Mes: julio 2012

Hora de consejos

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Los traspiés que abruman a Bolivia desde dentro y desde fuera vuelven urgente que una voz creíble y experimentada diga al presidente Evo Morales y a sus principales seguidores que estamos mal y que para evitar mayores enredos debe corregir el rumbo. No es bueno para la salud democrática del país que su líder sea cada vez menos creído en escenarios internacionales. En Rio de Janeiro sugirió a los países africanos que nacionalicen todos sus recursos naturales. África es una de las regiones que las empresas transnacionales brasileñas ven con mayor interés y a las que el gobierno brasileño se esfuerza en promover. De cuajar, la idea del presidente Morales tendría entre sus objetivos a Petrobras y Vale do Rio Doce, diamantes de la corona de las empresas públicas de Brasil. Las inversiones brasileñas en Angola, donde la presidente Dilma Rousseff estuvo hace poco, suman 4.000 millones de dólares. Nuestro presidente fue a sugerir a países asistentes a la Reunión Río + 20 que nacionalicen intereses del anfitrión. Creo que ni el comandante Castro, por lo menos el de estos tiempos, habría llegado a tanto.
La presencia del presidente Morales era casi solitaria en los grandes salones donde habló en los últimos meses y la soledad sólo era paliada por “amigos” que no son la mejor compañía: Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela. Ese encogimiento del apoyo que tuvo también se siente en el país. Lo dicen encuestas que, aunque el gobierno las desdeña, muestran un escenario que de sueño colectivo de un futuro promisor se encamina a una pesadilla que nadie en Bolivia puede querer. Ignorar esta realidad sería una locura. Está visto que el Sr. Presidente no escucha el alerta que le llega por las noticias de los medios. No escucha al TIPNIS ni a quienes un tiempo estuvieron de su lado.
Tal vez una manifestación de los que en el futuro pueden ser colegas del actual mandatario –los ex presidentes- podría ayudar y contribuir a que el país encuentre luz al cabo de una prolongada penumbra. Pero no hay indicios de que eso pueda ocurrir. Los ex mandatarios no parecen con ánimo de hacerlo, aunque es razonable creer que observan el mismo panorama que observa gran parte del país.
Si no son los “ex”, ¿quién estaría dispuesto a hacerlo? La Iglesia Católica ha tenido muchos desaires del gobierno y algunos de sus dirigentes no quieren ver a la Iglesia en cuestiones políticas (“ocúpese del mundo espiritual”, le dijo hace poco una autoridad). ¿Quién entonces puede decirle apropiadamente al gobierno y a sus dirigentes: El camino que está siguiendo es inadecuado?
Pocos están en desacuerdo en que el encuentro con el presidente iraní en La Paz ha servido sólo para las relaciones públicas del ayatolá. Si la presidente de Brasil no quiso entusiasmar a los iraníes con un encuentro con su líder en Río, razones habrá tenido. El dirigente iraní no es buen compañero en el camino globalizado, aunque el presidente boliviano lo llame de “hermano” y se jacte de estar a su lado en “la lucha contra el imperialismo”, es decir contra Estados Unidos. Irán tiene a las Naciones Unidas vigilante para que sus planes nucleares no prosperen y la oposición interna no ha disminuido. Sólo que esas noticias no le llegan a su anfitrión andino.
La reunión de Cancún sobre el cambio climático debía haber sido un campanazo. Bolivia quedó solitaria ante 193 países que aprobaron la convención en debate. A esa reunión siguieron dificultades internas como el gasolinazo, marcha del TIPNIS, los zigzagueos del juicio Hotel las Américas, los tropiezos con Chile, el gaffe con Colombia que supuestamente apoyaría a Bolivia en su demanda por acceso soberano al mar, y hace sólo días la cita de Tiquipaya, que ahora parece distante. ¿Cómo hacer entender todo esto a los que deben entender?

