Día: junio 9, 2013

Ronald Castedo, una vida en riesgo

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Los avatares del Juicio del Siglo que se arrastra desde hace más de cuatro años, en una lentitud con pocos paralelos en la historia del país, han llegado estos días a un punto indeseable en cualquier lugar del mundo. El corazón de uno de los acusados bajo detención domiciliaria trabaja con un quinto de la capacidad normal, corre el riesgo de detenerse y, como último recurso, podría recibir un trasplante.
Ronald Castedo  está hospitalizado bajo terapia intensiva desde hace tres semanas y el médico principal a cargo de su salud asegura que el paciente podría recuperarse sólo si recibe un corazón saludable. No es una perspectiva aceptable para un juicio sobre el que aún pesan dudas que ni el Ministerio Público ni la acusación patrocinada por el gobierno han conseguido disipar. La reputación de la justicia boliviana está en la balanza con una gravedad que algunos no quieren admitir. Sacrificar una vida en una causa dilatada y en muchas facetas todavía oscura no debería ser una posibilidad ni siquiera especulativamente.
Los fiscales que en las audiencias argumentaron que la afección de Castedo, el ex presidente de COTAS, no era resultado del juicio y concluyeron que no debía ser apartado del caso, quizá ya están ante una reconsideración de la noción de que Castedo debe continuar como un sujeto más entre los acusados porque supuestamente estaba doliente cuando comenzó el juicio. El argumento es frágil. Es como si un chofer en camino a Yungas dijera: “Sé que los frenos del ómnibus están dañados, pero ese defecto existía desde antes de que iniciáramos el viaje. Por eso, vamos a continuar”.
El caso está en suspenso otra vez, hasta el 17 de junio. Ahora Castedo será sometido a una nueva evaluación médica, después de haber sido descartada la que había conducido un galeno que fue funcionario del gobierno y que los fiscales consideraron como sin base. El médico había dictaminado que Castedo no está en condiciones de soportar la presión sicológica y física de un juicio en el que está acusado, junto a otras 38 personas, de magnicidio, terrorismo, alzamiento armado y separatismo. “La ley protege la vida, pero los fiscales quieren que mi cliente muera aquí  mismo”, dijo el abogado Herman Fríes.
Me parece –Uds. podrán corregirme- que el sistema penal boliviano no autoriza a interrogar en el instante a los fiscales o a la defensa. Si hubiese sido posible, los abogados del acusado podían haber preguntado inmediatamente a los fiscales sobre sus conocimientos de medicina, y si estaban preparados para emitir un veredicto para argumentar profesionalmente contra el informe que habían recibido.
El andamiaje del caso dependerá del informe sobre la salud mental del paciente, que deberá emitir otro forense. Los días que corren son tensos y determinantes para el juicio.