Día: julio 27, 2013

Caballero de la información

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Oscar Peña Franco fue un caballero en todo sentido, especialmente en el ejercicio abnegado de su profesión de periodista. Las notas periódicas que escribía en medios nacionales fueron una prueba de equilibrio en el mar a menudo agitado de los sucesos políticos nacionales y regionales. En un medio en el que abundan los que se creen profetas y dictaminan que desparrama quien no está con determinado personaje, los mensajes de este periodista empeñado en juntar antes que dispersar fueron apaciguadores. Murió el domingo pasado, 21 de julio, a los 73 años, cuando fueron vanos los esfuerzos para contrarrestar a dolencia hepática que lo venció.
Se destacó en su profesión que lo llevó a ocupar cargos directivos importantes en medios nacionales. Asumió el Ministerio de Información para defender desde las tribunas al gobierno más inerme durante los intentos fallidos para restablecer la democracia entre 1978 y 1980. Sufrió, como muchos de sus colegas, cuando irrumpió la dictadura de García Meza-Arce Gómez, patrocinada por la facción más derechista del ejército argentino. Lo apresaron a empellones en el Palacio de Gobierno y lo pegaron con saña en el Estado Mayor. Salió a Argentina y alli también alcanó posiciones destacadas en los medios que lo contrataron.
Al retornar la democracia a Bolivia, su conducta fue pacificadora. Sus modales de moderación y la prevalencia de sus buenos modales se juntaron para conferirle un perfil diplomático que llevó a su nombramiento como Embajador en la Habana. Volvió a La Paz y al poco tiempo se reinstaló en Santa Cruz. Estuvo varios días en una clínica antes de optar por la decisión, ayudado por sus esposa Roxana Viscarra, de transcurrir los últimos días en su casa. Con él se va una voz crítica y serena del periodismo boliviano.

Defensa del lector

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Desde el primer audio presentado por la senadora por Pando Carmen Eva Gonzáles en contra del ex fiscal del “caso terrorismo”, ha surgido una incógnita que nadie despeja. Se trata de Claudia Arruda, detenida en Palmasola y reiteradamente mencionada como “supuesta tía” de la ex candidata beniana a la gobernación de su departamento, Jessica Jordan. (El primer audio con voz atribuida a fiscal Soza  abrió la serie de suposiciones.) Son casi cinco meses  y creo que ningún medio ha tenido la gentileza de confirmar para su audiencia si la señora Arruda es o no es efectivamente tía (paterna, materna, o en qué grado) de la ex reina de belleza.

A falta de otra referencia, algunos medios que habitualmente leo se han cruzado de brazos y han echado sobre la ex miss la muleta para apoyar la información o acrecentar su relevancia.  La más reciente referencia a ese supuesto parentesco ocurrió cuando la detenida habló ante un fiscal  esta semana que acaba y los medios dieron la información. (La detenida dijo que el ex fiscal Marcelo Soza le había sido presentado en La Paz por un edecán (correcto) del Presidente Morales en la Plaza Murillo (¿?).

Si señalar el parentesco es importante para la noticia, ¿por qué no confirmar la suposición y a partir de ahí ensanchar la información con otros elementos que podrían ser importantes para la audiencia de los medios? Me pregunto si es tan difícil determinar el parentesco en cuestión. Me pregunto también qué pasaría si la señora Arruda (su apellido es indistintamente escrito en plural y en singular y eso tampoco parece preocupar) no es pariente de la señorita Jordan. Habría ocurrido una falta  de la mayor gravedad contra el buen nombre de una persona. Porque al decir que se trata de una “supuesta” pariente, se estaría insinuando algo más que una referencia. Los informativos que he  leído y escuchado no han dicho en qué basan la suposición de parentesco. Explicar esa  suposición es algo que también le deben a la audiencia. ¿Les parece?

Huellas imborrables

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Con su viaje a Brasil, el Papa Francisco ha establecido una comunicación con el continente en un grado hasta ahora jamás alcanzado por ningún líder y ha renovado vigorosamente la fe y la solidaridad con su llamado ante decenas de miles de jóvenes a no ceder ante las injusticias y a vencer el mal haciendo el bien. La visita del jueves a una vivienda humilde en la favela de Varginha, hasta hace poco nido de violencia entre los seiscientos y pico rancheríos de una de las ciudades más bonitas del mundo, subrayó el profundo contenido social y dimensión política de la gira del Pontífice. Sin rótulos que suelen empañar las acciones, mostró el rostro simple de la opción preferencial de la Iglesia Católica por los pobres.
Si la noche anterior había conmovido al mundo al abrazar a un ex drogadicto en un hospital de Rio, el ingreso a la vivienda de María Lucia y la acogida tímida balbuceada por su esposo sorprendido (sólo un “bienvenido a mi casa”), fueron una apoteosis que alcanzó inclusive a quienes vieron por televisión las escenas en la estrecha sala de estar de la familia que lo acogía. Difícil encontrar un mejor ejemplo de humildad con un contenido tan profundo.
El Papa evocaría esos momentos sólo horas después al hablar de la solidaridad ante los jóvenes en la lluviosa playa de Copacabana. “Ustedes siempre se las arreglan para compartir la comida: como dicen, siempre se puede agregar agua al frijol. Y ustedes lo hacen con amor, mostrando que la verdadera riqueza no está en las cosas sino en el corazón”.
El entusiasmo de las multitudes desmintió las expresiones pesimistas escuchadas en Santa Cruz el 13 de marzo de parte de algunos analistas la noche de la elección de Jorge Mario Bergoglio, temerosos de que el Pontífice argentino trajese orientaciones que empañasen a las corrientes que aseguran detentar un monopolio del fervor popular. Los hechos  los han descalificado  y ,que se sepa, no han vuelto a hablar públicamente del tema.
Los mensajes del Pontífice han sido una sorpresa agradable en cada una de estas jornadas que dejan huellas imborrables. “Para que mi fe no sea triste he venido hasta aquí a contagiarme del entusiasmo de ustedes”, les dijo a los jóvenes. “Ustedes…poseen una sensibilidad especial frente a las injusticias, pero muchas veces se desilusionan con las noticias que hablan de corrupción, con personas que en vez de buscar el bien común procuran su propio beneficio. Para ustedes y para todas las personas repito: Nunca se desanimen, no pierdan la confianza no dejen que se apague la esperanza…”
En medio de las bajas temperaturas que se instalaron en todo el sur continental, sus palabras han sido una brisa fresca a lo largo de la semana. Su mensaje de austeridad (se desplazó en un vehículo sencillo, similar al de muchos brasileños de clase media) conmovió inclusive a los que, para evitar estorbos a sus planes, dicen que la actividad de la Iglesia debe confinarse al mundo espiritual. Quienes ahora lo digan, tendrán que confrontar sus expresiones con lo ocurrido estos días entre los jóvenes que están en Brasil para la Jornada Mundial de Juventudes.
Cada discurso y homilías del Pontífice en tierra americana abren espacios amplios para la reflexión y ciertamente habrá más entre el momento de escribir este artículo y su partida de vuelta a Roma.
De momento, la convocatoria de Francisco y el repudio que debe merecer la injusticia de parte de todos los católicos evocan una novela de ficción sobre otro Papa que, rebelde con la violencia, las guerras, la acumulación de riquezas y la injusticia social, toma el rábano por las hojas y decide emprender una gran cruzada contra la pobreza. Quiere empezar por América Latina y Bolivia es uno de los países escogidos por Walter F. Murphy en su novela “El Vicario de Cristo”(The Vicar of Christ, Ballantine Books, 1980). El Papa se llama Francisco. Pero esta es otra historia,