Gasolina al fuego

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Es el titular de una nota del diario financiero brasileño Valor al reproducir las declaraciones de la Ministra de Información, Amanda Dávila, quien dijo que “el gobierno boliviano no cederá ante la presión (que atribuye al Embajador de Brasil) que está asumiendo una vocería (¿?) política y no un papel diplomático, como tiene que ser”.
La declaración se descarriló del marco en que un alto funcionario debe mantener al referirse a quien representa a cualquier país. Mucho más si el representante es de un país con el que Bolivia debe mantener la relación más cordial. No solamente por los lazos económicos y la dependencia boliviana de Brasil. Nuestro vecino es también garante de la integridad territorial de Bolivia.
Un amigo en Santa Cruz me dice que la Presidente del Senado Gabriela Montaño fue más audaz. Por Radio Fides exhortó al diplomático brasileño a “no hacer quedar a su embajada como un refugio de delincuentes comunes…nosotros creemos que hay que evaluar la calidad de información que pueda estar brindando el embajador”. (Quizá es el momento para una impresión  extraordinaria del Manual Carreño, de buenos modales, y repartirla masivamente. No sería necesario  actualizarla).
Valor informa que las palabras de la ministra provocaron indignación entre los diplomáticos brasileños y que esta situación amenaza con agriar la relación bilateral, “estremecida desde que Brasil resolvió otorgar asilo político al senador opositor Roger Pinto”. Agrega que diplomáticos brasileños han dicho a Valor que se les ha comunicado que el salvo conducto ha sido negado. El anuncio oficial aún no ha sido hecho, dice.
En contra ruta de las declaraciones de la ministra, el portavoz de Itamaraty, Tovar Nunes, dijo, citado por Valor, que “Brasil no ve razón alguna para interpretar las declaraciones del embajador como presión en ningún nivel”. Al referirse a las declaraciones de la ministra, agregó: “Tenemos una relación directa con el gobierno boliviano, que no se da a través de la prensa. Tomamos nota, como una declaración reproducida por la prensa, no como un pronunciamiento oficial del gobierno boliviano”. La frase de deberá ser examinada con cuidado por las autoridades.

Las relaciones boliviano-brasileñas están en uno de los niveles más bajos de la historia. Al embajador boliviano Jerjes Justiniano, quien debe encargarse de restaurar la relación bilateral y a la vez conseguir una “retractación”de la revista semanal Veja por su reportaje (La república de la cocaína),  le aguarda una tarea de Sansón.

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