Mes: julio 2013

Chile-Bolivia: Sólo resta esperar

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La demanda marítima de Bolivia ha entrado en un tobogán desde el momento que el país decidió acudir a La Haya. De ahí no saldrá sino al acabar el recorrido, que puede demorar años, mucho más tiempo del que los bolivianos desearían. Sería necio esperar que bajo una nueva presidencia de Michelle Bachelet, favorita para ganar las elecciones de su país en noviembre, ocurra una mejoría capaz de reconducir favorablemente para Bolivia la cuestión marítima. En pocas palabras, nunca fueron tan malas las relaciones entre Bolivia y Chile. Igualmente, nunca fueron tan malas las cartas en la mano de Bolivia para librar su batalla diplomática suprema.

Estos conceptos fueron registrados la semana que pasó en el encuentro académico sobre “percepciones recíprocas y construcción de confianzas Chile-Bolivia” que anualmente realizan la Universidad de Aquino Bolivia (UDABOL) y el Consulado General de Chile, con participación de académicos de los dos países y alumnos de la carrera de Relaciones Internacionales de esa casa de estudios superiores. No hubo un contrapeso de opiniones bolivianas que encomiasen o defendiesen convincentemente  las bondades del camino seguido.

Al ir Bolivia a La Haya “se dañó la confianza” que los dos países procuraban construir; reiniciar el proceso de aproximación será un trabajo de orfebrería que no se vislumbra en el corto plazo, dijo Gabriel Gaspar, uno de los exponentes de las relaciones exteriores del vecino país y posiblemente llamado a ocupar funciones de importancia bajo el eventual segundo gobierno de Bachelet.

Gaspar dijo también que la cancillería boliviana no parece haber examinado la posibilidad de que la Corte Internacional de Justicia rechace la demanda. Esa línea de razonamiento parecía traer la pregunta: ¿Qué hará entonces Bolivia? Como una admonición, agregó que “Chile cumplirá rigurosamente” lo que decida el tribunal internacional.

El ambiente en el aula magna de la universidad se volvió gélido. Gaspar era el último en intervenir en la serie de presentaciones, en las que estaban presentes unos 200 estudiantes e invitados especiales. En las cabezas de muchos puede haberse cobijado el temor de que, con pocos amigos a los cuales acudir, Bolivia tendría su demanda encerrada en un jaque de alcances tal vez fatales y un fracaso estrepitoso de la llamada “diplomacia de los pueblos”.

En respuesta a quienes del lado boliviano en el foro habían expresado esperanzas de que la retoma del gobierno por parte de Bachelet y de la izquierda moderada reimpulsaría el diálogo bilateral, el académico chileno, profesor universitario y representante del Instituto Chile XXI, sentenció: “No es bueno ideologizar las relaciones exteriores”. El mensaje era muy claro para quienes en el gobierno piensan que las buenas amistades sólo ocurren si existen afinidades ideológicas. El profesor chileno dijo que el mejor vecindario al que Chile aspira “no es el que más nos quiera sino el más estable”. Subrayó que la “agenda de 13 puntos” elaborada bajo los presidentes Morales y Bachelet, tenía como columna vertebral el Tratado de 1904. Sin esa columna, que opera como la cuerda que une a las piedras del collar, todos los demás puntos se derrumbarían.

El desequilibrio que enrumbaba los vientos del debate al lado de Chile llevó a la directora de la carrera  de relaciones exteriores y vicerrectora  Roxana Forteza a intervenir y sostener que los tratados no son irrevisables, y citar ejemplos de eso (Panamá, y otros entre Bolivia y Chile anteriores a la guerra de 1879).

Las disertaciones, ocurridas el miércoles y jueves pasados, fueron abiertas por el catedrático de la carrera de Relaciones Internacionales y ex embajador boliviano Antonio Mariaca Mendieta. El ex diplomático hizo un llamado a no dejar que la cuestión marítima contamine todo el escenario amplio y próspero que ofrecen las relaciones bilaterales. En vista de todo lo dicho en el foro, el llamado pareció la mejor carta para buscar salidas al atolladero diplomático.

Tras un blindaje para proteger las otras áreas de interés bilateral, se podría marchar, dijo, hacia “una negociación diplomática seria” que contemplaría un canje de territorios bajo una atmósfera “realista y no anclada en el rencor o la historia” pura y simple. “Ojalá pase ya este oscurantismo y podamos ver un relacionamiento mejor entre los dos países”.

En el lado boliviano me pareció percibir una nostalgia por Charaña, y lo que esa aproximación -la mayor entre Bolivia y Chile-, representó. Implicaba un canje territorial y colapsó cuando Perú,  llamado a decidir sobre la concesión sobre tierras que fueron peruanas antes de la Guerra del Pacífico, propuso un puerto trinacional en el lugar escogido (sobre la frontera costeña peruano-chilena). La ausencia formal  de Perú en  el  foro de la  semana pasada ilustró la necesidad de incorprar a ese país en futuros debates.

