exteriores y uno de los dirigentes del Instituto Libertad, en cuyas filas militan articuladores de la diplomacia chilena actual, reiteró declaraciones a los medios de su país, diciendo que, al igual que cuando Perú anunció su decisión, la de Bolivia también causó desazón. “Tampoco nos gustó”, dijo. Pero subrayó que eso “nos obliga a seguir trabajando en todos los campos” para que los dos países se reencuentren y logren una solución a sus diferencias “no sé si durante nuestra generación o las próximas”.

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2 comentarios sobre “Bolivia y Chile: El tiempo de La Haya

    Patricio Bustos escribió:
    octubre 17, 2013 en 12:14 pm

    Sr.Olmos, interesante su artículo, respetuoso, culto, lo felicito por ello, aunque para mi, como chileno, debo opinar de manera muy diferente pero con el mismo respeto.
    Sobre el tema de fondo que es la demanda boliviana de soberanía marítima, quisiera puntualizar lo siguiente:
    1.- La reunión a la que ud. asistió fue un acto con políticos que hoy no manejan las Relaciones Internacionales chilenas, y no sabemos tampoco si volverán a hacerlo, es decir, sus opiniones son palabras que se las lleva el viento y no tienen ningún valor.
    2.-En la Encuesta Nacional del Bicentenario (disponible en internet) se puede verificar que un bajísimo porcentaje de personas está dispuesto a dar soberanía marítima a Bolivia; esas personas en términos generales no están bien informadas, lo mismo que aquellos que “no saben o no responden”. Le puedo asegurar que si se les explicara en detalle lo que significaría entregarle soberanía a Bolivia, la mayoría de ellos estaría en contra.
    El resto, la inmensa mayoría de chilenos no está por entregar NADA a Bolivia, incluso, ni siquiera un enclave sin soberanía.
    3.-Sr. Olmos, Chile no regala su soberanía. Al ex-Presidente Patricio Aylwin que se estima no defendió con fuerza los intereses chilenos contra Argentina en el caso Laguna del Desierto,hasta hoy se le critica y culpa por ello; ningún político chileno y menos aun un Presidente en ejercicio, estará jamás dispuesto a regalarle a Bolivia nuestro territorio y nuestro mar por el inmenso costo político que ello le significaría, tanto a él como a su partido político o coalición política. Eso no ocurrirá, además, porque sería necesario un plebiscito que, como le indiqué más arriba, no cuenta con el apoyo mayoritario de los chilenos.
    Si a lo anterior le sumamos las repercusiones de la inamistosa demanda boliviana en La Haya, siguiendo los pasos de Perú, su hermano mayor, cabe señalar que se han ganado el repudio generalizado de los chilenos, y por tanto, cerrado toda alternativa de comprensión, confianza y entendimiento mutuo.
    En suma, Sr. Olmos, estoy muy cierto, muy seguro, que Bolivia jamás tendrá soberanía en el Pacífico, y eso que no le he hecho notar todas las otras cuestiones que implican un cesión de territorio, en términos geopolíticos, comerciales, humanos, militares, etc.,etc.,etc.
    Atte.

    Patricio Bustos escribió:
    octubre 17, 2013 en 1:04 pm

    Omití algo importante:
    Chile defiende hoy en La Haya sus derechos legítimos en contra de Perú respecto de una zona marítima que en algún momento de la historia se propuso como “posible de canjear a Bolivia”; es un territorio, como se sabe, al norte de Arica; resulta fácilmente comprensible que Chile no está defendiendo dicho territorio frente a Perú, con ingentes gastos jurídicos, diplomáticos y políticos, para luego ser obsequiado gratuitamente a Bolivia. Eso es básico de entender pero difícil de asumir por parte del gobierno de La Paz.

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