Dos Bolivias

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Poco después de la nacionalización de Petrobras en Bolivia, hace seis años, el entonces presidente Luiz Inacio Lula da Silva anunció que el vecino país avanzaría a ritmo acelerado hacia el autoabastecimiento de gas para consumo industrial y doméstico y subrayaba que Brasil no debía depender “del humor de nadie”.
Las autoridades bolivianas no se dieron por enteradas de la dirección del anuncio brasileño ni sopesaron el significado del esfuerzo de Brasil para conseguir autonomía plena en su abastecimiento de energía. Lo que Brasil anunciaba equivalía a decir que pronto estaría en condiciones de neutralizar cualquier amenaza de corte, suspensión o alteración en las entregas de gas natural de Bolivia. Se trataba de suprimir o reducir a niveles tolerables la supuesta ventaja negociadora de Bolivia, que partía de la convicción de que Brasil necesitaría el gas boliviano durante muchos años. Es la ventaja del vendedor que sabe que el amigo lo busca no sólo por amistad sino también por necesidad. Inversiones voluminosas realizadas en los últimos seis años han permitido a Brasil construir y mejorar instalaciones que le permiten recibir gas natural incluso de otros suplidores. La ventaja ya no es la de antes.
Hace pocos días el diario O Globo, de Rio de Janeiro, trajo las palabras de un alto funcionario de Petrobras sobre los saltos de Brasil rumbo a esa meta. No son nuevas que  Bolivia celebraría, pues marcan la declinación drástica de la ventaja que creyó tener sobre su vecino. Decía el titular de la nota del diario carioca O Globo: Casi dos Bolivias de gas en 2016.
La nota anunciaba que hasta 2016 Petrobras tendrá capacidad de producción de 55 millones de metros cúbicos por día de gas natural, casi el doble del de gas importado de Bolivia, de 30 millones de metros cúbicos diarios. La información provenía del director de Gas y energía de Petrobras, Alcides Santoro, al detallar el Plan de Negocios 2012-2016. De un total de 236.500 millones (10 veces el PIB anual boliviano) destinados a inversiones en el quinquenio, 13.500 millones (equivalente a todas las reservas internacionales de divisas de Bolivia) irán a proyectos de gas y energía.
Santoro dijo que el gas boliviano cubre un 30,3% de las necesidades de Brasil, y que ese porcentaje disminuirá. Para 2016, habrá descendido al 21,5% y para 2020 estaría en 17,8%. Santoro subrayó que esa declinación no significará una prescindencia del gas boliviano. “Precisamos y precisaremos del gas boliviano. Bolivia está siempre en nuestros planes”, dijo, citado por O Globo. Objetivamente, la carta maestra boliviana está debilitándose aceleradamente y pronto puede quedar en cero.

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