Para los que deben saber

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Lo que hubo en Paraguay fue ruptura política, no golpe


Una columnista destacada del diario Folha de S. Paulo –Eliane Cantanhede- trae este domingo una entrevista con un profesor de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Brasilia. Creo que vale la pena que los diplomáticos bolivianos y de otros países involucrados en la cuestión lean los conceptos que vierte el profesor Francisco Doratioto, quien sostiene que Brasil tiene mucho que perder con el aislamiento paraguayo con asuntos como Itaipú y los “brasiguayos”.  Algunos segmentos (la traducción es del blog) de la entrevista (Folha de S. Paulo es uno de los diarios con mayor circulación en Brasil):
De 53 años, autor de uno de los libros más respetados escritos en Brasil sobre Paraguay , “Guerra maldita”, dice que la destitución de Fernando Lugo de la presidencia “fue ruptura política y, definitivamente, no un golpe de Estado”. “Lugo fue electo constitucionalmente. No sólo él. Los diputados y senadores también lo fueron.”
Folha. ¿Fue un golpe?
Francisco Doratioto. Hubo una ruptura política y, definitivamente, no un golpe de Estado. No hubo uso de la violencia, persiste el orden, no hay estado de sitio, la libertad de prensa es la misma de antes – mayor que en muchos países de la región. Los procedimientos siguieron las leyes y la Constitución paraguaya, que prevén el enjuiciamiento por “mal desempeño de funciones” y no hablan de plazos. Podía haber sido en media hora, un mes; quien determina es el Senado, fue un juicio político.
¿Cuál fue la génesis de la ruptura?
Lugo llegó al poder en coalición con el Partido Radical Liberal porque su grupo de izquierda con fuerte vinculación con campesinos sin tierra, no tenía estructura para, solo, asumir la presidencia. Tanto que el vice, Federico Franco, es del Partido Liberal. Solo que Lugo, tras asumir, trató con menosprecio al partido aliado y a su vice. El resultado fue una ruptura con el Partido Liberal y el aislamiento. En la Cámara baja tuvo sólo un voto.
¿Cómo evalúa al gobierno de Lugo?
Tuvo iniciativas muy interesantes. Por ejemplo, en la educción, pero, en general, decepcionó bastante. Su propia figura se desgastó mucho por ser obispo que tuvo hijos y relaciones hasta con menores. La concentración de renta en Paraguay es terrible, y Lugo proponía la reforma agraria pero nunca intentó implementarla en serio, siempre mantuvo una política populista, ambigua en relación al campo y a los movimientos contestatarios. Y el clientelismo y la corrupción, que quedaron fuertemente enraizados en Paraguay desde la dictadura (Alfredo Stroessner), permanecieron.
Las 17 muertes en el campo ¿fueron sólo pretexto para la destitución?
Fue la gota que desbordó el vaso, pero es cierto que el Partido Colorado, que representa a los sectores más conservadores, principalmente latifundistas, siempre quiso sacarlo del poder. Como también es cierto que su ambigüedad, su indecisión, causó una fuerte decepción. Los historiadores que conocen bien el país no preveían su caída, pero sí una fuerte posibilidad de que el Partido Colorado ganase las elecciones (en 2013).
Si Lugo hubiese seguido el ejemplo de Hugo Chávez y mudado la Constitución, las instituciones y los partidos, ¿habría tenido más posibilidades?
En Paraguay las características de la sociedad son totalmente diferentes de las de Venezuela. El Partido Colorado es conservador pero con penetración popular urbana y agraria. Tiene más de un millón de afiliados, amplia mayoría en el congreso e inserción en las fuerzas armadas, que nunca se volverían Fuerzas Armadas Bolivarianas.
¿No acusa a Lugo de ambigüedad e indecisión justo porque no impuso un cambio de las cosas? En este aspecto, ¿Chávez no tiene razón al haber hecho lo que hizo?
Tiene razón quien fortalece las instituciones. Chávez, Evo Morales no son ejemplos de modernidad, de construcción de sociedades avanzadas e inclusivas.
¿Y Lugo?
Al contrario de Venezuela y Bolivia, no hubo cercenamiento de la prensa, persecución a la oposición. El propio Lugo reconoció la destitución, está libre, da entrevistas, va a viajar por el interior. Intentó cambiar su discurso después de ver que Venezuela, Ecuador, Bolivia y principalmente la presidente de Argentina estaban o están agitando la cuestión. Pero él mismo sabe que volvería al poder solo por “un milagro”.