El rompecabezas que se presenta para Bolivia ocurre en un momento excepcional de las relaciones peruano-chilenas. Nunca fue tan intenso el intercambio  comercial bilateral  ni las inversiones de Chile en Perú fueron tan volumninosas (alrededor de 20.000 millones de dólares). Los dos países son miembros fundadores de la Alianza del Pacífico que, al  lado de Colombia y México, se yergue como una sombra sobre el  Mercosur, que languidece después de haber sido visto como la mejor promesa de integración en América del Sur. Bolivia no ha siquiera observado oficialmente este novedoso proceso integracionista y se  empeña por incorporarse a un Mercosur ensombrecidopordisputas internas.

Intervinieron en el foro, como expositores o moderadores, el ex presidente del senado Oscar Ortiz, el catedrático de ciencias políticas de la Universidad Gabriel René Moreno, Manfredo Bravo; Osvaldo Barriga, por la cámara de exportadores de Santa Cruz; Hugo Siles, de la NUR; Francisco González Silva, por la administración del puerto de Arica; Francisco Terceros, de UDABOL; Rubén Darío Cuéllar, de la Fundación Nueva Democracia (Bolivia); el Almirante Ismael Shabib (UDABOL); Ángel Soto, de la Universidad de Los Andes (Chile); el Cónsul General de Chile, Jorge Canelas, y el funcionario de esa representación y estudioso de las relaciones chileno-bolivianas José Miguel Concha.

Era el primer encuentro boliviano-chileno de tras la presentación de la demanda boliviana en La Haya, lo que le confería importancia. Pero fue escasa -o invisible- la presencia de medios informativos.

En el rastro de la noche

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El presidente Evo Morales se encontraba la noche que pasó en una tormenta diplomática que lo colocó en el epicentro de atención noticiosa mundial. En Rusia había dicho que evaluaría la concesión de asilo en Bolivia del controvertido contratista de la CIA Edward Snowden, brasa diplomática ardiente que nadie se atreve a agarrar, y al día siguiente, en la estela del temor de que en él estuviese el ex agente, el avión presidencial no podía sobrevolar ni Francia, Italia ni Epaña y le era negado aterrizar en Portugal. Entonces tuvo que ir de emergencia a Austria y de allí esperaba reemprender la ruta hacia La Paz y llegar a Bolivia este miércoles. El susto general del gobierno en Bolivia y, se supone, de la exclusiva comitiva que acompañaba al Presidente, empezó a apaciguarse cuando los países que habían vetado al avión levantaron la interdicción.
La noticia arrasó en los noticieros de la TV con las reacciones de perplejidad y enojo de funcionarios oficiales. Hubo reproches profusos de algunos comentaristas que identificaron el episodio como resultado de “ligerezas” en la conducción de las relaciones exteriores de Bolivia, ahora con escasos amigos en el mundo, y a la soltura verbal del presidente Morales. El analista Alfonso Román, en red Uno, y el ex presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Arce, escenificaron un pugilato verbal. La mesa para los debates estaba servida por el discurso del vicepresidente Álvaro García en el Palacio de Gobierno, transmitido en directo por PAT (No Mentirás), precedido por la denuncia del canciller David Choquehuanca, quien aseguró que el presidente Morales era rehén y que la versión de que Snowden estaba en el avión presidencia era una mentira.
El vicepresidente lanzó una filípica contra los gobiernos europeos envueltos en la interdicción del avión y contra Estados Unidos, y llamó “a los pueblos del mundo” a cerrar filas para proteger al mandatario boliviano, de quien dijo que estaba “secuestrado por el imperialismo”. Fue un mensaje fuertemente emotivo. Acusó a los países europeos que intervinieron en la interdicción de doblegarse ante Estados Unidos y pidió que en, en aras de su fuerza cultural e histórica, Europa no asuma el papel de gendarme que secuestró a un gobernante indio. No se conocía oficialmente si Washington había jugado algún papel en la interdicción.
El analista Román, conocido en Santa Cruz pero desconocido por el ex presidente de la Cámara Baja, destacó que hablar de asilo para un perseguido por Estados Unidos había sido una irresponsabilidad que reflejaba una política exterior que no calibraba consecuencias. Arce replicó con dureza desde La Paz. Su respuesta provocó que, después, el conductor Enrique Salazar, dijera que Román había sido una víctima de la discriminación. Espero poder ver el segmento televisivo subido en la internet, pues se trata de una pieza que vale la pena ver lo mismo que el mensaje del Vicepresidente.
Otros asumieron un rol de ataque o defensa del gobierno y de solidaridad o con el presidente Morales y su gobierno. Hubo mención a casos irresueltos por la justicia, como la paliza sobre el Tipnis y Jacob Ostreicher. Fue una noche nada feliz que provocará más reacciones.

Enamorar a Santa Cruz: la comezón del 7mo año

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La revista digital e impresa Nueva Crónica y Buen Gobierno del Instituto Prisma inició la semana pasada una etapa de ediciones de contenido más diverso y presentación más en sitnonia con el universo cibernético. Escribí para esa revista el siguiente artículo:

El Instituto Nacional de Estadísticas anunció a fines de enero algunos resultados básicos del censo nacional de población, vivienda y otros. Tres meses después, tras asimilar los datos que colocaban a Santa Cruz como el departamento más poblado de Bolivia al igual que a su capital como la urbe de mayor concentración demográfica, las autoridades del partido gobernante anuncian un propósito, convertido en mantra que se repite con frecuencia: enamorar a Santa Cruz.

