Entre el yunque y el martillo

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Agobiados por la falta de papel, los diarios provinciales venezolanos han empezado a entrar en quiebra y cerrar, en una secuencia peligrosa resultado de una cadena de factores, entre los que se destacan la escasez de dólares para importar, la dificultades burocráticas para conseguirlos dentro del marco oficial y, como tela de fondo, el desinterés oficial para facilitar la vida del que ha sido hasta ahora el camino más accesible para la información de cientos de miles de lectores. Media docena de diarios provinciales venezolanos ha cerrado sus puertas este año (tres solo en agosto) y las perspectivas no son halagüeñas para una treintena de publicaciones fuera de las principales ciudades. El fenómeno es una llamada de atención sonora para los medios escritos en general: el futuro no es risueño.
La advertencia no es ninguna novedad, desde que los medios digitales empezaron a cobrar protagonismo a fines del siglo pasado y las filas de lectores empezaron a enflaquecer. Pero se vuelve alarmante cuando se le agrega un clima político hostil para la libertad de expresión y que empeora con las deficiencias de la gestión de gobierno. Con aluviones de petrodólares en los últimos años, Venezuela debería ser una locomotora económica continental en plena bonanza. En cambio, está otra vez endeudada externamente, más de lo que estuvo cuando estalló la crisis cambial de 1983. Ahora luce rendida ante la mayor inflación de la región (se cree que a fin de año llegará al 40%) que el gobierno de Nicolás Maduro no puede explicar. Tampoco pudo hacerlo el fallecido Hugo Chávez. El gobierno busca razones a tientas y la única que ha encontrado hasta ahora es una “derecha” formidable habría sido capaz, incluso, de provocar esta semana un apagón eléctrico en el país sinónimo de energía. La escasez de productos esenciales no ha sido paliada y la desconfianza crece. Siete de cada 10 venezolanos perciben que la economía de su país va por mal camino (El Universal, 05-09) y la mayoría cree que la culpa es de su gobierno.
Hace tres décadas, Venezuela podía jactarse de haber ampliado las fronteras de lectura en su población con la multiplicación de los medios impresos. No había una ciudad mediana (hasta 50.000 habitantes) que no tuviese por lo menos dos diarios. Esa tendencia empezó pronto a estancarse y después a contraerse, particularmente tras la consolidación de la información hasta entonces no convencional proveniente de otros medios (internet). Además, las colisiones cada vez más intensas del gobierno contra los medios ahuyentaron el interés por invertir en la renovación y desde el año pasado conseguir papel de imprenta se volvió, al decir de voceros de los periódicos provinciales, “una vía crucis”. No hay libertad de prensa sin periodistas, pero el cierre de algunos medios ha abierto un abismo para el empleo de unos 6.000 profesionales de la información, dice el Bloque de Prensa Regional de Venezuela. Si se quiere acabar con la libertad de prensa, privar a los periódicos de papel o hacerles imposible comprarlo, es una manera sigilosa y diabólica de evitar el pluralismo informativo.
“Este año habrá de todo para la fiesta de diciembre: regalos, hallacas, whisky, pero no tendremos periódicos”, dijo el portavoz del bloque, Rogelio Díaz. En 2012 el papel de imprenta había sido eliminado de la lista de importaciones prioritarias y este año se volvió más difícil conseguir divisas, incluso al precio del mercado paralelo, superior al cambio oficial. La situación resulta comprensible si se la compara con la escasez de otros productos, incluso alimentos y hasta el papel higiénico, que ha vuelto un caos la abundancia que debía reinar en ese país al que a naturaleza le confirió todo. La mayoría de los venezolanos informados querría saber en detalle el destino del billón de dólares (12 ceros) recibido por el país en los años de Hugo Chávez y, desde abril, de su sucesor Maduro. Jamás Venezuela tuvo tanto y jamás hubo tamaña escasez.
El ocaso de los medios imposibilitados de tener papel donde imprimir informaciones, opiniones e ideas es una mala referencia para los gobiernos vinculados ideológicamente al de Venezuela, entre ellos el nuestro. Ocurre cuando los periodistas bolivianos están de nuevo ante el desafío de hacer frente a iniciativas gubernamentales percibidas unánimemente como nocivas para la libertad de prensa.
Nota: Otro periódico, El diario de Sucre, del sur venezolano, se ha sumado a la lista de medios que han descolgado sus banderas desde la publicación de este artículo en El Diario, de La Paz, el domingo 7 de septiembre.

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