Margarita deshojada en Camiri

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El pozo Sararenda, inaugurado por las autoridades a fines de 2010 en la provincia Cordillera, de Santa Cruz, con una inversión que iba a representar 55 millones de dólares en el primer año de operaciones, no ha tenido los resultados esperados.
Las expectativas de encontrar un reservorio importante de gas natural en el lugar de la perforación eran grandes y los ejecutivos de YPFB llevaron a la inauguración de los trabajos al presidente Evo Morales, quien participó de una celebración prematura. La del presidente, fue una presencia rara en un acto que es rutina en la industria petrolera, que en el mundo registra miles de trabajos diarios de perforación. Los resultados negativos fueron anunciados este martes en notas pequeñas en los medios impresos.  Era como si en una casa los dueños anticipadamente celebrasen la compra de un billete de  lotería.
La inauguración jubilosa de los trabajos venía detrás de anuncios sobre una caída aguda de los volúmenes que se creía que Bolivia tenía disponibles en sus campos de gas natural y que le garantizaban sus programas de exportación y de industrialización interna, inclusive para El Mutún.
Los detalles ofrecidos en la ceremonia de inauguración contrastaron con la parquedad de la noticia que llegó a los lectores de medios este martes. El informe inicial decía que se iba a tratar de un pozo vertical de 4.800 metros de profundidad, en un trabajo similar al que se había desarrollado en San Alberto, Margarita, Sábalo, Itaú, Tacobo y Huacaya, todos nombres mayores en la industria gasífera boliviana.
La escueta noticia de hoy agregaba: ”El gerente general de YPFB Andina, Mario Arenas, dijo que el pozo fue concebido con una expectativa del 32% y un fracaso del 68%.“
En el acto de inauguración de fines de 2010, el presidente de YPFB Carlos Villegas dijo que los trabajos de perforación mostraban que la empresa estatal cumplía sus compromisos con Camiri, que tenía en el pozo que se inauguraba una de las esperanzas más fuertes de recuperar el esplendor que tuvo un día en la industria petrolera boliviana.
Los trabajos debían haber concluido en septiembre pasado, de acuerdo al cronograma original. No son conocidas las razones para la demora de casi un año en la conclusión y el anuncio del fiasco. El alquiler del equipo con el que se trabajó tenía un costo de 17 millones de dólares. Tampoco estaba claro si ese costo estaba en el monto total calculado para los trabajos.

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