Malabarismos

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La asistencia forzada de uno de los acusados a las sesiones del Juicio del Siglo bajo la amenaza de ser enviado a Palmasola y los dictámenes de las forenses oficiales que hicieron esa presencia imperativa ha mostrado un rostro feo de la justicia boliviana. No porque el acusado Ronald Castedo, el ex presidente de COTAS, no deba estar presente en las audiencias sino por las apariencias de insuficiencia en los dictámenes de forenses del gobierno que determinaron que podía hacerlo.

No parece seria una evaluación cardiológica que no incluya ninguno de los recursos conocidos de la cardiología, como la prueba de esfuerzo (caminar por una estera rodante durante un tiempo determinado, para verificar la fortaleza o las áreas débiles y peligrosas del corazón) o un “holter” (monitoreo del funcionamiento cardíaco durante 24 horas). Tampoco luce suficientemente creíble para la magnitud del caso en curso una evaluación sicológica basada sólo en preguntas. Para conferir credibilidad a esos estudios, los forenses deberían recorrer cuando menos los caminos más conocidos médicamente de una evaluación de ese tipo. Es lo que todo cardiólogo ordena para conocer el estado del paciente.

“Sólo le tomaron el pulso y la presión”, reclamó el abogado José Hoffmann en la sesión del 17 de junio. En palabras de la defensa, la evaluación de la forense Sheila Cádiz Gutiérrez, quien vino desde Sucre para hacer el trabajo, “fue una jugarreta” que en otras geografías sería inaceptable. La defensa presentó un informe paralelo basado en una evaluación realizada durante tres días, pero la acusación lo rechazó con el argumento que la única evaluación válida legalmente para el proceso era la realizada por la doctora oficial. En esos momentos no estaba cerrada la posibilidad de plantear un careo entre la forense de Sucre y el cardiólogo principal de Castedo, Carlos Vaca, de la clínica Foianini, de Santa Cruz. Pero la cuestión que surgió con la salud del ex ejecutivo de COTAS fue opacada por otras ocurrencias del caso, ahora en suspenso por la vacación judicial. (La declaración de Elöd Tóásó fue importante, pero de ella escribiré en otro momento).

Las audiencias deberán reiniciarse el 29 de julio. El informe de la forense fue la base para que el juez Sixto Fernández dictaminase, al reanudarse las sesiones el lunes 17 de junio, que Castedo debía presentarse en la sesión siguiente, el miércoles 19, bajo pena de ser aprehendido y llevado a Palmasola. El veredicto tuvo como disidente a la juez técnica Elena Julia Gemio Limachi. Ese día, la defensa representada por Hoffmann tuvo su mejor tarde.

“Ha sido la mejor exposición de los abogados”, me dijo el defensor de otro de los acusados. Sin embargo resultó insuficiente para conseguir que el jurado dictase una decisión favorable al defendido. Los informes médicos presentados ante el tribunal indican que el corazón del acusado había desmejorado y sólo funcionaba en un 26% de su capacidad (dos puntos porcentuales menos que a principios de año).

La precaria salud de Castedo, llevado a terapia intensiva a principios de junio tras recibir un nuevo “stent” (dispositivo que ayuda a mantener abierto el flujo sanguíneo por una arteria) , había obligado al juez a suspender las audiencias por casi tres semanas. Fue el tema dominante en el proceso durante el mes de junio. El peligro que corría su vida llevó a fines del año pasado a trasladar a Santa Cruz las audiencias que entonces se desarrollaban en Tarija.

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