Día: octubre 12, 2012

La lengua es el castigo del cuerpo – VI-

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Εs un tema ya trillado, y lo he abordado varias veces. Cada vez que se presenta, trae novedades.  Juzguen ustedes,  lectores. Muchos coincidirán en que esto no es diplomacia, menos aún “diplomacia de los pueblos” sino muestra de un lenguaje cuyo uso corresponde a otros escenarios mejor no describir. Repetidas por los principales canales de TV, las expresiones del Presidente Morales denotan desesperación. Deseo de llamar la atención, diría un sicólogo. La desesperación no es buena consejera. La presentadora de No Mentirás (PAT) vaciló unas fracciones de segundo antes de pronunciarla. Luego la dijo y la reiteró.  Lo propio ocurrió en los demás canales no oficiales (de éstos últimos, ingoro si dieron la información).  Lean la noticia (y si desean podrán escuchar la frase) como la trajo Erbol, el mayor conglomerado radial boliviano.

Gregorio Iriarte

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Gregorio Iriarte no podía morir en otro día. Su vida fue una acción permanente por la defensa de los derechos humanos y de la democracia y se fue para siempre el día en que Bolivia conmemoraba 30 años de retorno a la democracia.

Convencido y practicante de un cristianismo que no daba tregua a la generosidad, sentía a Bolivia como pocos. Era una prueba del valor cristiano de hacer cierto el mensaje evangélico: el que tenga dos camisas, que regale una. Gregorio, como llegué a llamarlo, lo hacía con una sonrisa feliz.

Lo conocí en Siglo Veinte, como reportero de “Presencia”. Debía cubrir incidentes que ocurrían en las minas bajo el gobierno del general René Barrientos. A través de mis conversaciones con este misionero oblato empecé a conocer mejor mi país. Ingresé a los socavones interminables y oscuros, apenas iluminados por las linternas mortecinas de los cascos, y me fue más clara la razón del arrojo con el que los mineros se enfrentaban a los gobiernos (de entonces y de ahora).

Con una expectativa de vida que entonces no llegaba a los 40 años, la existencia en la superficie poco diferente les ofrecía en comparación con la de esas inmensas catacumbas. En ambas la esperanza era un concepto intangible. Con esos obreros de la noche que no conoce luna convivía encarnado Gregorio Iriarte.

La voz de su evangelio llegó rauda a hombres como Federico Escóbar Zapata, Simón Reyes Ribera, Víctor López, Filemón Escóbar, inclusive Juan Lechín Oquendo y muchísimos otros que tuvieron en él una referencia fundamental.

Su voz llegó más sonora cuando asumió la dirección de Radio Pio XII, la emisora que todo corresponsal que quisiese estar bien informado trataba de sintonizar desde La Paz para poder saber lo que sucedía en los socavones.
Tuve el privilegio de recibir muchos de sus artículos que los reproduje en mi blog.
Hay memorables trabajos suyos que se encuentran en este blog buscándolos por el nombre de este sacerdote que acaba de irse para siempre.