Día: julio 11, 2012

Sobre el juicio a una revista

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Los ministros de Gobierno y de Comunicación han anunciado que se proponen abrir un juicio a la revista Veja, de Brasil. Sin emitir ningún juicio de valor sobre el contenido informativo de la revista que circula esta semana, puedo asegurar que el gobierno deberá disponer cientos de miles de dólares –si no mucho más- sólo para pagar a los abogados en un proceso que llevará varios meses, quizá años.

Y si es que la revista no tiene nuevas versiones en preparación sobre la misma cuestión que inquieta a las autoridades bolivianas.
Veja ganó varios galardones informativos al contribuir a destapar el escándalo de corrupción y negocios sucios que acabó con el gobierno de Fernando Collor. Quien llega a visitar la sede principal de Editora Abril, sobre la Av. Naciones Unidas, de Sao Paulo, puede marearse al tentar ver, desde el suelo raso, la azotea del imponente rascacielos.

No será muy placentero el ambiente en el que estarán los diplomáticos bolivianos. Quizá algunos no lo saben, pero Brasil tiene unas 900 publicaciones (unas 30 veces más de las que hay en Bolivia), muchas de ellas diarios y revistas. Algunas asociadas a redes de TV, entre ellas Rede Globo TV, parte del conglomerado del que es parte también el diario O Globo, de Rio de Janeiro.

Esta noche, en el programa Que no me Pierda, el embajador designado Jerjes Justiniano (confirmó la designación él mismo)  ha dicho que está dispuesto a “sentarle la mano” a la tercera revista de mayor circulación en el mundo, después de las primeras dos de Estados Unidos. Afirmó que “ese agravio a Bolivia no quedará impune” y que tiene autorización presidencial para contratar a un bufete de reconocimiento mundial para el juicio que proyecta iniciar contra Veja. Ha calificado el reportaje de la revista como una  “injuria a toda Bolivia”. “No podemos permitir que se diga que somos un país de pichicateros”.

La revista ha dañado la dignidad de funcionarios bolivianos, afirmó. Subrayó que Veja ya ha tenido demandas ante la justicia de su país y no especificó la forma que adquiriría la demanda indemnizatoria. “El titular nos hace daño al Estado y por ese titular (“A república da cocaina”) tiene que pagar la revista”, dijo.

El diplomático fue locuaz y sobre el legislador pandino Roger Pinto, asilado desde fines de mayo en la Embajada de Brasil en La Paz, afirmó: Bolivia actuará según las leyes nacionales. Espera estudiar el caso del legislador y presentar el caso boliviano de manera que se revierta la decisión brasileña de otorgarle asilo.

Antes de la entrevista al nuevo embajador en TV, la revista había escrito, en su edición digital, que los gobiernos bolivarianos, de los que forma parte el de Bolivia, “no satisfechos con reprimir a la prensa en su propio territorio…comienzan a mostrar sus garras contra la libertad de expresión en países vecinos”.

En una información amplia en su página web la revista sostuvo que la documentación para del reportaje provino de “un político del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de (el presidente Evo Morales).”  “Según (los documentos, Ramón) Quintana, cuando era director de la Agencia para el Desarrollo de las Macro-regiones y Zonas Fronterizas, en 2010 visitó el domicilio en Santa Cruz de un convicto de narcotráfico ahora preso en Brasil. La revista precisa la fecha de esa visita: 18 de octubre, no 18  de noviembre, como aparecía -y esta noche aún permanecía- en la versión impresa que circula desde el viernes y que fue incluida en la información que registraba la página web en la noche. El ministro Quintana y la persona que supuestamente lo acompañó han descalificado la información de la revista subrayando que el día originalmente señalado era la fecha aniversario del Beni y que por lo menos la acompañante, autoridad en ese departamento, participaba de los festejos benianos.

¿Sólo hasta luego?

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Los TIPNIS han empezado esta semana su retorno a los parajes de la selva amazónica de los que partieron el 27 de abril para llegar a La Paz dos meses más tarde. En las dos semanas de permanencia en la capital politica del país, se enfrentaron varias veces con la policía, que los gasificó con eficiencia e impidió que ingresaran a la Plaza Murillo. El gobierno rehusó recibirlos.
En contraste con la firmeza policial de negarles acceso a la principal plaza pública del país, ganaron la simpatía del país. especialmente de la población paceña, que otra vez les brindó solidaridad y les mostró que no están solos en su lucha por la protección del parque que ha marcado los sentimientos de los bolivianos.
El repliegue supone concentrar fuerzas dentro de su hábitat para oponerse y resistir a la consulta que pretende realizar el gobierno para lograr la aprobación a su decisión de partir el TIPNIS en dos con una carretera reclamada principalmente por los cocaleros.
La actitud estoica de los marchistas, que en una “larga marcha” atravesaron más de 600 kilómetros y que de 500 participantes llegaban a 1.500 al entrar a La Paz el 27 de junio, ha sido una epopeya de Bolivia en el Siglo XXI. La resistencia que anuncian se compararía  a un Avatar II, una versión de las películas más taquilleras del mundo.
He escuchado que la lucha de estos hombres de la selva será postulada al Premio Nobel de la Paz. Esa lucha difícilmente podrá ser ignorada por los jurados del Nobel, que tendrán entre los postulantes a una causa universal por la naturaleza conducida con métodos pacíficos. Los marchistas colocaron la otra mejilla cuando la fuerza pública del gobierno los agredió en Chaparina, en septiembre del año pasado, cuyo epílogo fue un acuerdo por cuya vigencia se movilizaron en una nueva marcha este año. O también cuando autoridades y parte de la población de San Ignacio de Mojos alambraron la ciudad para impedirles entrar y reclinar la cabeza para reposar. O cuando la policía volvió a reprimirlos y al gas lacrimógeno agregó gas pimienta (“sólo unos gramos”), dijo el comandante de la policía. Pero también tuvieron momentos en que la solidaridad los arropó y pudieron celebrar, como cuando esta semana Trinidad se detuvo en un homenaje silencioso a los marchistas asediados y reprimidos por la fuerza pública. El solo hecho de ser postulados, convertiría a su morada natural en un patrimonio que atraería a turistas de todo elmundo y que estaría protegido contra el aance, a veces despiadado, de una modernidad mal entendida.
Los TIPNIS están de retorno, pero tengo la sensación de que su partida es sólo un hasta luego.