Voces de alerta

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Sergio Amaral es uno de los nombres importantes de la diplomacia brasileña. De portavoz del gobierno de Fernando Henrique Cardoso fue enviado a Londres y París como embajador. Sus palabras son ahora atentamente escuchadas en el vecino país, con elque las relaciones bolivianas están en uno de los niveles más bajos de su historia. Miren lo que dice en un artículo publicado hoy en O Estado de S. Paulo:
“En nuestro subcontinente, la voluntad de los menores, curiosamente, parece prevalecer sobre la de los mayores. Un estudiante de intercambio en relaciones internacionales recién llegado de Marte, al leer las noticias sobre la persecución a empresarios brasileños de parte del gobierno boliviano en represalia por la decisión de otorgar asilo a un senador de oposición, podría suponer que Bolivia es el país sudamericano con 8,5 millones de kilómetros cuadrados, una población de 205 millones de habitantes y un PIB de 2,4 billones (doce ceros) de dólares, y Brasil la nación más frágil, con un territorio de 1 millón de km2, 10 millones de habitantes y un PIB de 25.000 millones” (Un centésimo de la cifra anterior).
Tras criticar la posición de Brasil respecto a Paraguay y al ingreso de Venezuela a MERCOSUR, dice: “El episodio reciente en Bolivia es lamentable. Y no es sólo la mezquindad de las amenazas contra productores (NA: que se han quejado del trato que dicen recibir de las autoridades bolivianas desde que Brasil concedió asilo al senador Roger Pinto), que nada tienen que ver con las políticas de su gobierno, sino por cuestionar la legitimidad del asilo diplomático, una de las tradiciones más genuinas de la diplomacia latinoamericana, consagrada en el caso de Haya de la Torre, uno de los próceres ilustres de nuestro continente”.
“Bolivia sólo se siente feliz al practicar actos de verdadera provocación convencida de que, una vez más, contará con la benevolencia de Brasil. Frente a este escenario insólito, sólo nos queda preguntar, repitiendo a Cicerón: ¿Hasta cuando, Morales, abusarás de nuestra paciencia?” (alude a la frase histórica del tribuno romano a Catilina, quien conspiraba para ser reelecto como Cónsul: “Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”
Una tarea más para la agenda abultada que le tocará sobrellevar al nuevo embajador Jerjes Justiniano antes de haber siquiera presentado credenciales en Brasilia.

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