¡Lo consiguieron!

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Con este mismo título recibí en la red un artículo del colega, ahora jubilado en Cochabamba, José Gramunt. José María Bakovic, acosado sin tregua por un sistema judicial desprovisto de toda credibilidad y por el que nadie quemaría una sola pestaña, murió este sábado, tras haber sido obligado a viajar a La Paz en contra de las indicaciones médicas que prohibían que se desplazase a las alturas de la capitl política del país. Su fallecimiento pesará gravemente sobre muchas conciencias. El artículo de Gramunt:

Por José Gramunt de Moragas, S.J.

¡Por fin, lo consiguieron! Lograron que el corazón de José María
Bakovic, honrado y competente presidente del Servicio Nacional de
Caminos Institucionalizado, destituido de ese cargo de confianza, por
medio de intrigas de gente de mala entraña, sin alma ni vergüenza
ciudadana, lograran terminar con el exhausto corazón de ese ilustre
boliviano.

Le encarcelaron sin que hubiese competido ni falta ni delito algunos.
Y sin sentencia justa. Le obligaron a ir y venir inútilmente por
diversos tribunales del país. No faltaron jueces, fiscales,
secretarios y médicos forenses, que instrumentalizaron a su gusto
los dúctiles y maleables procedimientos judiciales. Unas veces
convocaban inútilmente al acusado. otras veces le obligaban a
trasladarse de una ciudd a otra. Por último y pese al informe del
instituto médico judicial, que había comprobada la delicada salud de
Bakovic, se le obligó presentarse ante una corte de la ciudad de La
Paz, siendo así que los análisis y otros informe médicos, ya habían
advertido de los riesgos de ese viaje.

Estas vulneraciones de los derechos ciudadanos así como de otras
monstruosidades judiciales se cometieron aun a sabiendo de la edad
avanzada del perseguido, y de la debilidad de su corazón. Sumadas
estas dos circunstancias, era evidente que ponían en grave peligro la
vida de su víctima gratuita. Entre todos, incluyendo a políticos
conocidos, le hicieron pasar por el calvario de las intrincadas
gestiones judiciales, todavía más enturbiada por la mala intención de
los verdugos. Los prevaricadores tampoco tuvieron la menor
consideración a los daños económicos ocasionados a su víctima. Había
que rendir por agotamiento a ese hombre íntegro y valeroso.

Pero él no se rendía. Pudo haberse reunido con sus hijos en un país
menos maleado por la política perversa. Él se resistió: tenía que
demostrar al país donde había nacido y se había criado, la
incuestionable conducta profesional y ciudadana que fue ejemplo para
todos. Y que fue puesta en duda por gente de negra conciencia.

Pese a la sañuda persecución a la que fue sometido durante
largos y penosos años, él se había impuesto el deber de mantener su
honor muy alto, como el más valioso patrimonio que podía legar a sus
familiares. Y como ejemplo para todos los que hemos sido – y
seguiremos siendo – sus amigos entrañables. Su fe cristiana le dio
coraje y esperanza para enfrentar la injusticia y la maldad.

Hasta que el sábado pasado su corazón agotado y exhausto dejó de
acompañar a la nobleza y dignidad de su carácter. Rindió su alma a
Dios. Sólo a Dios, justo Juez. Pero nunca a unos jueces fariseos y
prevaricadores.

¿Es o no es verdad?

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