Cuidado con el Arancel Externo Común

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Un momento. No hay que saltar de alegría al conjuro de la invitación que le han hecho a Bolivia los miembros plenos de Mercosur. Paraguay no está entre quienes nos invitan, pues ha sido marginado y entretanto ha ingresado Venezuela. La miopía causada por el interés meramente político puede hacer que Bolivia se precipite con una decisión que en poco tiempo lamentaría.
¿Saben ustedes cuánto costaría en Brasil cualquiera de los automóviles último modelo que circulan por las avenidas nacionales? Calcule entre un 40% y 100% más y no se equivocará. O ¿cuánto costaría esa pelota de fútbol hecha en la China que desea regalar a su hijo en esta Navidad? ¿O el par de tenis Nike? Con el ingreso boliviano al Mercosur posiblemente le cueste también el doble, o bastante más de lo que pensó que pagaría.
Si piensa comprarse una computadora, una laptop o una tableta electrónica, su valor sería considerablemente mayor. ¿Celulares? Lo mismo.
El Mercosur es el bloque de integración más proteccionista. Ingrese a la página del bloque y busque el capítulo de aranceles. Vea los aranceles para automóviles y partes; verá que el impuesto básico es del 35%. Súmele otros impuestos y el valor del vehículo subirá de manera asombrosa. ¿Por qué cree que por las carreteras argentinas o brasileñas circulan tan pocos vehículos no nacionales (europeos, asiáticos o norteamericanos)? Porque la protección a la industria nacional los vuelve prohibitivos.
Está bien proteger a una industria nacional. Como principio es indiscutible. La empresa nacional ofrece trabajo, genera más empleo, dinamiza la economía. Pero la protección tiene un límite. No se puede castigar indefinidamente al consumidor con la incapacidad de las industrias de entregar manufacturas de calidad competitiva. Saben por qué Fernando Collor de Mello fue hasta su destitución el presidente más resistido de Brasil por los industriales? Le dijo a la industria automovilística que en Brasil de sus plantas salían carretones. Y sin más recortó drásticamente los impuestos de importación. Fue una decisión sin retorno. Desde entonces, los vehículos brasileños empezaron a mejorar, gracias a la competencia. Aún así, gozan de un amplio margen de protección. Al igual que en Argentina, comprar un automóvil ensamblado fuera de las fronteras nacionales (o de Mercosur), es algo para gente de mucho poder adquisitivo.
¿Comprarlos usados, de Japón o Estados Unidos? Ni hablar. Allí no hay “chutos” ni Challapatas. La compra-venta se realiza en el marco normal de vehículos comprados o importados legalmente.
Por supuesto, tampoco hay mercado libre de electrónicos como el del “miamicito” en La Paz o “El Chiriguano” en Santa Cruz. ¿Ropa usada? Peor.
Si se quiere acabar con el contrabando, ingresar al Mercosur representaría una solución… devastadoramente pírrica. Como echar abajo la casa para abrir una ventana.
¿Salir del Mercado Andino para entrar a Mercosur porque el Mercosur negocia en bloque con otros bloques comerciales? Por favor, quisiera ver argumentos serios. Y, también por favor, miren el cuadro que aparece en la edición de hoy de El Deber: Si se quitan las exportaciones de gas, el comercio entre Bolivia y Brasil y Argentina se vuelve abrumadoramente deficitario: casi 1.800 millones de dólares en un año. Eso dice mucho de la estructura del comercio exterior boliviano, en el que dominan el gas (de lejos a la cabeza) y los minerales.

El cuadro podría cambiar, siempre que la producción boliviana de azúcar crezca verticalmente, al  igual que la de soya y quinua, y las confecciones de ropa avancen en escala. Eso luce remoto,en momentos en que la agroindustria boliviana está limitada por decisiones que le impiden crecer.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) cuenta, seguramente, con informaciones de mucho peso como para que las autoridades del gobierno piensen con más serenidad antes de tomar decisiones de las que pronto podrían arrepentirse.

P.S. Un amigo en Asunción me  sugirió leer el editorial de hoy del diario El País, de Montevideo. Tras  leerlo, tuve la sensación de que Bolivia va hacia donde otros ya fueron y están de vuelta. Mercosur atraviesa una crisis existencial. A las periódicas desaveniencias argentino-brasileñas por aranceles,  se suman ahora los elementos políticos que derivaron en el ingreso de Venezuela aprovechando la expulsión paraguaya del grupo,  por razones insuficientemente validadas.

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