Flashes del Palacio de Justicia

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Ignacio Villa Vargas, “El Viejo”, jugaba con las nietas que le jalaban la barba, Juan Carlos Gueder se confundía en abrazos con su esposa Martha Landívar,  a quien no veía hacía casi cuatro un años; dos de sus hijos, todavía niños, estaban con ella. Juan Alberto Kudelka no se desprendía de su esposa Kathy Rabzuk, con quien contrajo nupcias en el panóptico de San Pedro hace poco más de un mes. El general Gary Prado Salmón, asistido por su esposa María del Carmen, y también por su hijo, el abogado Gary Prado Arauz; parecía para muchos un alegre encuentro familiar, no una sala en la que se llevaba a cabo un juicio por terrorismo, magnicidio, alzamiento armado y separatismo. Elod Tóásó, uno de los dos sobrevivientes, esga sólo pero, al parecer, había superado las barreras linguísticas y con medio inglés y medio español conseguía comunicarse con sus interlocuores.

Vinieron del Beni (Mocovi), Cochabamba (El Abra), y La Paz (San Pedro).  El general que rindió a Ernesto “Ché”Guevara emergió del ascensor del Palacio de Justicia 15 minutos antes de fijada la hora de inicio de la audiencia (3:30 de la tarde). En silla de ruedas desde hace muchos años, el general retirado y ex embajador en México e Inglaterra, asistía por primera vez a las audiencias del proceso desde que en abril del año antepasado se inició en Cochabamba. Según la acusación, el general con la cintura y las piernas paralizadas, era un “comandante militar” del alzamiento que se proponía liderar Eduardo Rózsa Flores, y que en su campaña violenta se proponía también acabar con la vida del presidente Morales y de varias otras autoridades, incluso el entonces prefecto cruceño Rubén Costas.

Por su negativa a asistir a las sesiones de Cochabamba y Tarija, los fiscales lo declararon en rebeldía. Y pendía sobre él una orden de detención. Los fiscales del gobierno tuvieron ocasión de ver las precariedades de la salud del héroe de las guerrillas de Ñancahuazú cuando el general del ejército boliviano tuvo que exhibir, contra su voluntad, por qué no puede viajar a la altura  ni a cualquier lugar si no es acompañado de una logística especial: al cabo de una larga espera en la sala antes del inicio de la sesión, tuvo que recibir un tratamiento especial para su condición pues había estado inmóvil por más de tres horas. Su hijo Prado Araúz y la esposa del militar, lo asistieron de inmediato. El abogado Otto Ritter planteó entonces que se suspenda la rebeldía, pues el general ya estaba presente en la audiencia. La acusación no tuvo objeciones y el juez dispuso suspender la rebeldía sobre el general.

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