La traducción

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El juicio por el caso Hotel las Américas tiene las ruedas atravesadas por una estaca: la traducción de las palabras de uno de los acusados que no habla castellano. No parece que con los medios de que dispone el tribunal haya una manera de probar que lo que la traducción dice que dice el acusado corresponde a la verdad o a la integridad de sus palabras. El idioma natal del acusado Elöd Tóásó es el húngaro. Que se exprese en su idioma es como si lo hiciera en mandarín medieval. Nadie en las audiencias del bullado proceso lo entiende. El traductor oficial hace lo posible con el húngaro que aprendió hace 30 años, cuando estudiaba telecomunicaciones en Budapest, pero no puede ir más allá de lo que iría un médico sirviendo de intérprete a un pescador, o viceversa.
El tribunal y la acusación han decidido mantener la traducción trepidante y con frecuencia incompleta que ofrece –probablemente a pesar suyo- el boliviano Martín Santos, experto en telecomunicaciones. Quienes trabajan con idiomas saben de las sutilezas de toda lengua y que intentar traducir literalmente es suicida. Un traductor al inglés de las obras del Nobel Mario Vargas Llosa contaba en una entrevista sus dificultades para traducir y recomendaba a los aspirantes un contacto permanente con las lenguas en las que trabajan, pues se vuelven esquivas si no están bajo uso intenso. El esfuerzo es mayor cuando la traducción es verbal.
En otros lugares la traducción es una profesión valorada. Ejercitarla requiere de un diploma y certificación oficial que autoriza a trabajar en traducciones desde o hacia idiomas específicamente determinados. Los actos públicos no refrendados legal y profesionalmente no tienen valor legal.
Tóásó ha afirmado que las primeras declaraciones que se le atribuyen ocurrieron sin traductor y que desconoce qué firmó; otras fueron con ayuda del inglés, que entonces, hace cuatro años, sólo balbuceaba (aprendió un inglés elemental con un canadiense compañero de prisión, me dijo), y otra con apoyo de un funcionario honorario de un consulado húngaro. Sólo hace dos años, dijo, tuvo una breve traducción eficiente. Fue suspendida porque la traductora era una extranjera que requería de visa y contrato de trabajo. El tribunal no asume costos; así, la versión del sobreviviente del asalto al hotel oída estos días es extremadamente incipiente.
Los riesgos de una causa llevada así son grandes, más si conllevan cargos que van de magnicidio a separatismo.

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