Juicio del Siglo empantanado

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Las dolencias de una juez han puesto en aprietos al tribunal que preside el Juicio del Siglo, donde los cargos de conspiración para matar al presidente Morales van de la mano de los de alzamiento armado, terrorismo y separatismo. Es una de las acusaciones más graves formuladas por el Ministerio Público en contra de un grupo de ciudadanos en toda la historia nacional.
Los problemas de salud no son nuevos para este tribunal, cuyas audiencias tienen lugar en Santa Cruz desde principios de año. Ya tuvo que tomar decisiones cuando uno de los acusados sufrió un infarto en plena sala de audiencias a principios de año, en Tarija. Ahora tiene dificultades para decidir entre apartar del proceso a la juez Julia Elena Gemio o mantenerla. Los miembros del tribunal no son substituibles y deben acompañar los casos que se les asigna hasta el final del proceso. Un alejamiento de la magistrada debilitaría al tribunal pues una baja adicional por cualquier motivo podría llevar a su disolución. Mantenerla conlleva el riesgo de repetidas demoras y pausas en el proceso que estalló el 16 de abril de 2009, cuando ocurrió la incursión policial al Hotel Las Américas y que con el correr de meses y años es causa de exasperación entre los acusados y sus parientes. En el mes de julio hubo sólo dos sesiones parciales, en los días 29 y 31, y el debate fue dominado por la ausencia de la juez.
La magistrada, de 46 años, tiene baja dictada por la Caja Nacional de Salud, corroborada por la forense a la que regularmente recurre el tribunal, la sucrense Sheila Cádiz Gutiérrez. Sufrió una parálisis facial y su rehabilitación puede llevar unos 30 días. El pasado jueves juez Sixto Fernández optó por suspender las audiencias hasta el 12 de agosto. Ante la pregunta de si, por tratarse de una dolencia de origen nervioso, no estaría simplemente prorrogando la decisión de apartar del proceso a la jueza, respondió que estaba seguro que la magistrada se reincorporaría. La afirmación sobre un problema de difícil predicción, pues por su origen nervioso la recuperación depende también de otros factores, dio lugar a comentarios sarcásticos de la defensa. “El juez se ha vuelto un especialista médico que, además, lee el futuro”, dijo Otto Ritter.
La reanudación de las audiencias dentro una semana mostrará si el optimismo del juez era justificado o si la defensa tenía razón al plantear su alejamiento.
La dolencia de la juez plantea otros ángulos que fueron recordados por la defensa en las dos sesiones finales. El tribunal no aceptó separar a Ronald Castedo del proceso colectivo que involucra a 39 imputados. A principios de año, el ex presidente de COTAS sufrió un infarto que obligó a trasladar las audiencias de Tarija a Santa Cruz. En mayo, Castedo sufrió un desmejoramiento notable y otra vez debió ser internado de urgencia. Los médicos le colocaron un “stent” para facilitar el fluido sanguíneo por una de sus arterias. La forense oficial opinó que Castedo podía continuar asistiendo a las sesiones, en línea con la argumentación de la acusación. Desde entonces ha habido sólo tres o cuatro sesiones que han aumentado las semanas que lleva el proceso, rumbo a cumplir 52 meses.
El tribunal ha sido también inflexible con otros acusados, inclusive el general Gary Prado Salmón, a quien se le exigió un examen forense minucioso que también determinó que debe asistir a las sesiones, durante las cuales su esposa María del Carmen y su hijo, el abogado Gary Prado Araúz, lo auxilian con fisioterapia en un angosto corredor al lado de los asientos del público.
La exasperación por la dilación del proceso fue notoria el jueves cuando dos acusados, Gelaffio Santisteban y Juan Carlos Guedes, expusieron brevemente sus propios problemas de salud. Santisteban tuvo una fractura en la muñeca (“ni me acuerdo en qué año ni cuándo; estoy tanto tiempo preso”), pero las autoridades del penal de La Paz no le permitieron ser tratado por un especialista. Le dijeron continuamente que sólo tenía una luxación. Ahora padece de una bursitis crónica y tampoco recibe el tratamiento adecuado.
Guedes, normalmente de voz altisonante, apenas consiguió hablar a causa de una laringitis aguda resultado dijo, de un edema pulmonar causado por “la pateadura que recibí de la UTARC” (la unidad que invadió el hotel. “Estoy perdiendo la voz”, le dijo al tribunal. “Pronto debo declarar y no sé si podré hacerlo”.

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