Otra vez los fantasmas

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Las declaraciones del húngaro-rumano Elöd Tóásó ante el tribunal del Juicio del Siglo el pasado viernes han traído un elemento inesperado que desafía el escenario de la tesis del gobierno desde que estalló el episodio hace 52 meses: por lo menos una persona, el irlandés Michael Dwyer, no murió en el Hotel Las Américas. Fue ejecutado en el aeropuerto en un área de aviones militares mientras él era subido a uno de ellos, dijo el acusado y uno de los dos sobrevivientes del episodio cuyas secuelas son para Santa Cruz todavía una pesadilla.

El acusado, que en Santa Cruz habló por primera vez en medio de las dificultades ocasionadas por una traducción deficiente de sus palabras, ha alimentado de nuevo las sospechas de participación de extranjeros en la operación que liquidó al boliviano-húngaro-croata Eduardo Rózsa Flores, al húngaro Arpad Magyarosi y a Dwyer.

Las sospechas las levantó inicialmente Mario Tádic Astorga, el otro sobreviviente, cuando en marzo escribió en la internet que en la tarde anterior a la madrugada del 16 de abril había bajado a la recepción del hotel para comprar cigarrillos. No encontró Marlboro entre las vendedoras de la calzada y acabó comprando Camel. Tádic también escribió que fumaba en la recepción cuando vio que ingresaban militares de Venezuela, al parecer tripulantes de un avión de ese país. La cajetilla de Camel era visible sobre una de las mesas del área. “Nadie más pasó por el lugar” y él volvió a su habitación. En la madrugada, cuando ya estaba rendido a la unidad que había ingresado a hotel, hincado y contra la pared del pasillo, enmanillado y la cabeza envuelta con una sábana, una de las personas que entró a la habitación le dijo a otra: “Éste es el que fuma Camel”.

La afirmación sobre el aeropuerto y la versión de supuestos extranjeros deberían ser investigadas a fondo.  No se conoce una explicación que elimine las dudas sobre los protagonistas del episodio. Tádic sostiene que no eran sólo bolivianos los soldados que tomaron el hotel, pues, según escribió, utilizaban formas de expresión que no son corrientes en Bolivia. Sospechas similares también han acompañado otros incidentes, como el de Porvenir (2008) y el de Chaparina (2011).

Dwyer estaba con vida, aseguró Tóásó, porque pudo reconocerlo cuando estaba arrodillado, a su derecha, calzoncillos rojos y un tatuaje característico que le cubría parte del brazo. Si estaba en esas condiciones, gana fuerza la declaración que ofreció la forense oficial del estado de Irlanda, Marie Cassidy, en su informe sobre la necropsia del cadáver de Dwyer. Su compatriota, dijo, fue ejecutado con un solo disparo que le reventó el corazón. El porqué de las discrepancias entre el informe de la máxima autoridad forense de Irlanda y el de los médicos bolivianos no ha tenido respuesta.

Tádic dijo que tras el ataque repentino al hotel y el ingreso de la tropa policial escuchó quejidos. “Los muertos no se quejan”, dijo.

Tóásó trajo un nuevo elemento que entra en juego: una de las primeras personas en interrogarlo fue Juan Carlos Nuñez del Prado, por entonces funcionario del Ministerio de Gobierno, quien ha negado esa alegada participación pero no ha sido convocado para testimoniar ante el tribunal. El acusado dijo que lo había reconocido por la voz registrada en el –tampoco aclarado- video-soborno revelado a principios de 2011. En esa filmación, una persona le entrega a Ignacio Villa Vargas fajos de dólares (más de $30.000, según ese video). Villa Vargas, mejor conocido como “El Viejo”, dijo que ese dinero (ignora el total) sólo apareció para la filmación del video, al que le ha atribuido un propósito de desinformar para restarle credibilidad a partir del momento en que dejó de ser “testigo clave” del ex Fiscal Soza para convertirse en acusado y en uno de los enjuiciados.

Sólo una investigación creíble podrá despejar las dudas sobre lo que realmente ocurrió y que apuntaló la tesis del gobierno de que en Santa Cruz se conspiraba para asesinar al presidente Morales, desatar acciones terroristas que iban a iniciarse con un atentado en la residencia del Cardenal Terrazas y otros extrañamente anticipados en un memorial presentado por el Ministerio Público antes de que ocurriese cualquier incidente que provocase una investigación.

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