Paralelos

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A mediados de 1974 en Lima, durante una conferencia de prensa del contralmirante chileno Patricio Carvajal, una periodista venezolana escuchaba atenta las explicaciones sobre la escasez de artículos de primera necesidad entre los factores que habían llevado al golpe brutal del año anterior. El contralmirante citaba al papel higiénico y al jabón entre los productos que habían desaparecido de los almacenes. En la que parecía una pregunta temeraria la periodista le espetó con sarcasmo: “Ahora que las mujeres en Chile ya tienen papel higiénico y jabón, ¿cuándo van a llamar a elecciones?” Visiblemente molesto, el representante chileno respondió que los militares se proponían restablecer la economía antes de planear otros pasos, entre los que llamar a elecciones no figuraba.

He recordado este episodio tras la alarma que cunde con la economía venezolana y sus vicisitudes, curiosamente parecidas a las que precedieron al final del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Déficit fiscal, pérdida de valor de la moneda y disminución de las reservas internacionales eran parte de los ingredientes que exhibían las peripecias en las que se debatía la economía de uno de los pocos países que aún conservaba el sistema democrático que se hundía en gran parte del continente.

Entre 1970 y 1973, el déficit del sector público chileno se quintuplicó al pasar del 6% al 30% del PIB (suma anualizada de todos los ingresos públicos y privados de un país). Como la producción había descendido y había menos ingresos y menos impuestos, el desequilibrio del erario público era cubierto con emisión de moneda. La consecuencia era una inflación desenfrenada. En tres años, las reservas monetarias se habían reducido a un solo mes de importaciones, entre ellas las de algunos alimentos esenciales, y la inflación en las postrimerías del golpe se había vuelto “híper”. Estudios de entonces afirman que su ritmo era 1% al día.

En Venezuela, la inflación anualizada hasta abril llegó muy cerca del 30%, el déficit del sector público alcanzó el 9% y la escasez de dólares ha dado fuerza a un mercado negro en el que el valor de la divisa estadounidense es cinco veces mayor que el de la cotización oficial. ¿Estamos camino a repetir la historia?

El médico venezolano José Rafael Marquina, que se especializó en informar sobre los deterioros de la salud del desaparecido presidente Hugo Chávez, dijo a Tal Cual Digital, de Caracas, a fines del año pasado que éste había cuidado de su salud de la misma manera en que trató la economía del país: improvisadamente. No hay indicaciones que bajo el líder ungido por Chávez, Nicolás Maduro, eso hubiese cambiado. 

Dicho a vuelo de pájaro, en el centro de la cuestión está la capacidad administrativa del Estado. La fallecida Unión Soviética sucumbió en la ineficiencia después de 72 años. Tuvo empleo pleno y estantes vacíos. Pero aún hoy,  un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín (un hito que los regímenes del Socialismo siglo XXI quieren ignorar), las innovaciones rusas conocidas provienen del área militar, la única en la que pudieron competir con el capitalismo.  China se ha convertido en potencia económica tras adoptar un capitalismo de estado conducido con mano de hierro. Y sus saltos económicos habrían sido imposibles sin las enormes inversiones del occidente capitalista. En Venezuela la economía está de rodillas a pesar de  haber recibido más de un billón (doce ceros) de dólares en una docena de años.

La mala gestión es como la gestación: no se la puede ocultar. Uno de sus síntomas inocultables es la hinchazón de la planilla.  Venezuela tenía 1,3 millón de empleados del estado hace diez años. Hoy, el número es el doble. Un trabajo en El Universal decía que la planilla estatal había crecido al ritmo de 310 empleados por día.  Bolivia no está muy atrás. El colega Humberto Vacaflor dice que una de las causas de la quiebra financiera de Huanuni, que antes de su nacionalización lucía como empresa prometedora, es también la  hinchazón de su planta de empleados, que a la sombra estatal creció cinco veces, de unos 800 a más de 4.000 en un sexenio. De otras empresas pocos hablan: YPFB y Entel.  ¿Alguien apostaría que sus panillas no han crecido frondosamente?

Cuando en Chile la escasez se agudizó,  la sintieron también los militares. En Venezuela,  los almacenes militares, antes un emporio de todo y lo mejor, también empiezan a acusar la escasez.  Las versiones no oficiales que llegan de Caracas  dicen que hay inquietud entre los oficiales (nadie estaría tranquilo) a cuyas tropas les tocaría controlar una indeseable situación de caos. Más grave aún: empieza a crecer el número de los que alertan sobre la habilidad del sucesor de Chávez para manejar el barco.

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2 comentarios sobre “Paralelos

    Argelia Ferrer escribió:
    mayo 29, 2013 en 4:50 pm

    Como siempre, Harold, analizas con mucho tino lo que está pasando en Venezuela. Tu conocimiento del país y de su historia, así como el de la historia reciente de América Latina, te permite aportar esas interesantes reflexiones. Ciertamente, para que se nos paren los pelos.

      haroldolmos respondido:
      mayo 29, 2013 en 8:04 pm

      Estoy de acuerdo contigo. En este caso, creo que racionalmente nadie querría que la historia se repita, ni siquiera por aproximación.

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