Día: marzo 19, 2013

¿Todo se derrumbó?

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El Dr. Marcelo Soza, el fiscal más temido de Bolivia, está desaparecido desde el sábado y en la tarde de este martes se supo que ha renunciado irrevocablemente a presidir la acusación del Juicio del Siglo, con  acusaciones de magnicidio, terrorismo, alzamiento armado y separatismo sobre 39 personas.

La noticia causó conmoción entre los involucrados en el proceso y entre quienes, directa o indirectamente, resultaron sospechosos en el caso desencadenado a partir del asalto policial sobre el Hotel Las Américas, de Santa Cruz, el 16 de abril de 2009.

En el episodio murieron acribillados a balazos (la palabra “ejecución” empieza a ser dicha con más frecuencia en medios radiales) el boliviano-croata Eduardo Rózsa Flores, el irlandés Michael Dwyer,  y el húngaro Arpad Magyarosi. Se salvaron el boliviano Mario Tádic y el rumano Elöd Tóásó.

Aunque un fiscal no puede renunciar si el caso que se le ha asignado no ha concluido, el carácter irrevocable de la decisión asumida por Sóza fue de hecho aceptado por el Fiscal General, Ramiro Guerrero, quien subrayó que el investigador del Ministerio Público debe hacer entrega oficial de la función que se le encomendó e informar de la estrategia seguida y por seguir a quienes ocupen la responsabilidad cesante.

La salida de Soza del escenario principal del caso puede representar la remoción de la piedra angular de una pirámide que haría que todas las piezas de la construcción se derrumben. En el caso está involucrada una gran parte de las más altas autoridades del gobierno.

En la más reciente estocada sobre la labor del fiscal, desde hace tres semanas circula profusamente la grabación de conversaciones atribuidas a Soza con distintos interlocutores, a uno de los cuales habría dicho que “se cae el caso terrorismo y cae Evo”. Fue incómoda por demás su presencia alegre y afectuosa en fotografías al lado de los fiscales del gobierno presos ahora presos por sospechas de  involucramiento en casos de extorsión . “Su credibilidad y honorabilidad quedaron en tela de juicio”, dijo el abogado GaryPrado Araúz, que también defiende a su padre, el general Gary Prado Salmón.

En la noche de este martes, se desconocía el paradero del fiscal. “No sé si él renunció o lo renunciaron”, dijo el abogado al hablar en una entrevista con Cadena A. El abogado subrayó que hace una semana, en Caracas, al tomar conocimiento de la cinta con una voz que se atribuye al fiscal renunciante, el presidente Morales había instruido que fuese investigado el nuevo elemento que surgía en la trama. Dijo, sin embargo, que creía que el audio era falso. “Una contradicción”, dijo el abogado. “No se puede investigar algo que de entrada se cree que es falso”.

La salida de Soza aparta del juicio a su protagonista más notorio. Soza fue quien ordenó encarcelamientos, totales y parciales, y allanamientos,  pero no estuvo presente en el hecho mismo que le tocó investigar: la incursión armada al Hotel Las Américas. Sólo ingresó al escenario del acontecimiento horas después, “cuando estaban muertas las evidencias”, dijo el general Prado Salmón al referirse al caso.

El general, quien rindió a Ché Guevara en las selvas del oriente de Bolivia en 1967 y retirado de las armas hace más de 20 años tras culminar su carrera militar, ha sido acusado por el fiscal renunciante de ser el “cerebro” de los planes que atribuyó a Rózsa. Los planes no han sido comprobados y están en debate estos días, cuando se lleva a cabo en Santa Cruz la fase oral del proceso.

La senadora Carmen Eva Gonzáles, quien recibió (anónimamente, sostiene) la cinta con la supuesta voz de Soza, dijo que la renuncia del fiscal equivalía a admitir la validez del audio y a su contenido. Agregó, entrevistada también por el programa informativo de Cadena A, que “el fiscal Soza y el presidente Morales tienen el deber de hacer conocer la verdad a los bolivianos”.

En el audio, la supuesta voz de Soza dice que un funcionario llamado Nolberto Clavijo colocó una pistola sobre la almohada donde había dormido Eduardo Rózsa Flores   y que fue una de las “evidencias”  de que el grupo del boliviano-croata había atacado a la compañía policial determinando que los policías irrumpiesen en el hotel.

Sobre todo el caso pende ahora, con más peso que nunca, un signo gigante de interrogación. Alrededor de ese signo están decenas de pesonas y familias y autoridades del primer círculo del poder en Bolivia. Y la afirmación escuchada en la grabación de que “se cae el caso terrorismo y cae Evo” está a prueba.

Simón Alberto Consalvi

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Fue un gran venezolano. Nació el 7 de julio de 1927 y murió el 11 de marzo pasado, a los 85 años. Pocos tuvieron el tacto y la sensibilidad de este demócrata de pura sangre. Como pocos,  conoció la historia boliviana y no fue escasa su participación en lograr que Bolivia se reencaminara por el sendero de la democracia, sin adjetivos, ni “formal” ni menos “neoliberal”, en octubre de 1982.

Me sentí privilegiado conociéndolo personalmente como periodista y como canciller. Los detalles suelen revelar la fibra de una persona. A fines de 1988, se produjo –decía el gobierno de Jaime Lucinshi, del mismo partido Acción Democrática que Consalvi-  un violento ataque de las guerrillas que operaban sobre la frontera, y la guardia nacional de Venezuela. Habían muerto 14 personas y una atmósfera efervescente se instalaba en Venezuela pues otras informaciones sostenían que la versión que entregaba el gobierno no era correcta. Encontré al entonces canciller Consalvi, en octubre de aquel año, y le pregunté directamente: ¿Es cierto que han muerto 14 guerrilleros en un enfrentamiento con la Guardia Nacional? Estábamos en Centro Andrés Bello, donde Consalvi acababa de dictar una conferencia. Su respuesta, embarazosa para el gobierno pero fiel a lo que habia ocurrido, fue una primicia de gran magnitud en esos momentos: “No eran guerrilleros, eran pescadores que pescaban para hacerse un cocido de pescado a la orilla del rio. Es más. Eran militantes de Acción Democrática.”

Las palabras del sagaz canciller sepultaban la versión de que había sido un ataque de la guerrilla colombiana , apartaban del horizonte un problema fronterizo binacional y dirigían la responsabilidad hacia la propia policía venezolana. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó, 16 años después, que Venezuela pagase $US 700.000 en reparaciones a los sobrevivientes de las víctimas.

Simón Alberto fue un hombre correcto y afable, diplomático las 24 horas del día, y periodista el año entero.

Fue una de las figuras egregias de El Nacional, un formidable medio de expresión venezolano, dirigido por la familia de herederos del escritor Miguel Otero Silva. Su presencia en el periódico fue siempre garantía de equilibrio y veracidad, la misma garantía que confirió a su labor de diplomático. Era Director Asociado del periódico cuando murió.

De la redacción de El Nacional extraigo el siguiente artículo que revela algunas facetas de este venezolano que acaba de partir definitivamente de su país y de los amigos que lo aprecieron y los colegas que de él mucho aprendieron.