Esta “comezón” en el séptimo año del gobierno del presidente Evo Morales y del MAS evoca, por ahora sólo en el título de esta nota, la obra teatral de George Axelrod llevada al cine en la década de 1950 y una de cuyas escenas es ícono de la industria cinematográfica universal: la falda de Marilyn Monroe se levanta soplada por una ventilación subterránea y la rubia ruborizada exhibe el esplendor impecable de sus piernas.

Acá, en el Estado Plurinacional, hay elementos diferentes y no son una obra de teatro. Hay una comezón aunque no estamos bajo un verano ardiente sino en pleno invierno,  ni hablamos de un marido solitario con una rubia despampanante en el piso de arriba. No hay duda que la nueva comezón, perdón, iniciativa del gobierno ofrece un vasto margen para discurrir.

Para comenzar, el empeño oficialista tiene barreras que tal vez van más allá de la buena voluntad para un romance sincero. La primera y más inmediata es la herida abierta que representa el “Juicio del Siglo” contra 39 personas, que diariamente, ante los ojos de muchos cruceños, apunta a la cúpula superior del gobierno como gestora de un plan para acabar con la dirigencia oriental,  o cuando  menos volverla políticamente inocua. Resulta demoledor para un pretendiente llevar flores a la pretendida cuando hay un clarinete estridente representado por ese juicio que recuerda supuestas malandanzas que lo proyectan como malo, insincero y peligroso para la novia.

Más atrás se yergue otra barrera. Terebinto y las atrocidades cometidas por milicianos indígenas hace medio siglo está vivo en la memoria cruceña. También está la del desdén por el Memorándum de 1904 suscrito por cruceños visionarios que proponían la alternativa de la ruta hacia el Atlántico para romper el cerco que se había levantado en el Pacífico. Ni siquiera mencionado en las aulas de historia nacional, el documento fue totalmente ignorado hasta hace poco, cuando las luchas cívicas lo reflotaron.  A la cadena puede agregarse el desinterés por las ferrovías hasta la segunda mitad del siglo pasado y que ahora, dando la razón a quienes las propusieron, son arterias por las que fluye gran parte del comercio exterior boliviano.

Con esta secuencia se ha forjado una desconfianza histórica entre el oriente y el occidente que no pasa desapercibida y que es difícil superar, salvo entre los sectores mejor educados de ambos hemisferios geográficos nacionales.  En el ramo de flores enviado por el pretendiente pueden aparecer  las legisladoras por Santa Cruz Gabriela Montaño y Betty Tejada,  y  recientes gestos a favor de los clubes favoritos de la región, Oriente Petrolero y Blooming. Ciertamente, habrá más.

Hay muchos que vaticinan que los esfuerzos del presidente Morales y de su partido, ahora y más adelante, no conseguirán seducir al departamento más rico del país. “Puede venir a Santa Cruz cuantas veces quiera,  entrar y recorrer la región. Pero no puede avanzar más allá.  Una cosa es ir a la casa, ser recibido y  hasta tomar un café. Pero no es miembro de la familia.  La familia no lo siente como tal”, me dijo un ex dirigente cívico y activista político connotado. En su visión,  no se trata de una cuestión de hoy sino de  la expresión de diferencias  y rivalidades seculares en muchos otros países y que en Bolivia toma la forma de cambas y collas que el dirigente cree más acentuadas entre los segundos. “Es más difícil que un cruceño entre en el club de La Paz que un paceño en el club 24 de Septiembre”. Su arsenal de ejemplos incluye uno que es difícil no citar: El difunto Max Fernández, “colla” de cepa,  se volvió en Santa Cruz el industrial  más rico de Bolivia y llegó a desfilar en la cruceñísima comparsa carnavalera de Los Tauras,  pero no lo admitieron en las mayores instituciones sociales ni empresariales de La Paz.

El empeño conquistador anunciado por el MAS está atizado por la dote. Con una nueva distribución de escaños legislativos resultante del censo del año pasado, a Santa Cruz le corresponderían por lo menos 29 diputados, cuatro más de los que actualmente tiene y uno más que La Paz.

La magnitud política de esa dote ha sido reconocida estos días. La vicepresidenta del MAS, Concepción Ortiz, fue citada por Erbol diciendo que el flirt con Santa Cruz busca “ampliar la militancia”. Es decir, el MAS se siente en condición secundaria y no debe escatimar esfuerzos en sus escarceos enamoradizos.

Con todo, el sentimiento del MAS hacia Santa Cruz luce a los ojos de muchos cruceños como unilateral.  Que se sepa, Santa Cruz no ha intentado “enamorar” al presidente o a su partido. Lo que lleva a preguntarse otra vez sobre el destino de la picazón del séptimo año.