Día: octubre 14, 2012

¿Gobierno de Unidad o de Unanimidad Nacional?

Posted on

Milos Alcalay, el autor de esta nota, es un político venezolano destacado. De fuertes convicciones democráticas, era parte de la escuadra diplomática de su país. Rompió con el comandante Chávez a principios de la década pasada, cuando percibía que el gobierno de su país seguía un curso que él consideraba incompatible con sus principios democráticos.
-0-
En nuestro articulo anterior, “El despertar de una nueva Venezuela”, acariciábamos la esperanza que después de las elecciones, ambos candidatos ofreciesen su apoyo para lograr la reconciliación nacional. Ese mismo fue el llamado que hizo la Conferencia Episcopal Venezolana y es el reclamo de los venezolanos ubicados en ambos bloques.

El inicio fue estimulante. El 7 de Octubre al proclamarse los resultados, el Presidente Chávez llamo por teléfono a Henrique Capriles Radonski en un tono de cordialidad que nunca utilizó durante la campaña. También propuso el dialogo y el establecimiento de un Gobierno de Unidad Nacional. Era acaso este el fin de la confrontación primitiva y el deseo de unir a todos los venezolanos marcando las coincidencias de ambos programas? Se iniciaría después de 14 años de enfrentamientos el inicio de un proceso de construcción de confianza y el fin de un país dividido en dos? Ese era el sueño de todos.

En el plano internacional la oferta de un Gobierno de Unidad Nacional significaba que Venezuela retomaría las bases de una Diplomacia de Estado? Se podría lograr a través del “dialogo” el fin del aislamiento del país, de la confrontación con otros Estados, de la ideologización y de la exportación del modelo en el plano internacional? Se lograría la transparencia en los acuerdos internacionales? Se dotaría a la Cancillería, Embajadas y Consulados de diplomáticos profesionales en una plataforma de apoyo a todos los venezolanos? El dialogo propuesto es el único mecanismo para lograr la participación de diferentes instituciones: trabajadores, empresarios, jóvenes, profesionales participando en el diseño de una Diplomacia de Estado constructiva. Ello se debe hacer en base a la Constitución y a los Acuerdos Internacionales especialmente en materia de Derechos Humanos, del fortalecimiento de la Democracia y de la promoción de las Libertades.

Lamentablemente la oferta de dialogo duró poco. En la presentación ante la prensa internacional al día siguiente de su esperanzadora oferta, el Presidente Electo negó el dialogo porque la oposición representaba la posición de “elites corruptas”. Volvió a sus actitudes extremas de apoyo a Bashir Al Assad y a Ahmadinejad. Radicalizo los insultos al Imperio, al Colonialismo. En su nueva presentación, más que “dialogo” repitió el conocido “monologo”. En su alocución, más que “un Gobierno de Unidad Nacional” integrando por todos los sectores del país, expuso un “Gobierno de Unanimidad Nacional”, en la que desde Miraflores ante sus seguidores vuelve a erigirse como el Caudillo presto a desenvainar la “espada de Bolívar por America Latina”.

Ojala el Presidente Reelecto entienda que el dialogo dentro de Venezuela y con las naciones del mundo, redundará en beneficios para el país, mientras que mantener la dialéctica de la confrontación solo acentuará más el aislamiento de Venezuela y causará la perdida de oportunidades para el futuro del país.

Tras la victoria del comandante

Posted on Actualizado enn

Vencer la elección del domingo pasado puede haber sido la parte fácil para este nuevo sexenio del presidente Hugo Chávez. No fue la victoria arrolladora con 10 millones de votos que había buscado (obtuvo ocho millones frente a 6,4 millones de Henrique Capriles), pero a partir de ahora su mayor compromiso será responder a las expectativas de los venezolanos, que quieren convertidos en “vivir bien” los enormes recursos que el país recibe por sus exportaciones petroleras. Para esa tarea ha prometido extender la mano a la oposición de una minoría inmensa que no comparte su visión de gobierno y que resultó ser, pese a considerarla escuálida, casi la mitad del país. Chávez ha procurado exhibir un rostro pacificador pero eso no ha sido suficiente para despejar el temor de que pronto reasuma la actitud belicosa que lo ha caracterizado estos años y persista en su empeño de volver irreversible su forma de gobierno.
Los análisis independientes coinciden en que el comandante deberá desplazarse sobre un camino estrecho, flanqueado por la inflación y la inseguridad ciudadana. Pasados los festejos, el gobierno del comandante estará de nuevo ante realidades que estuvieron sólo disimuladas durante el período electoral. Y ha vuelto una pregunta: ¿Podrá el comandante hacer en seis años lo que no ha logrado en catorce?
Con una tasa de asesinatos de 67 por cada 100.000 habitantes, casi el triple que la de México (24) y cuatro veces la que existía en 1998, informa Time Magazine, la seguridad plantea uno de los mayores desafíos al gobierno. Los esfuerzos contra la criminalidad han sido insuficientes para una violencia que, como en muchas otras partes, decreta un toque de queda en gran parte de las grandes ciudades apenas anochece.
Pese a todos los recursos a su alcance, el gobierno no ha logrado domar la inflación, que ostenta una de las tasas más elevadas del mundo (23,2% para este año). Es el más grave talón de Aquiles de una sociedad con gobiernos tradicionalmente manirrotos. La necesidad de sincerar la economía puede traer una devaluación, perspectiva desagradable para cualquier país, especialmente cuando está acostumbrado a un abultado gasto público, que cobija a 2,4 millones de empleados, proporcionalmente más que Brasil, con una población siete veces mayor. La inflación está aparejada con las deficiencias de un sector público que come recursos pantagruélicamente. PDVSA, la empresa ganapán de Venezuela, dedica gran parte de sus ingresos a una planilla de más de 104.000 personas, el triple de las que tenía antes de la llegada de Chávez al gobierno, a fines del siglo pasado. Su deuda externa es casi cinco veces la de cuando el comandante tomó las riendas nacionales ($7.200 millones vs. $34.500 millones). La tendencia debe continuar ante la necesidad de aumentar la producción como antídoto para crecientes gastos de planilla e inversión. Allí también (como aquí) una caída abrupta de precios del petróleo causaría descalabros. Muy poco de las políticas sociales emprendidas por el gobierno habría sido posible con los precios del petróleo deprimidos, como lo estuvieron en las dos décadas que precedieron su llegada al gobierno.
La extraordinaria máquina oficial pudo más que el entusiasmo que arropó a Henrique Capriles Radonski. El candidato opositor “siguió disciplinadamente una estrategia, pero Chávez sigue contando con los votos de los más pobres, a pesar de un pésimo gobierno”, escribió Fausto Masó, destacado comentarista de El Nacional, de Caracas. La frase contiene volúmenes de verdad que deberán ser estudiadas también en otras latitudes.
Las victorias no son fáciles y administrarlas puede ser más difícil. Vale la pena recordar que a las grandes victorias también pueden suceder grandes derrotas (Paz Estenssoro, 1964; Carlos Andrés Pérez, 1993; Alberto Fujimori, 2000).