Para no quedarnos solos

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El deshielo que parece darse entre Estados Unidos e Irán puede estar reorientando la brújula mundial, en un desplazamiento geopolítico vigoroso capaz de alterar el trazado de las relaciones internacionales de muchos países, incluso del nuestro. Que los dos países manifiesten gestos a favor de un reencuentro al cabo de décadas de rencillas y confrontaciones debería mover a reflexiones de fondo en la política exterior nacional.

Con Irán regido por Mahmud Ahmadineyad, Bolivia pudo acomodarse sin dificultades dentro de la línea expresada a El Deber por el presidente Evo Morales en la entrevista publicada el martes: “Entre un pro imperialista y un anti imperialista jamás habrá coincidencias”. Hablaba de cuestiones internas pero, extrapolada, la frase explicaba el posicionamiento que Bolivia ha tenido estos años al lado del gobierno de Irán, al que consideraba “anti imperialista”. Este alineamiento puede verse amenazado si Irán se aleja de la confrontación e ingresa a una fase de cooperación o de entendimiento. En un caso así, ¿cuál será la reacción de Bolivia?

El avance hacia un reencuentro puede dar lugar a una distensión en los mercados petroleros mundiales, que no ignorarían el mensaje tranquilizador que conlleva lo que está ocurriendo. Israel, pieza fundamental en el Medio Oriente, podría sentirse menos preocupado en tanto que Irán, con graves aprietos económicos, concluiría que puede aumentar su producción petrolera (está entre los cinco países con mayores reservas en el mundo) para compensar eventuales bajas de precios resultantes de esa distensión. En fin, un dominó capaz de sacudir las barreras que emergieron con la caída del Sha en 1979.

El nuevo presidente iraní Hasan Rohani marcó diferencias fundamentales con su antecesor el pasado miércoles cuando condenó el Holocausto judío. Esa matanza era precisamente la que Ahmadineyad negaba, apoyado por el silencio de sus aliados. “Los nazis cometieron una masacre contra los judíos y la condenamos”, dijo en una reunión con periodistas en Nueva York, donde viajó para asistir a la Asamblea General de la ONU.

La vida de las naciones y de sus líderes está plagada de imprevistos que recurrentemente modifican rumbos y destinos. La reaproximación que ha surgido tiene las características de un punto de inflexión sobre el que se debe reflexionar. Otros países lo harán, pues es importante no quedarse solos.

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