De La Paz a Corumbá

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La salida del senador Roger Pinto y su presencia en Brasil es el mayor revés diplomático sufrido por el gobierno desde que el legislador pandino obtuvo el asilo del país vecino. Por la pertinaz la negativa de las autoridades a otorgar salvoconducto al senador, se suponía que la sede de la representación brasileña en La Paz era la más vigilada por los servicios de seguridad. Pero había brechas de seguridad en los sistemas de información del gobierno pues, que se sepa, ningún agente se percató del desplazamiento que ocurría en la sede brasileña.

El dirigente opositor, quien se asiló en la embajada en mayo del año pasado perseguido por dos docenas de juicios que le había instaurado el gobierno, debe haber salido de la residencia a mediados de la semana que acaba. Puesto que salió bajo una logística que de alguna manera sus forzados anfitriones proporcionaron, se descartaría un desplazamiento aéreo. El trayecto debe haber sido terrestre: La Paz-Santa Cruz-Corumbá.  Es un recorrido que demandaría no menos de 24 horas. Como un rally memorable.

Esta noche eran intensas las especulaciones entre observadores, analistas, políticos y diplomáticos sobre las derivaciones del caso. Pinto ha estado 453 días en la embajada brasileña (conteo de Erbol)  y sólo las anotaciones que pudiera haber registrado generan curiosidad. En esos días está escrita una porción  importante de las relaciones entre los dos países, que han estado tensas como pocas veces en su historia.

Hasta esta noche no había un pronunciamiento orgánico de las autoridades, salvo algunas declaraciones dispersas a través de medios del estado. La vocera oficial del gobierno, Ministra de Comunicación,  Amanda Dávila,  dijo que la condición de Pinto había cambiado de “asilado a prófugo de la justicia boliviana” (ABI). Se supone que habrá una gestión, sin mayores perspectivas de éxito para extraditar al senador dados los antecedentes que rodean el caso.

El Ministro de Gobierno, Carlos Romero, uno de los críticos de la concesión brasileña de asilo a Pinto, se mantuvo en discreto silencio. Otras autoridades como las presidentes del Poder Legislativo, que condenaron ácidamente la decisión de Brasil, también optaron por alejarse de los micrófonos. La misma actitud fue observada por el canciller David Choquehuanca y su circuito inmediato. Se trataba de un ruidoso silencio.

Un desenlace como el ocurrido no era imprevisible. Brasil no podía dejar que el “caso Pinto”  dejase en duda su calidad como uno de los campeones de la defensa del derecho de asilo. Las vías de persuasión para dar una solución al impasse fracasaron. No se conocen en detalle cómo se produjeron esas gestiones, pero se puede asegurar que han sido intensas.

Para facilitar el desplazamiento del senador puede haber contribuido el evento, verdaderamente ruidoso y genuinamente trágico, que ayer y hoy tuvo capturados los ojos y oídos del país: la tragedia de Palmasola.

Aguardan un recuento detallado tanto el rally La Paz-Corumbá del senador Pinto como la carnicería que ocurrió en la mayor prisión del país.

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